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Miércoles de Cenizas, 2026


Tradicionalmente celebramos la cuaresma como un tiempo de preparación para la celebración de la Pascua de Resurrección. Es un tiempo de revisión de vida, de conversión y de penitencia y arrepentimiento por nuestros pecados. Dura seis semanas. Pero se supone que no incluye los domingos, porque los domingos son siempre día de la Resurrección, la pequeña pascua semanal. Así, restamos 6 domingos y por eso le añadimos seis días a la cuaresma y de ahí que la comencemos un miércoles como hoy. 

La fe no se vive en el vacío, en un espacio abstracto. Se vive en la actividad de la vida diaria y en particular, junto a otros hermanos en la fe, en el grupo de la comunidad cristiana. La comunidad cristiana es el signo y realización —el sacramento— de nuestra fe y de nuestra salvación. De ahí la importancia de la parroquia y de las actividades en la parroquia. 

Las actividades de la parroquia van dirigidas a concretizar la fe de los cristianos. La eucaristía es la expresión más concreta de esa fe: no el pan eucarístico, sino la oración eucarística celebrada por el conjunto de los feligreses con el presbítero a la cabeza. La comunidad orante es el Cuerpo de Cristo orante. Cristo no es una cosa, sino que es la realidad viva de Jesús presente en todos nosotros como pueblo santo de Dios. 

Dios hizo del pueblo de Israel el medio para alcanzar a toda la humanidad. «Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa», dice Dios en Éxodo 19,6. En ese sentido todos los israelitas son sacerdotes y con el mismo sentido lo somos todos los cristianos. Es lo que nos dice 1 Pedro 2,5: «También vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo». 

Por eso todo cristiano es sacerdote y misionero del evangelio en virtud de su bautismo. Nuestra vida de fe se expresa en nuestra vida de oración (como en la oración sacerdotal y colectiva de la misa, de la oración eucarística), pero también se expresa en nuestro diálogo con los demás en la plaza pública, fuera del espacio del templo. 

Nuestra misión no consiste solamente en  atraer a las personas para que vengan a rezar el Viacrucis o el rosario o para que vengan a las procesiones de cuaresma. La comunidad no es una comunidad de santos, ni el pan eucarístico es sólo para los santos. La comunidad cristiana es una comunidad de fe que vive la fe en sus actividades parroquiales, pero que también la vive en el diálogo con los pecadores, con los marginados y los de «vida diferente». 

La actividad misionera no es solamente asunto de traer la gente al templo, sino también de que los que están en el templo salgan afuera al encuentro con los demás en el espacio en que están los demás, fuera del templo. 

Las actividades de la parroquia puede ser cosa de beatos o puede ser cosa de adultos cristianos. Es natural que en el colegio se den expresiones de la fe al modo infantil. Pero esa no puede ser la norma. Igual, un cristianismo sano no puede concentrarse en las expresiones beatas. 

Esta cuaresma, hagamos reuniones de reflexión —como los «retiros» de cuaresma— para planificar cómo la comunidad parroquial puede salir fuera de sí misma para dialogar con los que no son de nuestras mismas persuasiones. Igual, para ver cómo atendemos las necesidades de vida de los que tenemos al frente y que no vemos por estar obsesionados por nuestro «brand», la identidad «católica». Recordemos que Jesús no nos preguntará sobre nuestros rosarios y nuestras horas santas y nuestras adoraciones eucarísticas. Nos preguntará sobre cómo atendimos a los necesitados (Mateo 25,31). 

Hemos de dialogar, no para atraer a las personas a las expresiones beatas de la fe, sino al encuentro con Jesús, lo que lleva a lo que Jesús apuntó, al amor al prójimo. Si la oración no se asocia de alguna manera al amor al prójimo, algo no está bien ahí. 

La Iglesia no puede ser auto referencial y peor aun cuando se busca atraer a otros por subterfugios y manipulaciones como hacen algunos grupos sectarios tradicionalistas, algo deplorable. Si para empezar no partimos de respetar a los demás en lo que son, no partimos de unos presupuestos auténticamente cristianos. Si nuestra actividad misionera se mide sólo por la identidad católica, estaremos confundiendo las apariencias con la realidad. Ese fue el problema de los fariseos. Podemos salir a lo caminos a invitar a todo el que encontremos al encuentro con Jesús, desde su propia ubicación. 

Invito a ver mis apuntes del año 2021 (oprimir). 



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