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Conservadores y progresistas en la Iglesia

 


La conferencia episcopal que agrupa a todos los obispos alemanes viene proponiendo aprobar el sacerdocio femenino y la abolición del requisito del celibato para los sacerdotes. De esa manera seguirían la misma práctica que ya se da en las iglesias anglicanas y luteranas. También proponen otras medidas de cambio en las prácticas pastorales, ya desde hace varios años. 

Por su parte la conferencia episcopal de los obispos norteamericanos viene oponiéndose a la apertura de papa Francisco hacia el diálogo con los que están alejados de la Iglesia, el perdón y la acogida a los que se definen sexualmente diferentes, lo mismo que la preocupación cristiana por los problemas sociales y económicos de los marginados. Un por ciento significativo de los obispos estadounidenses simpatizan con las posiciones de las derechas del Partido Republicano y puntualizan exageradamente el tema del aborto sobre cualquier asunto que le pueda preocupar a un cristiano. 

Aun en los tiempos del auge de la teología de la liberación en el mundo hispano, fue muy raro que un obispo le negara los sacramentos a algún presidente, dictador, o funcionario de gobierno. Posiblemente nunca se dio eso. Para algunos cristianos de convicciones de solidaridad con los oprimidos fue un escándalo, la imagen de un Trujillo, un Somoza o un Pinochet recibiendo la comunión de algún obispo o algún cardenal. Sin embargo más de un obispo norteamericano ha decretado mediante carta pastoral la prohibición de que algún político recibiera los sacramentos por sostener posiciones que de alguna manera favorecen o facilitan los abortos. En la mente de esos conservadores no es lo mismo ser un dictador homicida que un candidato político que se define sobre un tema en que el homicidio podría justificarse (no siempre los homicidios son delitos). En las reuniones de la conferencia episcopal norteamericana la condena indiscriminada del aborto y otros temas favoritos de los conservadores priman sobre cualquiera otra consideración en la preparación de sus agendas de trabajo.

En ambos casos, de los obispos alemanes y de los norteamericanos, el Vaticano ha emitido advertencias fuertes. Les ha exhortado a la prudencia y a la precaución, pidiéndoles que se limiten en sus manifestaciones. En ambos casos se les ha llamado la atención al peligro de provocar un cisma al optar por un camino que no armoniza con las posiciones oficiales de la Santa Sede, que son las posiciones de una tradición de evitar siempre los extremos. 

Uno puede preguntarse qué se puede ganar con irse a los extremos. En la experiencia, los grupos que se han desprendido del cuerpo principal de la iglesia romana raras veces han alcanzado un volumen significativo de adeptos. Claro, esto no tiene que ver con la verdad que puedan profesar tales grupos. En otros tiempos todo el mundo pensaba que la tierra era plana y eso no era criterio para la verdad de si la tierra es redonda o plana. 

Entre tanto es cierto, que iglesias como los vetero católicos de Holanda o los de la Sociedad San Pío X del obispo Lefebvre no cuentan con tantos feligreses. Uno los busca por Internet y pareciera que para ellos es más importante revestirse de uniformes eclesiásticos, antes que promover una misión de pastoral cristiana. 

Ahí está el punto. La pastoral es más importante que la doctrina. El eje de la pastoral no son las verdades filosóficas, ni las consideraciones abstractas. El eje de la pastoral debe ser el encuentro con Dios en Jesús a través de una comunidad cristiana celebrante, en que prima el amor al prójimo. 

Las controversias doctrinales nos ciegan y no dejan ver lo que es verdaderamente importante: el encuentro con Dios en Jesús según los evangelios y en el contexto de una comunidad orante de cristianos comprometidos con el amor al prójimo. 


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