Recientemente (12 de diciembre de 2008) el Vaticano produjo una instrucción sobre la bioética. Entre los temas que tocó el documento fue el de la fertilización in Vitro, que, de hecho, ya es una técnica rutinaria y dominada por los médicos y científicos. Curiosamente, una pareja de buenos católicos han revelado que ya han adoptado tres niños mediante la adopción de embriones descartados por el proceso de la fertilización in Vitro. Desde que comenzó esta técnica (antes hablaban de los bebés de probeta y creo que es lo mismo; por cierto, el primer bebé de probeta ya debe tener más de cuarenta años) la objeción del Vaticano giró alrededor del hecho que el proceso implica la creación de un número de embriones (=seres humanos) y que al final sólo uno se logra implantar y los demás se descartan como si fueran cáscaras de zanahorias que hay que echar al zafacón. Pero ahora resulta que los que se dedican a la producción de embriones in Vitro por su propia cuenta y sin que al Vaticano se le ocu...
Carlos Ramos Mattei