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Domingo 21 del Tiempo Ordinario, Ciclo A

 


El tema del domingo de hoy es la primacía de Pedro.

Cuando se estableció el reino de David y Salomón y sus descendientes se estableció la función del mayordomo de palacio, el "amo de llaves". Era el que portaba el llavero real y a ese funcionario nos refiere la primera lectura de hoy.

En el evangelio Jesús encomienda esa función a Pedro, ser el mayordomo de palacio en el Reino de los cielos. Tendrá la potestad de guardar las entradas y salidas al Reino. Esto, por haber Pedro tenido la iniciativa de reconocerlo como el Mesías, el Hijo de Dios vivo. 

Hemos de reflexionar hoy sobre (1) qué significaría "Reino de Dios" o reino de los cielos, en boca de Jesús y que es algo que es parte fundamental en la predicación original de los evangelios; (2) qué significaría la primacía de Pedro en términos de ser el mayordomo real; (3) cómo es que Jesús exhorta a los discípulos que mantengan en secreto su identidad como Mesías, el Enviado de Dios. Son puntos que no son fáciles de aclarar de manera definitiva. Invito a los lectores a reflexionar sobre estos puntos.

En Pentecostés los cristianos aparecieron en Jerusalén y allí se formó la primera comunidad cristiana bajo el apóstol Santiago "el hermano del Señor". Nótese: Pedro no aparece como el que dirige la comunidad. Pedro se marchó a la predicación entre las comunidades de la Dispersión, particularmente en Antioquía. 

Por haber sido fundada por Pedro, Antioquía fue reconocida como Patriarcado, junto a Jerusalén. Un patriarcado era una comunidad fundada directamente por un apóstol. En esa comunidad se guardaba el depósito de la fe, es decir, la transmisión de la predicación original que llegó directamente por boca del apóstol que convivió con Jesús. En tiempos apostólicos (cuando los apóstoles todavía estaban vivos) la "sucesión apostólica" no se tomaba en el sentido de la ordenación de los clérigos, sino en el sentido de la transmisión de la predicación original.

Más tarde Roma reclamó haber sido fundada por Pedro, aunque no hay evidencia histórica que lo confirme, excepto las tradiciones orales, los testimonios llegados de boca en boca. De todos modos es un hecho que Roma también se convirtió en un patriarcado y en los siglos tercero y cuarto después de Cristo se reconocieron tres patriarcados: Jerusalén, Antioquía, Roma. A esos se añadió un cuarto, el de Alejandría, que según la tradición oral fue fundado por el apóstol Marcos. 

En los primeros siglos del cristianismo ningún patriarcado tenía autoridad sobre otro y había una relación de cordialidad ecuménica entre todos. En el siglo 4° el emperador romano impuso un quinto patriarcado por decreto, el de Constantinopla (lo que se tenía como natural, ya que desde tiempos de Julio César el emperador era el Pontífice Máximo, jefe de todos los pontífices). Nótese que la convocatoria de los concilios universales de la Iglesia, como el de Nicea, la efectuaba el emperador. No fue sino hasta luego, en las disputas entre Roma y Constantinopla, que el patriarca romano comenzó a reclamar primacía. 

Valga señalar que hasta el siglo 9° después de Cristo, los nombramientos de los papas tenían que ser confirmados por el emperador de Constantinopla. No fue hasta que desapareció el exarcado de Ravenna, es decir, el último vestigio de la autoridad imperial en Italia, que los papas llegaron a ser autónomos, sobre todo una vez que los reyes merovingios franceses garantizaron su señorío feudal sobre los territorios papales. En particular, el papa León III reconoció a Carlomagno (sucesor de los merovingios) al momento de su elección al pontificado. Una vez elegido, le envió unas llaves como símbolo de su elección, como para que Carlomagno como emperador lo confirmara como patriarca de Occidente, cosa que él hizo. Unos años más tarde León III lo coronará como "emperador de los romanos" a finales del año 799. 

Desde entonces ya se dieron roces irritantes con el patriarcado de Constantinopla, que se consideraba a sí mismo como el patriarcado principal, siendo la sede del Imperio. Esto se exacerbó con la controversia de la prohibición de imágenes en las iglesias. Los bizantinos acusaron a los romanos de ser iconoclastas y los excomulgaron, mencionando en particular la herejía de representar a Cristo como un animal (una oveja o cordero) y quién sabe de entonces viene el cántico del Agnus Dei, como una manera de ripostar. Los bizantinos también condenaron a los romanos por usar pan ácimo en la liturgia, cuando siempre se usó pan fermentado, sobre todo si la fermentación es un símbolo de la resurrección, símbolo de la levadura del Reino que hace fermentar toda la masa (Mateo 13,33). 

Si recuerdo todo esto es para ver que la primacía de Pedro no fue sostenida hasta el milenio, cuando Roma y Constantinopla rompieron definitivamente con mutuas excomuniones. En Occidente esta doctrina comenzó a invocarse en la confrontación con los emperadores alemanes, con el papa Gregorio VII (Hildebrando) y luego con Inocencio III en tiempos de san Francisco de Asís y finalmente con Bonifacio VIII en el siglo 14. Invito al lector a leer sobre la vida de estos papas, sobre todo el último, que se llegó a decir que adoraba el dinero, a quien Dante puso en el Infierno por esa idolatría. 

En el 1967 el papa Paulo VI y el patriarca Atenágoras de Constantinopla se levantaron las mutuas excomuniones del siglo 11 en una ceremonia simultánea. Pero desafortunadamente no parece haber tenido un efecto práctico. Los funcionarios de la Curia siguieron llegando al extremo de promover patriarcados latinos con adhesión romana en tierra de los patriarcados orientales como en el caso de Rusia, Ucrania, y otros puntos del globo. Es en este sentido que el papa Francisco ha buscado resolver la situación en China, en que hay dos iglesias católicas, la reconocida por el Vaticano y la reconocida por el gobierno chino. Los tradicionalistas enemigos de Francisco dicen que es un ingenuo.

Estemos claros: podemos visualizar una unión ecuménica, universal, entre todas las iglesias cristianas, sin que eso implique una adhesión directa al gobierno administrativo del Vaticano. Cierto, que Jesús es el verdadero rostro unificador del cristianismo. Pero eso no evita ver al papa como figura de unión al modo con que el obispo de Canterbury es figura de unión dentro de la tradición anglicana. Ese era el papel que tenían los patriarcas en los primeros tiempos.

Invito al lector a explorar estos temas. 


Invito a ver mis apuntes del año 2020, en que también desarrollo comentarios a las lecturas de hoy.


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