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Domingo de Ramos, Ciclo A




La entrada a Jerusalén

Hoy conmemoramos la entrada de Jesús a Jerusalén. Representa una afirmación de que estamos en los tiempos mesiánicos. 
Es lo que Jesús se la pasó diciendo: 
    • el Reino de los cielos, el Reino de Dios ha llegado (Mateo 12,28, por ejemplo). 
«Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.» (Mateo 6,33)
Los profetas habían anunciado la llegada del Mesías, el Salvador.
    • «Mirad que Yahveh hace oír hasta los confines de la tierra: "Decid a la hija de Sión: Mira que viene tu salvación; mira, su salario le acompaña, y su paga le precede». (Isaías 62.11)
    • «¡Exulta sin freno, hija de Sión, grita de alegría, hija de Jerusalén! He aquí que viene a ti tu rey: justo él y victorioso, humilde y montado en un asno, en un pollino, cría de asna.» (Zacarías 9,9)
    • «No se irá de Judá el báculo, el bastón de mando de entre tus piernas. hasta tanto que se le traiga el tributo y a quien rindan homenaje las naciones; [Judá,] el que ata a la vid su borriquillo y a la cepa el pollino de su asna; lava en vino su vestimenta, en sangre de uvas su sayo…» (Génesis 49,11-12)
En los tiempos mesiánicos el león se acostará junto a la oveja; «Serán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito, el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá» (Isaías 11,6). 
Por esa razón el Mesías, el rey que vendrá vendrá acompañado de la justicia de Dios pero también vendrá como una persona humilde, es decir, no vengativa. Dios no es un hombre airado y ofendido por nuestros pecados. Por eso no necesita venganza. 
La justicia de Dios consiste en dejar que las fichas caigan en su sitio. Si le damos la espalda, él nos da la espalda y nos abandona a la suerte, al azar. 
Si nos volvemos a Dios, él viene a nuestro encuentro.

Los sufrimientos de Jesús

Las lecturas de hoy se enfocan en la Pasión. 
En el devenir histórico, en la Edad Media, este enfoque en la Pasión de Jesús resultó en algo desproporcionado. Al punto que ocultó para nosotros el sentido pascual fundamental de nuestra fe. 
El resultado ha sido una debilitación y hasta desvirtuación de nuestra fe. En nuestro tiempo acudimos a Dios por necesidad. Cuando no estamos en apuros, nos olvidamos de la iglesia. 
Dentro de par de semanas nos olvidaremos del ciclo pascual. No muchos están conscientes de que hay un periodo de seis semanas de tiempo litúrgico pascual, equivalentes a las seis semanas de cuaresma. 

Pongámonos en los zapatos de los primeros discípulos. Un año después, ¿celebraron una Semana Santa recordando los detalles de la Pasión y muerte de Jesús? ¿No se la habrán pasado más bien recordando los relatos y anécdotas de la resurrección? Esa es la Pascua que celebramos: la resurrección del Señor. 
Tiene más sentido pensar que al reunirse un año más tarde, los apóstoles y discípulos celebraron la eucaristía a la manera de la pascua judía, levantando la copa de la Nueva Alianza para bendecir a Dios con la alegría de los que han entrado a formar parte del Reino de Dios.
De seguro no fue sino hasta décadas después que entraron en los detalles de la Pasión y de seguro en términos de un momento transitorio. 
La cruz representada en los primeros tiempos (cuando se comenzó a representar, más de trescientos años más tarde) es una cruz enjoyada, símbolo de triunfo. Nótese la representación en la ilustración, de la iglesia de Santa Pudenciana en Roma. El foco central de la composición es Cristo y sobre él, la cruz enjoyada, símbolo triunfal. Para esas mismas fechas comenzaron a decorar iglesias con algún santo, o con la Virgen, como figura central. El arte también refleja teología, modos de entender la fe.
La Pasión fue un elemento de la narración evangélica. Pero no fue el elemento central. El elemento central de nuestra fe es el hecho de la encarnación (con eso ya fue suficiente) y la resurrección como evidencia del Reino de Dios con nosotros. ¡Jesús vive!
En la Edad Media ese elemento de la narración evangélica, la Pasión, lo convirtieron en el centro de toda la narrativa. Sustituyeron la celebración del Jesús resucitado, por la celebración del Jesús humillado y sufriente.
Un estudiante una vez le comentó a mi esposa que en la iglesia católica todos los domingos es Semana Santa. 
El foco primordial, fundamental, de la Semana Santa no es la Pasión. Es la celebración de la llegada de los tiempos mesiánicos, de la Nueva Alianza proclamada por Jesús.

El lector también puede ver una versión de unos pensamientos sobre este domingo en YouTube.

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