Tradicionalmente celebramos la cuaresma como un tiempo de preparación para la celebración de la Pascua de Resurrección. Es un tiempo de revisión de vida, de conversión y de penitencia y arrepentimiento por nuestros pecados. Dura seis semanas. Pero se supone que no incluye los domingos, porque los domingos son siempre día de la Resurrección, la pequeña pascua semanal. Así, restamos 6 domingos y por eso le añadimos seis días a la cuaresma y de ahí que la comencemos un miércoles como hoy. La fe no se vive en el vacío, en un espacio abstracto. Se vive en la actividad de la vida diaria y en particular, junto a otros hermanos en la fe, en el grupo de la comunidad cristiana. La comunidad cristiana es el signo y realización —el sacramento— de nuestra fe y de nuestra salvación. De ahí la importancia de la parroquia y de las actividades en la parroquia. Las actividades de la parroquia van dirigidas a concretizar la fe de los cristianos. La eucaristía es la expresión más concreta de es...
En el evangelio de hoy Jesús confirma que no ha venido a abolir la Ley, sino que vino a aclarar la manera de cumplir la Ley. Jesús no vino a juzgar, ni a condenar. Vino a enseñarnos el camino a la vida eterna. Recordemos lo que también sabemos por otros lugares de los evangelios: la ley se resume en el amor al prójimo, ese es el sentido y el meollo de la Ley. Esa es la expresión de nuestra relación con Dios, Supremo Bien. La primera lectura es de Sirac (Eclesiástico) 15,16-21. Con ella se afirma la libertad que todos tenemos para hacer el bien: «Si quieres, guardarás los mandamientos,» dice. Más adelante termina, «A nadie [Dios] obligó a ser impío». Está de nuestra parte reconocer la sabiduría de los mandamientos, la sabiduría de la Ley. Está de nuestra parte reconocer el valor de amar al prójimo, de reconocer la dignidad del otro, de ser una persona decente, respetuosa de los demás y de lo que es justo. Sin eso de presupuesto —ser persona decente, reconocedora del valor de la Ley...