En el evangelio de hoy Jesús aclara que su Reino no es de este mundo y esto confunde a Pedro. La primera lectura es del profeta Jeremías 20,7-9. A Jeremías le tocó anunciar las calamidades que vendrían con el triunfo de los babilonios, la destrucción del templo y el Cautiverio al que serían llevados los judíos. Lo hizo en el momento en que los judíos se veían amenazados pero todavía no se había dado la catástrofe. Los líderes del pueblo esperaban poder evitarla y las profecías de Jeremías desmoralizaban al pueblo, de manera que el profeta era un problema político. De ahí que lo arrestaron, le dieron una paliza y lo metieron en un calabozo. La lectura de hoy corresponde a ese momento en que Jeremías se siente agobiado, porque ha respondido al llamado de Yahvé de anunciar la desgracia como castigo a las infidelidades del pueblo. Así protesta ante Dios por tener que cumplir ese papel tan ingrato en aquella historia. «Me sedujiste, Señor y me dejé seducir…he sido el hazmerreír…la pal...
Carlos Ramos Mattei