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Domingo 3° de Cuaresma, Ciclo C




El evangelio de hoy nos cuenta (Lucas 13,1ss) que algunos de sus seguidores se acercaron a Jesús comentando sobre unos galileos que los soldados de Pilato mataron cuando estaban preparando un sacrificio. Jesús entonces les aclara: que hayan sufrido una muerte así no significa que eran más pecadores que los demás galileos.
El enfoque
Las narraciones de los evangelios pueden entenderse de varias maneras, todas ellas dentro del contexto más amplio de nuestra fe cristiana.
Los estudiosos hablan de unos como niveles arqueológicos. Está el sentido del momento primero; luego, la manera que se tomó el episodio posteriormente en diversas etapas del crecimiento del cristianismo. 
Atención: no hay que asumir que el hecho de poder entrever más de un sentido en las narraciones pueda estar en conflicto con nuestra vida de fe como cristianos.
Esta reflexión es la de uno que no es experto, ni estudioso de las Escrituras.
“No por eso eran más pecadores”
  1. Podemos comenzar por plantearnos la contestación que esperaban los que vinieron a Jesús con el cuento de la muerte de los galileos. Pensemos en lo que querrían decir los que le trajeron ese cuento.
    1. No sabemos:
      • El motivo que provocó que Pilato enviara soldados para matarlos.
      • Quiénes eran esos galileos, si unos rebeldes, o unos inocentes. 
      • Dónde fue que sucedió – en el templo de Jerusalén; acá en Galilea.
    2. “Si el río suena es porque agua trae” — algo tiene que explicar el suceso. 
      • Una posibilidad: esos galileos eran de un grupo rebelde contra Roma.
      • Segunda posibilidad: esos galileos no se metían con nadie pero Pilato era una persona viciosa y los hizo matar por nada. 
      • Como quiera que fuese, en ambos casos, su muerte a manos de los soldados era una señal de la ira de Dios. 
    3. El suceso de violencia recuerda las mismas invasiones que sufrió el pueblo de Israel a manos de potencias extranjeras que invadieron el territorio.
    4. Esas invasiones que trajeron soldados matando israelitas se dieron porque el pueblo de Israel le fue infiel a Dios y esa la manera con que Yahvé los castigó.
    5. Conclusión: la razón verdadera por la que esos galileos murieron fue en castigo por sus pecados. Si murieron de esa manera, es porque eran grandes pecadores. 
  2. Pero es que nadie está exento de pecado. Jesús les dice: no es que ellos eran más pecadores que los demás. Todos son pecadores. Nadie está exento de pecado. Ese es el punto. 
    1. Jesús les dice, “…si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo”.
    2. Les repite el mismo mensaje del Bautista: el momento de la ira de Dios se acerca, es inminente. Nadie puede sentirse seguro, todos somos reos de castigo — a menos que cambiemos de vida.
    3. “…si no os convertís…” — en las traducciones anteriores ponía, “…si no os arrepentís…”
    4. ¿Cuál es la diferencia entre “convertirse” y “arrepentirse”?
    5. El arrepentimiento es psicológico, no conlleva un cambio radical de vida. 
    6. La conversión es cambiar de vida, mudar la piel, como el drogadicto que deja el mundo de la droga. 
    7. La conversión no es sólo abandonar la droga. Es repudiar y abandonar el estilo de vida asociado con el mundo de la droga. 
  3. Así se entiende la polémica con los fariseos. Los fariseos no se consideraban merecedores del juicio de Dios. 

Jesús habla de la necesidad de convertirse. Eso no es lo mismo que “arrepentirse y hacer penitencia”. Me puedo arrepentir de algo que hice en el pasado, pero eso no borra lo que hice. Me puedo arrepentir y entonces, ¿qué hago? 
Otra cosa es convertirse, cambiar el enfoque o estilo de vida. Eso es lo que Jesús está diciendo. 

“Vengo a buscar fruto en esta higuera…”
En la segunda mitad del evangelio de hoy Jesús cuenta una parábola que no aparece en los otros evangelios. Presenta al dueño de una viña. Hay una higuera dentro de su viñedo. Pero la higuera no da fruto. Luego de varios años decide arrancarla. Pero el encargado del viñedo le dice que espere otro año más. 
La parábola entonces conecta con el tema anterior. El pueblo de Israel le ha sido infiel a Dios y lleva años sin dar fruto. Llega el momento en que Dios perderá la paciencia y arrancará de cuajo la higuera, es decir, al pueblo de Israel.

“La parábola no aplica a nosotros”
Cuando llega el momento de retirarse para algún administrador, a menudo él prepara un informe de logros antes de irse. ¿Que fui mal administrador? Cómo, si mira todo lo que logré en mis gestiones, dice el informe. 
Muchos cristianos podrían hacer lo mismo al momento de morir y presentarse al juicio divino. Podrían decir, aquí ves todo lo que repartí entre los pobres, todo lo que soporté con paciencia, toda la penitencia que hice. Nunca falté a misa los domingos, siempre confesé mis pecados, nunca le hice mal a nadie… No fui como ese que viene detrás de mi que fue un político corrupto, mujeriego, malicioso, borrachón, que nunca tuvo escrúpulos en abusar de sus secretarias, que no sé qué hace aquí ahora, debería estar ya en el infierno.
Qué tal si escuchan decir, “Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás”; “¿Te crees que el que viene detrás de ti es más pecador que tú? Te lo aseguro, que no”. En otras palabras, tú eres tan pecador como el que más. 

Y si no logras ver eso, no podrás ver la salvación. Padeces la ceguera de los fariseos, que son ciegos que guían a los ciegos. 


NOTA: Ver otros comentarios con motivo de las lecturas de este domingo: con fecha del 2016
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