Ir al contenido principal

Domingo 4º de Adviento, Ciclo B




El tema de este domingo es el cumplimiento de la Promesa y la Nueva Alianza

La primera lectura está tomada del libro 2º de Samuel capítulo 7,1-5.8b-12.14a.16. El rey David, ya establecido en su palacio, le pregunta al profeta Natán sobre la conveniencia de mandar a construir un templo para albergar el arca de la Alianza. Samuel le contesta que sí, que siga con su proyecto. Pero esa noche el profeta fue alertado por Dios de que no debía ser así. Que David no tenía necesidad de construir el templo.

Dios le anuncia a David por boca del profeta Natán que no necesita casa para habitar. No tiene sentido que él pretenda construirle un domicilio. 

Dios no habita en templos porque está en todas partes. 

Es lo que entendieron los judíos de la Dispersión cuando se encontraron sin templo. Entonces adoraron a Dios en las sinagogas y en los encuentros familiares. Nótese la celebración del sábado en familia. La mesa familiar es algo sagrado y las oraciones y alabanzas sustituyen los sacrificios del templo.  

Los cristianos entendieron lo mismo porque Jesús fue un judío y los primeros cristianos fueron judíos y todo el sentido de nuestra fe cristiana deriva de ser una variante del judaísmo. 

Le dice Dios a David por boca de Natán: «¿Eres tú quien me va a construir una casa para que habite en ella?» No; es Dios quien le construirá una casa a David y a su pueblo. Esto nos lo aclara en sus notas al calce la Biblia de Jerusalén. 

Dios le dice a David: «…cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mí presencia; tu trono permanecerá por siempre».

Según la Biblia de Jerusalén este texto es el punto de arranque para las promesas mesiánicas. 

Los pecados del pueblo fueron tantos, tan graves, que Dios echó a un lado sus promesas y su antigua alianza. Permitió que Israel fuera borrado de la faz de la tierra mediante la invasión de los asirios y los babilonios. Utilizó a los enemigos de Israel para acabar con ellos. 

Pero entonces Dios se arrepintió en vista a un resto fiel en Babilonia y estableció una Nueva Alianza que anunció mediante los profetas. 

El trono de David y la casa de David sería restablecido y se cumpliría lo que dijo Dios por boca del profeta Natán, lo que luego repitió en diversas ocasiones y por medio de otros profetas: nacería un varón que sería Emmanuel, «Dios con nosotros». 

Salmo responsorial: Respondemos a la primera lectura con los versos del salmo 88,2-3.4-5.27.29. Grande y maravillosa es la misericordia del Señor, que se mantiene fiel a su pueblo siempre: «Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades.» La fidelidad de Dios a su pueblo dura por siempre como lo anunció desde el principio y por eso cantamos las mismas palabra de Dios, «Le mantendré eternamente mi favor, y mi afianza con él será estable».

La segunda lectura está tomada de la carta de San Pablo a los Romanos 16,25-27. Este pasaje corresponde a la conclusión de la carta y es lo que llaman los estudiosos, una «doxología», o alabanza a Dios, «al Dios, único sabio, Jesucristo, la gloria por los siglos. Amén.»

Es una alabanza también motivada por la consideración de Jesús, Palabra del Padre, que nos revela la razón para nuestra existencia. Jesús es la revelación que fuera manifestada en los escritos de los profetas y que entonces habitó entre nosotros para mostrarnos el camino al Padre.  


El evangelio corresponde al pasaje del evangelio de San Lucas 1,26-38. El pasaje narra la Anunciación del Ángel. El ángel Gabriel es enviado por Dios a la casa de María, «una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David». El evangelista subraya que José desciende del rey David, de manera que Jesús será verdaderamente «hijo de David» y así confirmará el compromiso de Dios, de que el trono de David duraría para siempre. 

El ángel entró a la casa y saludó a la doncella: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Es el anuncio del júbilo mesiánico. Las promesas y la Promesa se cumplen. Son las mismas palabras que usamos al rezar el rosario: «Dios te salve María, llena eres de gracia…». 

Desde toda la eternidad María Virgen fue predestinada por el favor de Dios, igual que cada uno de nosotros. De la misma manera que el ángel vino a alertar a María del favor de Dios, la misma persona de Jesús es el anuncio del favor divino. María escuchó el mensaje y lo aceptó como cada uno de nosotros al ser llamados por la Palabra de Dios. No nos toca hacer otra cosa por nuestra salvación, sino hacer como ella, aceptarla y convertirnos a Dios, disponernos a vivir como él espera que vivamos. 

