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Domingo 7 del Tiempo Ordinario, Ciclo C

 

 

En el evangelio de hoy vemos el tema del amor al prójimo

En la primera lectura David, proscrito y perseguido por el rey Saúl, tiene la oportunidad de matar al rey. Pero no lo hace, demostrando que no se dejaba arrastrar por el rencor, el resentimiento o el odio ante la injusticia que sufría.

En la segunda lectura san Pablo nos recuerda que las pasiones son cosa del hombre viejo, el carnal, y que al haber renacido en el Espíritu debemos vivir según criterios espirituales.  

En el evangelio Jesús habla de lo que es vivir según las bienaventuranzas que él predicó el domingo pasado. «Yo les digo a ustedes que me escuchan: amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, oren por los que los calumnian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, no le impidas que tome también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Traten a los demás como querrían ustedes que ellos les traten.»

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El tema del amor al prójimo ya estuvo presente entre los cristianos desde la predicación del Bautista. Lo vimos en los evangelios de los domingos anteriores, alusivos al bautismo de Juan, como en la siguiente cita. 

«La gente le preguntaba [a Juan Bautista]: "Pues ¿qué debemos hacer?" Y él les respondía: "El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer, que haga lo mismo." Vinieron también publicanos [recaudadores de impuestos, lacayos del Imperio] a bautizarse, y le dijeron: "Maestro, ¿qué debemos hacer?" Él les dijo: "No exijan más de lo que les está fijado." Preguntáronle también unos soldados [agentes de los Grandes Intereses]: "Y nosotros ¿qué debemos hacer?" Él les dijo: "No extorsionen a nadie, no hagan denuncias falsas, y confórmense con su sueldo."(Lucas 3,10-14)

Podemos visualizar que ya desde entonces no es fácil hacer lo que decía el Bautista, como tampoco es tan fácil lo que propone Jesús en el evangelio de hoy, de mostrarle la otra mejilla al que nos abofetea. 

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Aun en el mismo entorno de los obispos y dirigentes de la Iglesia los criterios de decisión pueden ser más humanos que cristianos. Hasta nuestros días más de un cristiano vive una dicotomía entre su vida de fe reservada para los domingos y la cotidianidad del resto de la semana. No se ve una relación entre el culto del domingo y la vida diaria durante el resto de la semana. Dios no entra en las ecuaciones de las actividades de la banca y el comercio, por ejemplo. Cuando alguien siente una inquietud por esto, ello se interpreta en términos del ideal teocrático de un estado confesional como el de los talibanes en el Medio Oriente. No se toma en el sentido de unos cristianos que aspiran vivir su vida según los valores del amor a Dios y al prójimo sin pretender imponerse a los demás y sin pretender que el gobierno pase por alto los derechos humanos a favor de imponer unos criterios que no todos comparten. 

En Estados Unidos se dio el caso insólito de un sacerdote antisemita que se hizo famoso gracias a su programa radial que se transmitía de costa a costa en la década de 1930. Obsesionado con atacar la modernidad, se dedicó a atacar a los masones y a los judíos,  haciéndose eco de la ideología fascista de los nazis y de los integristas españoles por aquel entonces. Es el mismo error de los tradicionalistas católicos y evangélicos extremistas de nuestros días.

Los cristianos han de solidarizarse con los pobres, pero no a costa de endosar ciegamente unos prejuicios no cristianos. Esto es algo así como la ceguera de algunos izquierdistas que se cortan la lengua antes de hablar bien de Estados Unidos. No captan lo que es el verdadero sentido de la realidad, qué no se diga del amor al prójimo.

Es en este contexto que se plantean estas reflexiones. En nuestro tiempo estamos llamados, pienso, y luego del Concilio Vaticano II, a plantearnos un cristianismo al modo de la vida diaria y al modo de las pequeñas comunidades de fe, como las de las primeras comunidades de los primeros cien años después de Cristo.

Invito a ver mis apuntes del año 2022 (oprimir).


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