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Domingo 6 del Tiempo Ordinario Ciclo A


En el evangelio de hoy Jesús confirma que no ha venido a abolir la Ley, sino que vino a aclarar la manera de cumplir la Ley. Jesús no vino a juzgar, ni a condenar. Vino a enseñarnos el camino a la vida eterna.

Recordemos lo que también sabemos por otros lugares de los evangelios: la ley se resume en el amor al prójimo, ese es el sentido y el meollo de la Ley. Esa es la expresión de nuestra relación con Dios, Supremo Bien.

La primera lectura es de Sirac (Eclesiástico) 15,16-21. Con ella se afirma la libertad que todos tenemos para hacer el bien: «Si quieres, guardarás los mandamientos,» dice. Más adelante termina, «A nadie [Dios] obligó a ser impío». Está de nuestra parte reconocer la sabiduría de los mandamientos, la sabiduría de la Ley. Está de nuestra parte reconocer el valor de amar al prójimo, de reconocer la dignidad del otro, de ser una persona decente, respetuosa de los demás y de lo que es justo. 

Sin eso de presupuesto —ser persona decente, reconocedora del valor de la Ley de Dios que expresa el valor del bien— tan siquiera podemos tener una sociedad orientada hacia el bien común de todos. Depende de nosotros, que podamos vivir en una sociedad orientada hacia la buena convivencia. Entre tanto se da por sentado que Dios favorece a los que trabajan por la paz y la justicia.

El salmo responsorial se hace eco del tema de la Ley con versículos del salmo 118. «Dichoso el que con vida intachable camina en la Ley del Señor,» cantamos. 

La segunda lectura continúa la lectura de 1 Corintios 2,6-10. San Pablo habla de la sabiduría (de la Ley), «divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria». Es la sabiduría de poder entender este mundo y la vida en este mundo desde el criterio de Dios revelado en las Escrituras y en la predicación de Jesús. Para poder captar esa sabiduría Dios nos ha iluminado con la luz del Espíritu, nos dice. 

En la lectura del evangelio de hoy (Mateo 5,17-37) Jesús continúa el sermón de las bienaventuranzas y la exhortación a ser sal del mundo y luz del mundo del domingo pasado, ahora diciendo, «No crean que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento». A continuación enseña cómo entender el cumplimiento de la Ley. 

«Les digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos», dice Jesús. Ahí vemos que no es tanto un asunto de eliminar la Ley, sino de entenderla a cabalidad. Obrar con justicia, adherirse a la justicia, estar con la justicia equivale a estar con la verdad y no con las apariencias de la verdad. Es captar la idea y el propósito de la Ley y actuar conforme a la Ley de manera consciente. Esto conlleva atender al propósito, al espíritu de la Ley, antes que al cumplimiento estricto de la letra de Ley.  

En la Ley se prohibe matar y al que mate hay que llevarlo a juicio. Entonces Jesús va al meollo del mandamiento. Matar es lo opuesto del amor al prójimo. Por eso Jesús prohíbe cualquier expresión de desprecio o de rechazo del prójimo. Así dice, «Pero yo les digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano «imbécil», tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama «necio», merece la condena de la «gehenna» del fuego». La «gehenna» es el lugar de condena con un fuego que nunca se consume (Marcos 9,43). 

Notar: no es el hecho de decirle imbécil al otro, o de llamarle necio; se trata más bien de la pasión y la cólera y la animosidad ciega contra el otro. Esto es algo que deben tener presente los nacionalistas cristianos ultra derechistas, tanto como los católicos ultra conservadores, cuando se hacen de la vista larga o aun buscan justificar los desmanes y atrocidades que se cometen a nombre del autoritarismo fascista. Es lo que ya vimos en el pasado en la historia de los crímenes de las dictaduras militares en nuestro mundo hispano.

Por tanto, dice entonces Jesús, hay que buscar la conciliación con el hermano, con el prójimo, con el otro. Porque hasta se puede decir que los bochinches y las divisiones y los conflictos es algo natural entre los seres humanos (hombres y mujeres). Pero podemos superarnos y cumplir la Ley a consciencia, pidiendo perdón y cultivando el amor mutuo entre los hermanos en la fe. Así, «si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda». En las iglesias anglicanas, recordando esto, el saludo de la paz se asocia al momento de la presentación de las ofrendas o el Ofertorio de la misa. En la iglesia católica romana el saludo de la paz se asocia a la comunión, porque también hay que estar conciliado con los amigos y enemigos antes de ir a comulgar, porque no tiene sentido decir que uno ama a Dios mientras odia al prójimo, o al hermano.

Más adelante Jesús menciona el adulterio. Jesús entonces subraya que no se trata de un cumplimiento de la letra de la Ley, no basta con no cometer adulterio, porque habrá quien comete adulterio en su corazón, aunque no lo lleve a la práctica. La Ley del corazón de la Nueva Alianza es la de la rectitud de corazón. Podemos sentir, pero no hay que consentir. Podemos sentir la atracción o la tentación a desear e imaginar, pero no hay que consentir, aun en el interior de nuestros pensamientos. 

«Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”», dirá Jesús. Esto se puede tomar como una hipérbole, una exageración. Pero la enseñanza está clara: el cristiano debe ser una persona de buena intención, sin malicia. Y si no se siente así, debe cultivar la honestidad de propósito moral por amor al prójimo. Esto es algo que le resulta difícil de entender a más de un cristiano tradicionalista, evangélico o fanático de las apariencias beatas.

En este pasaje Jesús también rechaza tajantemente el divorcio. No hay razón para rechazar a la esposa. En este punto difiere de la Ley, que permitía el divorcio. Es que una mujer repudiada por el marido (si uno va al Deuteronomio el marido podía repudiar la mujer bajo cualquier pretexto, como en Deuteronomio 24,1) quedaba abandonada al desamparo y por eso pasaba hambre y muchas dificultades o se tenía que buscar otro hombre que la mantuviera, o hasta dedicarse a la prostitución. Probablemente por eso dice Jesús, «Yo les digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio». Notar que Jesús admite una excepción, acepta el divorcio «en caso de fornicación», es decir, de infidelidad. El punto es que no ha de buscarse el divorcio de manera frívola.

En la realidad y en la vida diaria lo normal es que el divorcio sea cosa seria y que no se busque el divorcio por frivolidad. Lo mismo podemos decir del aborto. Una cosa es repudiar el libertinaje sexual y otra, los casos de divorcio y de aborto, que normalmente no se dan por razones frívolas.

Podemos decir que en el conjunto de la enseñanza de Jesús está el llamado a la compasión, al perdón para el que no se merece perdón, tal y como Dios nos perdona a nosotros. Porque cualquiera de nosotros puede ser débil y cometer adulterio en nuestro corazón, cosas así. Mientras reconocemos el valor de ser decentes, sabemos que en un momento de debilidad podemos ser injustos. Dios prefiere el arrepentimiento y propósito de enmienda, antes que condenarnos. Los fariseos son los ciegos que no piensan sino en condenar.

Jesús también habla de los juramentos. Y en este punto nos exhorta a no jurar, ya. «Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno». Nos exhorta a un hablar sin dobleces (contrario a lo que gusta a más de un beato tradicionalista), un hablar de frente y honesto por su buena intención. Los cristianos deben ser gente decente y si no lo son, deben buscar reformar sus vidas para llegar a serlo. 

Invito a ver mis apuntes sobre las lecturas de este domingo, de años anteriores: 2023, 2020 (oprimir sobre el año). 


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