En el evangelio de hoy vemos el episodio de los discípulos camino a Emaús. Nos podemos imaginar aquellos dos discípulos. Habían pensado que Jesús era el Enviado, el Ungido de Dios, el Mesías. Habrían sido testigos de los milagros y habrían sentido en su corazón la esperanza de que pronto llegaría la liberación cuando Dios enjugaría toda lágrima, consolaría toda tristeza. Y ahora habían visto el fracaso de la cruz. De eso habrían conversado con Jesús que caminaba con ellos, quien entonces les habló de cómo ya en las Escrituras se proponía que el Mesías debía de padecer. Y luego, al partir del pan, la revelación de que allí con ellos estaba el testimonio efectivo de la salvación: Jesús resucitado. Así debería ser la liturgia, la misa de hoy: un compartir con las Escrituras, un plantear ante los demás y ante Dios las ansias de liberación y consuelo a nuestras miserias y luego el encuentro con Jesús en el partir del pan, junto con toda la comunidad. La primera lectu...
Duccio Las semanas del tiempo pascual son equivalentes a la época de cuaresma, ahora en sentido positivo, en sentido festivo. En la cuaresma vivimos el misterio del llamado de Dios en la persona de Jesús que nos lleva a la conversión de vida y ahora en Pascua vivimos la alegría del misterio de nuestra vida en Cristo, ya redimidos por su gracia. No es tiempo de ascetismo, ni de rezar de rodillas, sino tiempo de celebrar nuestra liberación. (San Eusebio de Cesarea, Del Tratado sobre la solemnidad de la Pascua .) De igual manera que en la cuaresma practicamos unas devociones como el viacrucis ahora es tiempo de celebrar el camino pascual con unas estaciones que recuerden los encuentros con el Cristo resucitado. Un caso de una estación pascual lo vemos en el evangelio de hoy, en la narración de la incredulidad del apóstol Tomás. La primera lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2,42-47. Describe la primera comunidad de Jerusalén. Todos compartían sus bienes en c...