En los tres ciclos de lecturas anuales el segundo domingo de cuaresma está dedicado al episodio de la transfiguración de Jesús sobre un monte (algo que evoca el Sinaí, monte de la Alianza de Moisés). Jesús se transfiguró ante los tres discípulos escogidos que son Pedro, Santiago y Juan.
El domingo pasado vimos a Jesús en su aspecto humano, frente a las tentaciones. Ahora lo vemos en su aspecto divino, el que vive ahora mismo, el Resucitado, el que nos muestra el camino al Padre y nuestra condición futura. En él vemos la Nueva Alianza ofrecida por Dios, ya no solamente al pueblo de Israel, sino a todos nosotros, a toda la humanidad. Igual, vemos la imagen de nuestra condición futura que ya se da en la transformación de nuestra vida, en la conversión de vida que cultivamos en las semanas de la cuaresma camino a la resurrección pascual.
La primera lectura es del Génesis 12,1-4 y nos presenta el llamado de Dios a Abrahán, a que salga de su tierra y se encamine a la tierra prometida. Gracias a que Abrahán respondió, todas las naciones han sido bendecidas.
Un apunte breve sobre la tierra prometida, a la luz de la tragedia de Gaza en nuestros días, cuando el estado israelita reclama el territorio como herencia nacional: cuando Dios le ofrece a Abrahán y a Jacob la tierra de Canaán le está hablando a unos ganaderos y pastores trashumantes, no a unos agricultores constructores de ciudades con ideas de posesión territorial. Le está diciendo que pueden trashumar por el territorio con sus ovejas y sus ganados mientras conviven con el resto de los habitantes del país. En reiteradas ocasiones les hablará de la comprensión y convivencia pacífica con los demás pueblos (Éxodo 22,20; Malaquías 3,5).
Será más tarde, en tiempos de Josué que se planteará una política de exterminio de los habitantes y según los estudiosos se trata de una redacción bien tardía (de tiempos de la vuelta del Exilio en Babilonia, cuando Israel ya no existía y precisamente se buscaba refundar la nación israelita). De todos modos Jesús en sus parábolas y sus expresiones habló de retirarle la herencia a los viñadores infieles y a los que se rehusaron a entender la Nueva Alianza para dársela a los que llegaron a última hora que entendieron el mensaje de Dios, el mensaje de la compasión y el perdón.
Con el salmo responsorial (salmo 32) invocamos la misericordia del Señor que ama la justicia y el derecho pero que también tiene misericordia de los pecadores. ¿Cómo vamos a cultivar la indignación y el desprecio (eso es lo que hacían los fariseos) hacia los pecadores si nosotros mismos invocamos misericordia? Eso habría que recordárselo a los ultra conservadores evangélicos y católicos que prefieren condenar antes que transar sobre el tema del aborto.
La segunda lectura está tomada de 2 Timoteo 1,8-10. San Pablo exhorta a participar en los padecimientos por el evangelio en respuesta a la salvación que Jesús vino a ofrecernos. De igual manera que Dios llamó a Abrahán y llamó a la Virgen María (modelos de fe) así también nos llama a nosotros para incluirnos en su designio, en su plan de salvación para todos. Esto es lo que también vemos en el evangelio, «Jesús, que destruyó la muerte e hizo brillar la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio».
Nos toca dar testimonio de esta nuestra experiencia de fe al punto del martirio si fuere necesario, como los que han sido arrestados y hasta asesinados sólo por dar testimonio de protesta ante las barbaridades de la injusticia, o por simplemente haber confesado su fe.
Hemos de dar testimonio de amor frente al desamor y el odio. Que al verlo haya la posibilidad que los que están llenos de odio y ceguera se les abra los ojos y se conviertan. «Padre perdónalos», dijo Jesús, «porque no saben lo que hacen» y el centurión se arrodilló y se convirtió.
El evangelio es de Mateo 17,1-9. Jesús se retira a un monte a orar y lleva con él a tres de sus discípulos (Pedro, Santiago, Juan) y entonces se transfigura delante de ellos. Su persona y sus vestidos resplandecen y aparecen Moisés (la Ley) y Elías (los profetas) que conversan con él. Una nube desciende (la presencia de Dios) y lo proclama: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo». Jesús es quien trae el mensaje de la Nueva Alianza ya anticipada por Jeremías 31,31 en que la Ley ha de entenderse en el sentido humano de la compasión y el amor al prójimo, como lo vemos en el conjunto de la predicación de Jesús.
De primera intención Pedro no entiende y propone hacer tres tiendas, una para Moisés, otra para Elías y otra para Jesús. Propone hacer tres lugares de culto o santuarios, si recordamos que Dios se revelaba en la Tienda del Encuentro cuando los israelitas vagaban en el desierto. Al proponer esto está reconociendo también la divinidad de Jesús. No se da cuenta de que no estamos llamados a idolatrar a Jesús (mucho menos a María) y que el verdadero culto no es el de un templo (Juan 4,23-24) sino que es el del corazón, el que se expresa en el modo de cumplir la Ley en la relación a los demás. De ahí que hablemos del Cuerpo de Cristo como equivalente al Cuerpo Místico de los fieles unidos en la vida parroquial y en la oración eucarística.
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Un tema de conversión esta cuaresma puede ser una meditación sobre cómo ver a nuestros enemigos. No debemos dejarnos cegar por la indignación que provoca la maldad de los malévolos. Es que esa indignación ha sido utilizada por los malévolos para promover la misma maldad.
