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Miércoles de cenizas, año 2024

 



Encontramos a Dios donde menos lo esperamos. Algo así sucede este año, en que el miércoles de cenizas coincide con san Valentín, el 14 de febrero. Para los que el día de los enamorados no tenga importancia (en países sin influencia norteamericana) esto es irrelevante. En los países en que esto de corazones y regalos de chocolate e invitaciones a cenar es algo importante (en Japón y Korea, por ejemplo) esto puede ser una ocasión de la gracia, al llevarnos a ver nuestro cristianismo de un modo no farisaico. 

La ley del ayuno y la abstinencia de la iglesia católica establece que un día como el miércoles de ceniza no se coma carne (abstinencia) y se haga una sola comida fuerte al día (ayuno). Esto puede terminar siendo como el mes de Ramadán entre los musulmanes. Durante el Ramadán los musulmanes no comen durante el día (es un mes completo de ayuno) mientras que por la noche comen como si nada. Es un asunto de cumplir con la ley. El 14 de febrero de este año uno puede pasarse todo el día a pan y agua y entonces a la hora de la cena irse a un restaurante oriental y comer mariscos exquisitos sin problema, habiendo cumplido con el requerimiento de ayuno y abstinencia. 

Uno puede cumplir con las leyes y preceptos religiosos y entre tanto ser una persona que no tiene consideración con los demás, como esos pastores que sólo piensan en el diezmo que le tienen que dar los feligreses. Está el cuento de Iris Chacón, cuando abrió los ojos y se dio cuenta que el pastor estaba construyendo una piscina en su casa con el dinero que ella «ofrendaba». 

En otras palabras, los cristianos pueden cegarse y ser más paganos que los paganos mientras se sienten justificados porque cumplen con las normas de su iglesia. No sé el lector, pero yo he tenido y sigo teniendo unas dolorosas experiencias con misioneras y abogadas que se cantan «de la iglesia».

Pensando en esto uno puede reflexionar sobre el sentido del miércoles de cenizas y la cuaresma. 

El meollo de Adviento y Cuaresma es la renovación de nuestra conversión de vida. Mientras que Adviento inaugura ya la alegría de «Dios con nosotros», el comienzo de la Cuaresma no provoca esa misma alegría. Ese sentido de la alegría de la Resurrección se perdió durante la Edad Media. 

La alegría del cristiano deriva de nuestra relación con Dios. El rostro de Dios que bendice brindando alegría es el que también predica papa Francisco. Que Dios se hizo humano y sigue alargando la mano para que nosotros le alcancemos es el motivo de alegría. Al caer en cuenta de que Dios quiere que nos volvamos a él para darnos la salvación, esto provoca alegría y es algo que tiene consecuencias de vida en nosotros. 

La fe no es la solución a un problema legal con Dios. La fe es caer en cuenta de que Dios nos ama, para empezar. Ver que Dios nos ama y está ahí buscando que respondamos, eso nos lleva a tener esa relación con Dios que es la fe. 

El reconocimiento de nuestra salvación es lo que lleva a la conversión de fe y la conversión de fe no nos deja igual que antes. 

A Dios no le importa que seamos pecadores en el sentido con que a nosotros no nos importa lo que pasa en el mundo de las hormigas. Al hacerse humano (como si nosotros decidiéramos que vale la pena hacerse hormiga) demostró que de alguna manera le importa. Pero no pareciera que es porque él se sintiera ofendido. Si Dios es Dios, él no tiene que ofenderse, mucho menos exigir una satisfacción para enmendar la ofensa que le puedan haber hecho. Si Dios es Dios, él no va a decidir porque algo o alguien le va a forzar la mano. Dios, sin otra motivación que su voluntad soberana, quiso hacerse humano y alargar la mano para alcanzarnos. Caer en cuenta de eso va asociado a nuestra conversión de vida.

La conversión de fe (caer en cuenta de que Dios está ahí, hablándonos por medio de la historia de la salvación) lleva a una conversión de vida. La conversión de vida es consecuencia de la conversión de fe. 

La fe no es algo psicológico, mental, algo limitado a nuestra consciencia. La fe es algo que se vive y deriva del hecho de caer en cuenta de que Dios nos amó primero. Ver eso causa alegría. Eso a su vez tiene consecuencias en nuestra manera de relacionarnos a los demás. Así se forma la comunidad cristiana y así es como Dios está presente en la comunidad. La comunidad cristiana es el lugar del encuentro con Dios. La comunidad cristiana es el rostro del amor del Padre.

¿Celebrar san Valentín? Cómo no celebrar el amor sin fariseísmos. «Ama y haz lo que quieras», dijo san Agustín. Donde hay amor no hay ley; donde hay amor, allí está Dios.

¿Y las cenizas como señal de la penitencia, de la tristeza por los pecados que hemos cometido que tanto daño han causado? Cierto que la cruz con cenizas sobre la frente representa ese pedir perdón por el mal que hemos hecho, por nuestros pecados. Pero ese pesar va unido a la intención de amar sin medida al modo como Dios mismo ama, que no mira nuestros pecados, sino que nos quiere por lo que somos y no por lo que hayamos hecho. La cruz con cenizas indica nuestra decisión de amar a los enemigos y a los que no se merecerían que los amemos. 

Dios no hubiera querido hacerse humano si no hubiera amado este mundo como es, si no hubiera amado nuestra humanidad como es. Por eso la ceniza no puede significar un rechazo, un desprecio, a este mundo. La ceniza es un recordatorio que este mundo pasa, que nuestra vida pasa y se convierte en cenizas, pero que nuestra vida en medio de esta limitación —como la vida de Jesús en cuanto humano— la vivimos de cara a la vida eterna. La vida no termina aquí, sino que se transforma y en la vida de la comunidad cristiana (vida en el amor de los hermanos en la fe) no testimoniamos tanto el rechazo a lo que es pasajero cuanto el que ya sabemos de la vida futura en el hecho de la resurrección que anticipamos desde ahora. El anticipo de la vida futura deriva del mismo amor a este mundo que Dios mismo tiene.

En la cena de san Valentín puede darse una expresión de ese misterio de nuestra fe. Es lo que se podría hacer en las parroquias católicas y en las demás iglesias cristianas, tener cenas de la amistad que expresan la alegría que deriva del descubrimiento que Dios nos amó primero.


Invito a ver mis apuntes para este día del año 2021, 2022 (pinchar el año). 

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