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Domingo 23 del Tiempo Ordinario, Ciclo A

 



El tema de este domingo es el llamado a la conversión a los hermanos descarriados


La primera lectura de hoy está tomada del profeta Ezequiel 33,7-9. «A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabra de mi boca, les darás la alarma de mi parte,» comienza. 

El profeta Ezequiel vivió en los días de la conquista de Jerusalén a manos de los babilonios. Fue cuando Nabucodonosor mandó a destruir el templo (el símbolo de la unidad nacional y del poder de Yahvé) y se llevó a los judíos como esclavos cautivos a la deportación. 

Ezequiel narra cómo, poco antes de ese momento, le fue revelada su misión de anunciar a los judíos la posibilidad de aquel desastre. Dios le dice que lo ha puesto como atalaya, como centinela de la casa de Israel. El centinela puede divisar de lejos al enemigo y por eso debe sonar el cuerno de la alarma. De esa manera el pueblo podrá prepararse para enfrentar al enemigo. 

(Una atalaya es una torre alta, por eso la secta de los atalayas se denominan The Watchtower Society, en inglés.) 

Lo que dice el profeta Ezequiel es que Dios es poderoso, de eso no cabe duda. Si el pueblo le hubiese sido fiel, Dios hubiera demostrado su poder como tantas otras veces en la historia de Israel. Para eso mandó a los profetas, como Ezequiel.

Pero el pueblo no le fue fiel. Entre tanto en el pasaje de la primera lectura Dios le recuerda al profeta de su obligación. Si el profeta no anuncia el peligro que llega y hace el llamado a la conversión, falta a su misión y entonces es aun más responsable de lo que le suceda al pueblo infiel. Dice Dios: «si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, él morirá por su culpa, pero tú has salvado la vida.»


El salmo responsorial responde a la primera lectura con versículos del salmo 94,1-2.6-7.8-9. «Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva,» cantamos. Y luego, «No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba [y dudaron de mí] y me tentaron, aunque habían visto mis obras.»


La segunda lectura de hoy continúa la lectura de la carta de San Pablo a los Romanos en el capítulo 13,8-10. «Hermanos: A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama a su prójimo tiene cumplido el resto de la ley.» 

Esta segunda lectura cuadra bien con el tema principal. Amar al prójimo implica de por sí llamarle a la conversión si fuese necesario.

Y también, el amor al prójimo no implica aceptar lo inaceptable. Sólo que no hemos de caer en el contrasentido de faltar a ese mismo amor al prójimo, al momento de rechazar su conducta inaceptable.



El evangelio de hoy continúa la lectura de San Mateo, en el capítulo 18,15-20. Jesús le dice a sus discípulos, «Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos.» Nótese la necesidad de discreción. No es asunto de habladurías o de chismes y bochinches. Es asunto de llamar la atención en privado. 

Pero hay hermanos que no hacen caso. Se supone que se trate de algún pecado público, de los que ocasionen escándalo. En los versículos anteriores Jesús señaló la necesidad de evitar los escándalos (Mateo 18,7): «¡Ay del mundo por los escándalos! Es forzoso, ciertamente, que vengan escándalos, pero ¡ay de aquel hombre por quien el escándalo viene!»

En una situación así Jesús recomienda traer testigos para amonestar al hermano. Si todavía el hermano persiste en su conducta, traer entonces el asunto a la consideración de la comunidad cristiana. 

«Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano.» Entonces Jesús añade, «Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.» Quizás es una manera de decir que si proceden así, tienen el respaldo divino.


Comentarios

Piense el lector en el escándalo de los curas pedófilos y de los curas que violaban monjas. Sobre esto último recuerdo haber leído desde la década de 1980, sin que se supiera si se había hecho algo al respecto. Las denuncias no eran de casos aislados.

Piense en la reacción de la «comunidad» eclesiástica (los obispos, el Vaticano en tiempos del papa Juan Pablo II). Para vergüenza nuestra la Curia estaba dominada por hispanos. 

Piense el lector también en nuestra debilidad humana. Es lo que indica San Pablo en Gálatas 6,1 – «Hermanos, aun cuando alguno incurra en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado.»

Un elemento importante que impide seguir lo que nos dice Jesús en el evangelio de hoy es la mentalidad de asedio que todavía prevalece entre los tradicionalistas católicos y evangélicos. Es una mentalidad paranoica y defensiva, sin siquiera tomar en cuenta los propios principios cristianos. 

Finalmente, nótese que Jesús habla de la autoridad de atar y desatar en la tierra, pero en términos de la comunidad, no tanto como referida a la autoridad de un individuo. 

*****

Del dicho al hecho hay un buen trecho. El llamar la atención al hermano sobre su mala conducta ha adoptado unas cuantas maneras poco cristianas a través de la historia. 

Esto recuerda la ocasión en que le pidieron al general que retirara su ejército para poder declarar la paz. «Pero si todas las actividades presentes (bombardeos, cañonazos, incursiones con infantería) van encaminadas a lograr la paz,» dijo. Es una anécdota verídica, pero los detalles no vienen al caso aquí. 

Una vez más, esto se asocia a la santa intransigencia que predican algunos grupos. Es un contrasentido faltar a la caridad cristiana para adelantar ideales «cristianos». No son ideales cristianos, si no conllevan la caridad, si no van animados en la práctica por la consideración que da el amor al prójimo. De ahí la gran importancia de la segunda lectura de hoy.

Por esta razón es que hay más de una secta que se piensa cristiana pero que no lo es. Fue patético ver en las semanas recientes a pastores bautistas defendiendo a la Charbonnier como una víctima de los paganos que se oponen a las leyes que ella propuso, cuando ella fue arrestada por actos de corrupción que no tienen que ver con sus convicciones «cristianas».

Hay también católicos cuyo catolicismo no es cristiano. 


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