Hoy celebramos el domingo del Buen Pastor. La primera lectura continúa el discurso de Pedro el día de Pentecostés que venimos viendo estos domingos de Pascua, hoy en Hechos 2,14.36-41. Jesús es Señor y Mesías y los oyentes convertidos de corazón preguntan qué deben hacer. «Conviértanse», les dice Pedro y con esto les indica que cambien de estilo de vida; «y bautícense y recibirán el Espíritu Santo». Con el bautismo nuestros pecados son perdonados y recibimos el Espíritu que nos fortalece para poder llevar una vida al estilo cristiano, que es cosa de gente decente. Esto quiere decir no vivir con criterios paganos o con mentalidad de sólo los intereses pragmáticos y materialistas, sino con atención a valores humanos de amor y consideración del prójimo. Con el salmo responsorial recitamos el salmo del Buen Pastor, el salmo 23(22): «El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace recostar». La segunda lectura continúa con la primera carta de san Ped...
En el evangelio de hoy vemos el episodio de los discípulos camino a Emaús. Nos podemos imaginar aquellos dos discípulos. Habían pensado que Jesús era el Enviado, el Ungido de Dios, el Mesías. Habrían sido testigos de los milagros y habrían sentido en su corazón la esperanza de que pronto llegaría la liberación cuando Dios enjugaría toda lágrima, consolaría toda tristeza. Y ahora habían visto el fracaso de la cruz. De eso habrían conversado con Jesús que caminaba con ellos, quien entonces les habló de cómo ya en las Escrituras se proponía que el Mesías debía de padecer. Y luego, al partir del pan, la revelación de que allí con ellos estaba el testimonio efectivo de la salvación: Jesús resucitado. Así debería ser la liturgia, la misa de hoy: un compartir con las Escrituras, un plantear ante los demás y ante Dios las ansias de liberación y consuelo a nuestras miserias y luego el encuentro con Jesús en el partir del pan, junto con toda la comunidad. La primera lectu...