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Fiesta de la Sagrada Familia

 


En el domingo durante la octava de Navidad se celebra esta fiesta que es otra manera de prolongar nuestra contemplación del misterio de la encarnación, de Jesús, Dios entre nosotros. Tradicionalmente esto lleva a hablar y reflexionar sobre la familia cristiana como institución social.

La primera lectura está tomada de Sirac (Eclesiástico) 3,2-6.12-14. «El Señor honra más al padre que a los hijos y afirma el derecho de la madre sobre ellos». Subrayar esto es un síntoma de que los conflictos entre padres e hijos es tan viejo como la misma humanidad, y aquí el sabio Sirac necesita volver a afirmar que los hijos deben respetar y honrar a sus padres. «…la compasión hacia el padre no será olvidada y te servirá para reparar tus pecados,» concluye la lectura de hoy.

Respondemos a la primera lectura con versos del salmo 127. «Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos,» cantamos. El que teme al Señor es el que procura vivir de manera decente y honesta y el Señor lo premiará con una familia feliz junto a su mujer y a sus hijos. Dios bendice a los rectos de corazón.

La segunda lectura está tomada de la epístola de san Pablo, Colosenses 3,12-21. Pablo exhorta a tener una actitud de bondad y de mansedumbre para sobrellevarnos unos a los otros con paciencia, perdonándonos por nuestras faltas, practicando el amor que es el vínculo de la unidad. Tanto en Sirac como en Pablo vemos el concepto tradicional del matrimonio, de la mujer sumisa a su marido y los hijos sometidos a ambos. Cuando esto se practica con humildad y mansedumbre se da la familia ideal, el ideal de la familia cristiana fundamentada en el amor de Dios. 

La tercera lectura está tomada del evangelio de Mateo 2,13-15.19-23. Narra el episodio de la huída a Egipto, enmarcado en el anuncio de la salvación a los pueblos no judíos con la adoración de los Magos. Una vez que los Magos se retiran el ángel del Señor se le aparece a José en sueños y le indica que debe escapar de la ira de Herodes que mandará a matar a todos los bebés para evitar que uno de ellos, el futuro rey de los judíos, lo destronara. Esta narración coincide con la fiesta de los Santos Inocentes, que este año coincide con este domingo 28 de diciembre. 


Propongo tres reflexiones para este domingo, a continuación.

1- El ideal del matrimonio. El lector puede investigar por su cuenta sobre la historia de la institución del matrimonio, investigación que en nuestros días resulta más fácil que en otros tiempos, con los recursos de la Internet. 

En el siglo 19 apareció un ideal romántico del matrimonio asociado a los poetas y novelistas de finales del siglo 18, ideal que perduró hasta el siglo 20. Pero antes de eso el matrimonio tuvo otras formas y variantes en las diversas sociedades y culturas. Entre los mismos hebreos se practicó el matrimonio polígamo como entre los patriarcas, de un hombre con un harén de mujeres. El matrimonio romántico de papá, mamá y los nenes es uno de creación reciente. 

En términos cristianos y bíblicos lo que importa es el amor y el respeto mutuo entre las personas a la manera con que Dios mismo nos ama y nos respeta y nos considera. No importa el esquema del matrimonio según la circunstancia social e histórica (la sociedad, la etnia, el momento histórico) lo importante es el amor y la consideración entre las partes, los padres y los hijos. 

En nuestros días también se propone el matrimonio entre parejas del mismo sexo. Propongo que aplican las mismas reglas que al matrimonio entre parejas de sexos diferentes (hombre-mujer) en el sentido del amor, el respeto, el compromiso de apoyo muto en las buenas y las malas. 

En el catolicismo tradicional se propuso que el fin del matrimonio es la procreación de los hijos de acuerdo a la ley natural. Con el ideal romántico de los últimos trescientos años se propuso una idea de la finalidad del matrimonio como expresión de amor mutuo, donde los hijos serían una consecuencia y no causa del compromiso conyugal. De esa manera la relación entre ambos padres y sus hijos se definiría en términos de ese ideal romántico de una comunidad basada en el amor mutuo entre todos los componentes del núcleo familiar. Pero aun en la tradición reciente se dieron matrimonios sin hijos. En ese esquema romántico los hijos podían estar presentes, pero no necesariamente.  

