En los tres ciclos de lecturas anuales el segundo domingo de cuaresma está dedicado al episodio de la transfiguración de Jesús sobre un monte (algo que evoca el Sinaí, monte de la Alianza de Moisés). Jesús se transfiguró ante los tres discípulos escogidos que son Pedro, Santiago y Juan. El domingo pasado vimos a Jesús en su aspecto humano, frente a las tentaciones. Ahora lo vemos en su aspecto divino, el que vive ahora mismo, el Resucitado, el que nos muestra el camino al Padre y nuestra condición futura. En él vemos la Nueva Alianza ofrecida por Dios, ya no solamente al pueblo de Israel, sino a todos nosotros, a toda la humanidad. Igual, vemos la imagen de nuestra condición futura que ya se da en la transformación de nuestra vida, en la conversión de vida que cultivamos en las semanas de la cuaresma camino a la resurrección pascual. La primera lectura es del Génesis 12,1-4 y nos presenta el llamado de Dios a Abrahán, a que salga de su tierra y se encamine a la tierra prome...
La cuaresma es tiempo de oración, ayuno, limosna, conversión de vida. No es que uno sólo reza en cuaresma; ciertamente oramos todo el año, lo mismo que continuamente practicamos la limosna y la conversión de vida. Esto es algo así como el aseo, que continuamente lo hacemos. Es como limpiar la casa, que hay momentos del año en que lo hacemos de manera más completa. En tiempos medievales la cuaresma adquirió un carácter penitencial, de acusar a los pecadores y traerlos a pedir perdón a Dios. Sigue siendo así, pero en nuestros días es preferible recordar lo que dijo Jesús, que no vino a condenar ni acusar, sino a invitar a la conversión (Juan 3,17). El ayuno y las prácticas penitenciales no tienen sentido si no se dan en el contexto de la conversión. Y en estos últimos años (con papa Francisco) la conversión significa traducir la fe a las actividades en que los feligreses salen al encuentro de los marginados, de manera que la iglesia no es el círculo de los santos, sino...