Por nuestra propia fuerza no podemos. Baste meditar en la vida de la Virgen a partir de ese momento, de ese anuncio, cuando ella aceptó de corazón lo que se le propuso. «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Escuchamos la Palabra y Dios nos cubre con su favor y nos fortalece, de la misma manera que favoreció siempre a los que le siguen.

El ángel le dice a la Virgen que el poder del Altísimo la cubrirá con su sombra y que por eso el fruto de su vientre, Jesús, será santo y será llamado Hijo de Dios. 

El ángel nos deja saber también a nosotros, que Jesús es el Hijo del Altísimo, que reinará sobre la casa de Jacob, sobre Israel, por los siglos de los siglos. 

La nueva circuncisión es el bautismo, del agua y del Espíritu. Esto es lo que encontramos en Pablo y su predicación a los Gentiles. Nosotros ahora también somos miembros de la casa de Jacob, el nuevo Israel, el Pueblo santo de Dios. 


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Domingo 18 del Tiempo Ordinario, Ciclo C

  En el evangelio de hoy Jesús nos recuerda la vanidad de las riquezas En los domingos anteriores Jesús le dijo a Marta que una sola cosa es necesaria en esta vida y María había escogido la mejor parte. Tradicionalmente esto se ha interpretado en el sentido de la vida de oración contemplativa, al menos en los últimos quinientos años. El episodio del evangelio de hoy parece confirmar esto. Pero no hemos de concebir el ideal de la vida cristiana como la de un llegar a ser ángeles. Tampoco tenemos que engreírnos como los fariseos pensándonos mejores que los demás. La primera lectura de hoy está tomada del primer capítulo del Eclesiastés (Qohéleth). Comienza diciendo que todo es vanidad, ese afanarse por la sabiduría y la ciencia, tanto como afanarse por comer y beber, porque todo termina al final con la muerte. Para qué afanarse por los bienes y riquezas de este mundo, si al final todo desaparece, todo se pierde.  Con el salmo responsorial (salmo 89) respondemos a la primera lect...

Domingo 19 del Tiempo Ordinario, Ciclo C

  En el evangelio de hoy Jesús nos exhorta a estar preparados para la llegada del Señor Las lecturas de hoy continúan el tema del domingo pasado. Las cosas de este mundo son bienes pasajeros, porque un día fallecemos y todo se esfuma. Cada uno es como un soplo que se disuelve en el aire. Somos como las plantas y las flores que florecen y luego se marchitan y desaparecen. La vida es como un sueño y las cosas y los bienes por los que nos afanamos se hacen sal y agua entre las manos.  La primera lectura está tomada del libro de la Sabiduría 18,6-9. Recuerda la noche de pascua, del paso del Señor en Egipto, cuando los hebreos fueron liberados de la esclavitud mientras el ángel del Señor exterminaba a los primogénitos de los egipcios. «La noche de la liberación les fue pre anunciada a nuestros antepasados,» dice. El pueblo esperaba con ansia esa liberación que Dios ahora efectuaba. Eso es un anticipo también de la situación de nosotros, los cristianos, que esperamos la liberación a...

Domingo 17 del Tiempo Ordinario, Ciclo C

  En el evangelio de hoy Jesús le enseña el Padrenuestro a sus discípulos En la primera lectura (Génesis 18,20-32) Dios habla con Abrahán. Le dice que tiene la intención de destruir las ciudades de Sodoma y Gomorra. Abrahán entonces suplica a Dios que no lo haga y al final Dios accede a no destruir a Sodoma si al menos aparecen diez hombres justos (inocentes). En esta primera lectura vemos el tema de la oración como nuestro dialogar con Dios y nuestro presentarle nuestras peticiones a Dios. Dios escucha nuestras súplicas.  En el canto responsorial (salmo 137) agradecemos a Dios que nos escucha y lo alabamos por su bondad y misericordia. En la segunda lectura continuamos la lectura de la carta de san Pablo, Colosenses 2,12-14. Dios canceló nuestras culpas y de pecadores que éramos nos aceptó al clavar nuestras deudas sobre la cruz para darnos vida, vida eterna con él en la resurrección. El evangelio continúa la lectura del evangelio de Lucas 11,1-13. Estando Jesús en oración lo...