Ir al contenido principal

Domingo 26 del Tiempo Ordinario, Ciclo B


En el evangelio de hoy Jesús invita a ser íntegros

En la primera lectura (Números 11,25-29) el espíritu del Señor desciende sobre los setenta ancianos designados por Moisés como jueces de Israel. Dos de los ancianos no estaban con el grupo en la Tienda del Encuentro, pero también fueron poseídos del espíritu de Dios y comenzaron a profetizar estando fuera de la Tienda del Encuentro. Se lo dicen a Moisés como algo a prohibirse, que profeticen fuera de la Tienda del Encuentro, y Moisés dice, «¡Ojalá todo el pueblo del Señor recibiera el espíritu del Señor y profetizara!». 

En la segunda lectura continúa la carta del apóstol Santiago que vamos leyendo estos domingos. Santiago denuncia a los ricos, pero no por ser ricos. No es la riqueza lo que es malo. Es la actitud de los que viven engañados por sus riquezas, esclavizados a sus riquezas. 

--El dinero es un medio al servicio de la vida, y no es que la vida hay que esclavizarla al dinero. El dinero debe estar al servicio del vivir en el temor del Señor: ese es el presupuesto de Santiago. 

--El apóstol denuncia cómo la esclavitud del dinero lleva a las personas a cometer todo tipo de injusticias contra los pobres.

--El apóstol demuestra su indignación ante los que viven obsesionados por su vida de lujo y riqueza y les anuncia que todo eso es vanidad y que el Día del Señor (para los efectos el día de su muerte) su riqueza misma y todas las injusticias que cometieron para tenerla y conservar sus lujos los condenará. 


En el evangelio de hoy vienen a decirle a Jesús que hay unos que expulsan demonios en su nombre, de la misma manera que en la primera lectura vinieron a decirle a Moisés que unos ancianos estaban profetizando fuera de la Tienda del Encuentro. Pero Jesús les dice, «quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro».

--Si uno invoca al Señor Jesús, es Jesús el que expulsa a los demonios. Jesús se hace presente al invocarlo, como en nuestras asambleas eucarísticas, en las que Jesús está presente por el mero hecho de reunirnos en su nombre. Es lo que también podemos decir de nuestros hermanos separados. 

En el evangelio Jesús añade a continuación algo que es tajante: si por alguna razón hay algo que te impide ser fiel a Dios tienes que cortar con eso de manera radical. Dice que, «si tu pie te induce a pecar, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies a la ‘gehenna’. Y, si tu ojo te induce a pecar, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios». 

--En la historia de la salvación Dios salió a nuestro encuentro para salvarnos y nos invitó a seguirle, siguiendo a Jesús. No merecemos la salvación, pero Dios en Jesús nos la ofrece de gratis. Pero eso no significa que podemos hacer lo que nos parezca, que ya Dios perdonará. Dios ofrece el perdón, sí, pero espera una conversión en nuestra conducta. Dios pone de su parte en su amor incondicional, pero también nosotros debemos corresponder al amor de Dios mediante nuestra conversión de vida. Si esa conversión de vida implica cortarnos la mano, que para bien sea.

--Claro, también pensamos que las palabras del evangelio (la referencia a arrancarse el ojo y cortarse la mano) son como las parábolas. Se trata de imágenes ilustrativas. Pero para algunas personas esto puede ser literalmente cierto, como en el caso de los mártires que ofrecieron su vida por la fe. 

……………….


Un último apunte. Vimos en la primera lectura a los que fueron poseídos del Espíritu fuera del campamento y en el evangelio vemos a los que expulsan demonios a nombre de Jesús sin ser parte del grupo reconocido de los seguidores de Jesús. Algo así podemos decir de la multiplicidad de iglesias cristianas. Todas comparten —compartimos— la fe común en Jesús, el Jesús de los evangelios. Reconozcamos la fe que nos une por encima de los detalles de nuestras diferencias.


Invito a ver mis apuntes (un tanto extensos) para este domingo, preparados en el 2018 (oprimir sobre el año). 


Comentarios

Entradas más populares de este blog

El ayuno de Jesús en el desierto

El Espíritu llevó a Jesús al desierto, "para ser tentado" (Mateo 4:1). Allí Jesús ayunó durante cuarenta días. En conmemoración de esos cuarenta días nosotros observamos la cuaresma. Jesús no necesitaba ayunar. Tampoco necesitaba ser bautizado en el Jordán. Se nos dice que esto fue así para nuestra edificación, para enseñarnos el camino. En los relatos del bautismo de Jesús en el Jordán (Marcos 1:9; Mateo 3:13; Lucas 3:21) siempre se deja sentir la presencia del Espíritu. Inmediatamente después del bautismo, Jesús es conducido al desierto por ese Espíritu. Si ayunó, fue por la inspiración del Espíritu. Si no tenía pecado, su ayuno no tenía un carácter penitencial o punitivo, como para pagar por sus pecados. Tampoco nuestro ayuno tiene que tener carácter penitencial, como si con nuestros actos pudiésemos agradar a Dios para conseguir el perdón de nuestros pecados. Cuando Jesús perdona en los evangelios, tampoco exige penitencia o castigo. Para que Dios exigiera castigo te...

Domingo 27 del Tiempo Ordinario, Ciclo C

  En el evangelio de hoy vemos el papel de la fe en nuestras vidas La primera lectura de hoy está tomada el profeta Habacuc (1,2-.2,2-4). El profeta está agobiado por los crímenes a su alrededor, por las contiendas entre su pueblo que llevan a la violencia. «Hasta cuándo Señor, pediré auxilio sin que me oigas», dice. El Señor responde: «El altanero no triunfará; pero el justo por su fe vivirá».  Este luego se convirtió en el lema de la Reforma protestante: el justo vivirá por su fe. Los estudiosos nos dicen (sigo las notas al calce de la Biblia de Jerusalén) que «altanero» también puede traducirse por «el que tiene el alma hinchada», que a su vez se entiende como «el que no tiene buena intención»; «que no tiene el alma recta», el engreído, el que está poseído de un orgullo excesivo. Los griegos hablaban del que padece hubris , el orgullo desmedido que lleva a la perdición. Son los que no son como el justo, que tiene el alma recta, que sólo piensa en Dios y el prójimo, como nos...

Domingo 28 del Tiempo Ordinario, Ciclo C

  En el evangelio de hoy vemos la curación de diez leprosos La primera lectura está tomada de 2 Reyes 5,14-17. Naamán, general del ejército arameo, padecía de lepra. Una muchachita al servicio de la señora de Naamán le sugirió que fuera a consultar con el profeta Eliseo para ver si se curaba. El profeta le mandó a decir que debía bañarse siete veces en el río Jordán y quedaría limpio. Y así fue; Naamán fue y se bañó siete veces y quedó curado. La primera lectura de hoy presenta su agradecimiento y su reconocimiento de Yahvé como verdadero Dios. Naamán entonces reconoce que no hay en toda la tierra otro dios más poderoso que el Dios de Israel. Entonces decide llevarse tierra para con ella hacerle un altar a Yahvé allá en su patria. Con el salmo 97 reaccionamos: Dios ha hecho maravillas, los confines de la tierra han contemplado la salvación que viene de Dios. Dios no es sólo el dios de Israel, sino que es Dios para toda la humanidad, para toda la tierra y así es como se ha revelado ...