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Mostrando las entradas de agosto, 2018

Domingo 22, Tiempo Ordinario, ciclo B

La primera lectura para este domingo está tomada del libro del Deuteronomio 4,1-2.6-8. Al final del capítulo anterior, el pueblo de Israel va a cruzar el río Jordán y entrar a los territorios de Canaán.  Dios le reveló a Moisés que no podría pasar con ellos como castigo al pueblo, por haber dudado de Dios en desierto. Moisés se despide del pueblo como un padre que se despide de sus hijos. Ese es el contexto del comienzo del capítulo 4°, que corresponde a la lectura de hoy. Paréntesis Uno puede preguntarse cuál es la lógica de que Moisés sea castigado por pecados que él no cometió. Es que, en la mentalidad de los antiguos, el rey era responsable de los pecados del pueblo, igual que el pueblo también pagaba por los pecados del rey. Está el caso del adulterio del rey David y el asesinato del esposo de su concubina, para después terminar casándose con ella. El pueblo pagó por ese pecado abominable. Sea como fuere, está el hecho de que Moisés murió antes de que el pueblo cruzara el Jordán.
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Domingo 21, Tiempo Ordinario, ciclo B

La primera lectura para este domingo está tomada del Libro de Josué 24,1-2a.15-17.18b. “Si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir,” le dice Josué al pueblo. Y les ofrece otras dos alternativas, la de los dioses cananeos del país en que están, y la de los dioses a los “que sirvieron vuestros antepasados al este del Éufrates”. Pero el pueblo responde unánimemente, “¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros!”.
Y al igual que otras tantas veces se repite una síntesis de la historia de Israel. Dios los rescató de Egipto y los acompañó con grandes prodigios hasta llegar al punto donde estaban. Todos ellos reconocen al Señor y se comprometen a servirle, en una especie de ceremonia de compromisos. Los israelíes vagaron por el desierto por cuarenta años después de su salida de Egipto, al punto que Moisés murió sin pisar la Tierra Prometida. Luego de la muerte de Moisés, Josué asumió el encargo de dirigir al pueblo y él fue quien se puso…

Domingo 20, Tiempo Ordinario, ciclo B

La primera lectura para este domingo está tomada del Libro de los Proverbios 9,1-6. La personificación de la Sabiduría anuncia: construí una casa y he preparado un banquete. La mesa está lista, vengan todos los “simples”, los faltos de juicios, los inexpertos, todos están convidados. Atrás queden “las simplezas”, las necedades, “la inexperiencia”.  Una vez uno come y bebe de la mesa de la Sabiduría, la vida anterior es necedad. De esta manera se anuncia la continuación del tema de los domingos anteriores que volveremos a encontrar en la segunda lectura y en el evangelio de hoy, la exhortación a abandonar las necedades de los paganos y venir al banquete eucarístico.  Igual que en el banquete de la Sabiduría, en que la misma Sabiduría es la comida y bebida, así la predicación de Jesús es comida y bebida.  Pero la predicación de Jesús y él mismo son la misma cosa. Jesús se predica a sí mismo. “Conocerme a mi es conocer al Padre,” le dirá Jesús a Felipe en la Última Cena (Juan 14,9); porque “…