En las redes sociales y ya desde comienzos del milenio (esto es algo documentado) se descubrió la capacidad de influenciar el resultado de los comicios electorales. Al identificar los gustos de cada usuario y canalizar el material de propaganda se exacerbaban los ánimos para provocar que las personas fueran a las urnas a votar de una cierta manera, cegados por la pasión y la indignación. Para generar pasiones hasta se inventaban —lo siguen haciendo— hechos falsos y noticias falsas y también tergiversaban el enfoque sobre las noticias ciertas. Así es como un bloque de cristianos promovieron líderes poco cristianos. Así es como se desarrolló una campaña de promoción de defensa de la fe al modo farisaico (aun a expensas de proteger a los reverendos pedófilos debido a una mentalidad clericalista) y lo mismo, una oposición ciega a papa Francisco. Aun al presente están los de la Sociedad San Pío X empecinados en condenar la apertura pastoral en el catolicismo romano desde una mentalidad legalista.
Tanto entre evangélicos como entre católicos surgieron voces llamando a la cordura, recordando las verdaderas enseñanzas de los evangelios. Nuestros enemigos no se merecen la condena, sino el llamado pacífico a la conversión (ver las citas de los evangelios que se ofrecen más adelante). No se merecen nuestra indignación, sino nuestro amor, de la misma manera que Dios los ama y nos ama a todos.
Baste pensar que ninguno de nosotros merece la salvación, que el que esté exento de pecado que tire la primera piedra (Juan 8,7). Si pedimos comprensión de Dios, cómo no vamos a ofrecer comprensión al hermano. Eso no significa que no le llamemos la atención. Hemos de denunciar el mal y llamar a la conversión con amor y si fuere necesario, resistencia pacífica, cuando se trata de las autoridades del gobierno. Es lo que hicieron los primeros cristianos cuando estuvieron dispuestos al martirio. Es lo que también vemos en la vida de Ghandi y Martin Luther King.
Si nos dejamos llevar por la indignación o el odio no veremos con ojos de amor al prójimo, que es el modo de ver del cristiano. A Trump y gente como él hay que verlos pensando en la mejor versión de su persona. Es lo mismo que cada pecador, que hay una mejor versión de su persona, la versión buena. A nombre de esa versión buena buscamos su conversión, de la misma manera que Dios nos llama a cada uno a descubrir la mejor versión de cada uno de nosotros. Eso es lo que significa oponernos con toda nuestra fuerza a los practicantes del mal siguiendo el ejemplo de Ghandi y Martin Luther King, buscando la conversión de los malvados, una conversión que sólo se puede dar desde el fondo del ser de cada uno. ¿Se convertirá, se arrepentirá Trump? Hay que proceder con fe que eso es posible, con amor hacia él y a todos los que como él practican el cinismo y el odio y pueden provocar nuestro odio. Hay que llevar a la práctica lo que Bad Bunny evocó al recordarnos que el amor puede más que el odio. Los cristianos estamos llamados al amor traducido a unas prácticas concretas, específicas. Propongo que exploremos cuáles pueden ser esas prácticas, también respecto a las personas más inmediatas, como esos políticos cínicos (en el poder o en la oposición) que provocan odio e indignación.
A continuación presento unas citas de los evangelios que se relacionan a este tema y que pueden servir para meditar esto de la conversión del corazón en cuaresma. Hemos de evitar ser manipulados en dirección a la indignación y hasta el odio a gente como Trump y sus secuaces, o hacia los de la ultra derecha evangélica y católica que al presente amenazan la paz mundial y los valores de la convivencia democrática. Sabemos que en Puerto Rico también están los que se han contagiado con esas ideas y actitudes.
Véase al cardenal Joseph Tobin y el evangélico James Talarico, dos entre otros que desde hace décadas han llamado a una reacción más basada en criterios verdaderamente cristianos, qué no se diga del papa Francisco y ahora papa León.
A continuación, las citas.
—Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano "imbécil", será reo ante el Sanedrín; y el que le llame "renegado", será reo de la gehenna de fuego (Mateo 5,22)
—¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo? (Mateo 7,3)
—Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. (Mateo 18,15)
—Pedro se acercó entonces y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?" Dícele Jesús: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete." (Mateo 18,21-22)
—La parábola del que se benefició de la misericordia de su amo pero no quiso tener misericordia de su subalterno. Cuando su señor se enteró lo entregó a los verdugos hasta que pagase toda su deuda. «Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano,» dijo Jesús (Mateo 18,23-35).
—"Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente, perdónale. Y si peca contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve a ti, diciendo: "Me arrepiento", le perdonarás." (Lucas 17,3-4)
—Amad a vuestros enemigos; haced el bien, y prestad sin esperar nada a cambio; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los ingratos y los perversos. Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. (Lucas 6,36-37)
Notar en esta última cita: (a) Dios es bueno con los ingratos y perversos; (b) hay que ser compasivos y no condenar.
La actitud del cristiano ha de ser lo que encontramos en Mateo 5,38 y Lucas 6,28.
Valga repetirlo: Jesús oró por los que lo crucificaron ("Padre perdónalos, que no saben lo que hacen"). Jesús es nuestro modelo de actitud ante la maldad. Ese es el modelo de una pastoral de compasión y no de condena. Jesús pidió perdón para ellos, el mismo perdón que pedimos cada uno de nosotros para nosotros mismos y para los demás.
Recuerdo al lector que no pretendo presentar verdades, sino puntos de partida para seguir reflexionando.
Invito a ver un vídeo de reflexiones sobre este domingo en mi canal de YouTube que tiene el mismo nombre de este Blog, "Reflexiones de cristiano". Se puede ver oprimiendo aquí.
Invito a ver unos apuntes sobre el pecado y el arrepentimiento (la conversión) cuaresmal que datan del 2017 (oprimir).

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