Unos años atrás la fiesta del Corpus Christi se celebraba el jueves después del domingo de la Santísima Trinidad, igual que la Ascensión, que se celebraba el jueves antes del domingo 6° de Pascua. Reconociendo que en nuestro tiempo la mayor parte de la gente trabaja en días de semana, por eso se trasladaron ambas fiestas a los domingos siguientes. La celebración del Corpus Christi es de factura reciente. Una fuente apunta a la monja agustina Juliana de Mont-Cornillon como la persona que la promovió, en el siglo 13. Ella murió en 1258. Luego santo Tomás de Aquino compuso la celebración alrededor de 1265 por encargo del papa. Unas décadas más tarde el papa Urbano IV la extendió a toda la Iglesia, en 1331. Si decimos que es de factura reciente, es en el sentido de que antes del milenio (anterior a los primeros mil años de cristianismo) no aparece la tradición de adorar el pan eucarístico. En el primer milenio se observaba lo que Jesús dijo, «Yo soy el pan vivo, bajado del cielo...
Hoy las lecturas nos pueden llevar a echar una mirada de conjunto a la historia de la salvación. En la primera lectura vemos la revelación de Dios a Moisés sobre el monte Sinaí y el evangelio nos recuerda el gran amor de Dios para con el mundo y para con nosotros, al punto de enviarnos a su hijo hecho humano para enseñarnos el camino al Padre. Hoy podemos considerar a Dios y su relación con nosotros. En la primera lectura (Éxodo 34, 4b-6.8-9) Moisés sube al Sinaí una segunda vez, luego de haber tirado contra el piso y haber roto las tablas de la Ley por la indignación al ver que el pueblo estaba idolatrando un becerro de oro. Ahora vuelve a subir y lleva consigo otras tablas para que Dios escriba sobre ellas y de primera intención se postra ante él pidiendo perdón por el pueblo. Dios desciende, se manifiesta, se hace presente como una nube densa sobre el monte. Le declara que es compasivo y misericordioso, rico en clemencia y lealtad. Posiblemente sigue el patrón del diá...