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El ayuno cuaresmal, Parte 2



Uno se dice, "Otra vez lo mismo de todos los años".  Pero es que hay que estar en alerta continua, porque fácilmente nos descuidamos y terminamos como unos burgueses despreocupados o peor aún, fanáticos de un tipo de catolicismo que no es cristiano. Por eso una vez al año tenemos que volver sobre lo fundamental en nuestra fe.

Pero lo fundamental en la fe puede que no sea lo que muchos piensan.

Antes los monjes llevaban una vida austera y se les veía como practicando el verdadero cristianismo, que los laicos por su debilidad no podían practicar. Por eso en Cuaresma los laicos también intentaban vivir como los monjes, porque se suponía que eso fuese el modo correcto de ser cristiano. 

Pero luego nos hemos dado cuenta de que eso no es así. Nos dimos cuenta de que no hay católicos/cristianos de primera clase y otros de segunda clase. Eso se entendía en tiempos de las aristocracias y las monarquías. En estos tiempos democráticos vemos que más importante que ser monje es ser buen cristiano. Y que ser un buen cristiano no es asunto de una vestimenta y una regla para la vida apartada del "mundo" y unos ayunos y unos cilicios y unos azotes en la madrugada, etc. Tampoco es volverse un infante y depender por completo de un superior, como sucede a menudo en diversas cofradías y asociaciones y órdenes.

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Hay quien se lamenta porque "las cosas ya no son como antes" en la Iglesia. Antes en Cuaresma uno se la pasaba con el ayuno y la abstinencia y llegaba famélico al Viernes Santo y por fin tenía la alegría de poder comer normalmente luego del Domingo de Pascua. Habrá quien diga que "Cuaresma y Semana Santa sin pescado no es lo mismo".

"Antes sí que era Cuaresma," dirán. 


Es una mentalidad que se encontrará a menudo entre los menos dotados de cultura, sean pobres o ricos, de los que no leen (sobre todo hoy día con la TV y los jueguitos por teléfono móvil) ni prestaron mucha atención allá en el Colegio. 


Recuerdo una ocasión en que me invitaron a dar una charla sobre la Biblia en una parroquia y comencé con la intención de hablar sobre la predicación original de los apóstoles y les pedí que abrieran sus Biblias en Hechos de los apóstoles. Entonces los vi buscando en las páginas del lado izquierdo de sus biblias, algo indicativo de que en su vida habían tenido una Biblia en sus manos.


A menudo coincide que ese tipo de persona es el que más defiende la mentalidad del canal EWTN de Estados Unidos que vemos por Cable TV, que se distingue por su amor a los rituales y prácticas e ideas "de antes". 


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El problema con la visión "de antes" es que se presta para un cristianismo o un catolicismo falso, ya que el verdadero cristianismo/catolicismo no radica en las cosas externas. La fijación en las cosas externas era típico de los fariseos de la época de Jesús. "La letra mata, el espíritu da vida," dirá luego San Pablo.


¿No tiene más sentido socorrer a los pobres y a los necesitados, que dejar de comer carne o dejar de ingerir calorías durante el día? 


Claro, uno puede ayunar para poder ahorrar para tener más dinero que repartir. Eso sí tiene sentido.

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No sólo hay que ayunar de los alimentos, uno puede ayunar de otras cosas, como por ejemplo:

- Ayunar del tiempo libre para dedicar más tiempo al trabajo con los pobres y la comunidad.

- Ayunar del tiempo libre para dedicar más tiempo a la oración.

- Ayunar de nuestros sentimientos de náusea ante la manera de ser de otra persona, para ser amable con ella. 

-  Y otras cosas parecidas.

En ese contexto ayunar podría ser más que difícil. Al punto que nos puede resultar imposible lograr lo que nos proponemos.


En ese momento es que nos damos cuenta que dependemos de Jesús, de Dios, para tener la fuerza suficiente para lo que nos proponemos. También: estar abierto a la posibilidad de que Dios quiere algo que no hemos pensado, o que nos va a dirigir por otro camino. Eso se llama humildad.

Por el contrario, lograr los objetivos del ayuno y la penitencia puede ser algo maldito, en la medida con que podemos llegar a pensar que eso fue resultado de nuestra fuerza de voluntad y de nuestro esfuerzo. Eso lleva al orgullo y terminamos como el fariseo aquél que contrastaba con el funcionario corrupto que se reconocía débil y arrepentido.

El funcionario corrupto fue alguien que no pudo ser "bueno" porque entró en un juego que tiene otras reglas. Así se vio metido en lo que no hubiera querido. Un predicador tradicional lo hubiera regañado y lo hubiera llevado a la desesperación. Tras pecar, se hubiera sentido abrumado por su culpabilidad. 

Pero no fue así. El funcionario corrupto descubrió que Dios tiene misericordia, que perdona, si encuentra un corazón dispuesto. Que recibe a los que se acercan con fe y que no exigen porque ellos son tan cumplidores y tan prosélitos frente a los otros pecadores.

El ayuno nos puede acercar más a Jesús, a Dios, cuando reconocemos que nuestra fortaleza no es nuestra. Ni siquiera para poder ayunar podemos confiar sólo en nuestras fuerzas.



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