El día primero del año nuevo continuamos nuestra contemplación del misterio de la Navidad, de Dios hecho humano para compartir con nosotros y permitir que nosotros pudiésemos recibir el Espíritu de Dios compartiendo con él la divinidad. Al meditar a Jesús como Dios con nosotros también fijamos la atención en María su madre, junto a luteranos y musulmanes. Ellos también la reconocen como figura central en este escenario de la llegada de Jesús, el que inaugura los tiempos de la cercanía entre Dios y nosotros. La primera lectura está tomada del libro de Números 6,22-27. Es una fórmula de bendición, para bendecir e invocar el favor divino sobre los hijos de Israel, e igual, sobre nosotros, sobre todas las personas. Con el salmo responsorial (salmo 66) invocamos la bendición de Dios sobre nosotros mismos: «Que Dios tenga piedad y nos bendiga,» cantamos. Con la segunda lectura de la epístola a los Gálatas 4,4-7 evocamos la razón de ser de nuestra contemplación navideñ...
Carlos Ramos Mattei