Uno puede preguntarse cómo puede ser inmoral el propósito de contraer matrimonio entre parejas del mismo sexo, aparte de la prohibición bíblica del homosexualismo. Lo que realmente es inmoral es la promiscuidad o la práctica sexual indiscriminada que busca satisfacer sólo los apetitos animales, algo así como la gula sexual. Una cosa es la satisfacción de las necesidades biológicas y otra la satisfacción de las necesidades propiamente humanas. El matrimonio pertenece al ámbito de las necesidades humanas, de las necesidades de afecto y apoyo y unión entre las personas en que cada uno valida la autoestima del otro. Al verlo de este modo uno puede pensar que la prohibición bíblica refiere al sexo irresponsable de animales, mientras que se puede ver el valor humano del compromiso matrimonial que buscan todas las parejas que desean casarse. 

A lo anterior podemos añadir que para el cristiano no tiene sentido el trato de las personas como si fueran animales, mucho menos entre esposos e hijos. Ni el esposo tiene derecho de tratar a la esposa como una esclava o como un animal que hay que someter con violencia, ni la mujer tiene derecho a tratar el esposo como alguien que hay que manipular y manejar al propio antojo. Lo mismo podemos decir de las relaciones entre padres e hijos en que los hijos no han de tratarse como perros o mascotas a las que hay que adiestrar a correazos.  

2- La necesidad de emigrar. Vemos que hay razones legítimas para viajar y moverse de un sitio a otro. Las fronteras políticas las ponemos los humanos y no hay derecho a prohibir el paso a nombre de unas imaginaciones humanas de fronteras políticas. De nuevo, el lector puede buscar información sobre esto. 

La Virgen y san José y el Niño tuvieron que escapar de políticos ciegos como Herodes, incapaces de apreciar la dignidad humana. Como Herodes todavía hoy día están los que no ven otra cosas que sus propios intereses y no tienen escrúpulos en perseguir con violencia a los que ven como enemigos de sus propósitos, sean realmente amenaza o no. Los santos inocentes, los bebés que Herodes mandó a matar por miedo a perder su riqueza y su poder, son representativos de todas esas víctimas que todavía hoy día sucumben a manos de los que van cegados por sus miedos y sus razonamientos políticos.

3- Los santos inocentes. So pretexto del tema de la matanza de los inocentes, algunos cristianos ultra derechistas (no solamente católicos) aprovechan un día como hoy para subrayar el martirio de los bebés que mueren a causa del aborto. Pero los bebés que Herodes mandó a matar murieron por causa de Cristo y asociados a Jesús, mientras que los bebés que mueren víctimas del aborto no son mártires. 

Pero aparte de lo anterior lo que es deplorable es la pasión malsana de imponer  la verdad. Están más interesados en ejercer poder sobre los demás, que en salvar almas para el cielo. Jesús, la Verdad en persona, no se presentó de manera impositiva y al modo ciego de la obediencia ciega a la ley. Al contrario, eso fue lo que él denunció, la actitud farisaica de imponer la ley a la ciega.

Ciertamente el aborto puede ser un asesinato, pero hay que ver en qué escenario se define ese aborto que a su vez pueda ser un asesinato. No todos los abortos son iguales, de la misma manera que no todas las mentiras son iguales, ni todos los homicidios son iguales. Desafortunadamente hay cristianos (católicos y evangélicos) que traicionan el evangelio, el mensaje de Jesús, al tomarlo al modo de los fariseos. 

Recuerdo al lector que presento estos pensamientos a modo de reflexiones y no como verdades acabadas. Son puntos de arranque, no de llegada. 

Invito a ver mis apuntes para este domingo, del año 2019 (oprimir). 


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