

Es para recordar todos los niños víctimas del maltrato en la familia, sea por unas madres víctimas de la droga o de su propia irresponsabilidad, sea por unos padres alcohólicos, machistas.
Es para recordar los niños víctimas del abuso sexual a manos de los pederastas y de los pedófilos.
Es para recordar los que son víctimas del hambre y la falta de medicinas por culpa de la codicia de los que ostentan el poder, aun en sus propios países, en sus propios gobiernos y o sus propios militares.
Es para recordar que los cristianos también podemos ser martirizados sin darnos cuenta que nos están martirizando. Pero que lo importante es que conservemos la sencillez de una fe como los niños, confiando plenamente en nuestro Padre celestial que sabe por qué pasan las cosas y que nos conduce hacia el Reino prometido.
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