Ir al contenido principal

Domingo 27 Tiempo Ordinario Ciclo B

 


El tema de este domingo es el matrimonio como indisoluble.

La primera lectura corresponde a la narración del Génesis que describe la creación de Eva a partir de la costilla de Adán. 

Dios trabaja como un alfarero haciendo los animales. Entonces pone a Adán a darle nombre a cada animal. Dios es como un hacendado con su mayordomo. También es como un padre que le confía su hacienda a su hijo.

Dios dice que Adán no debe estar solo y por eso le va a crear una compañera que será carne de su carne.


El salmo responsorial canta la bondad del matrimonio. "Tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa; tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa"


En la segunda lectura tenemos la continuación de la carta a los Hebreos. Se enfatiza la glorificación de Jesús mediante su Pasión y que todos somos hermanos de él y también hijos del Padre. Somos como los niños que se acercaron a Jesús.


En el evangelio Jesús se opone tajantemente al divorcio, al ser consultado por sus discípulos. El texto finaliza con los niños que se acercan  y Jesús que le dice a sus discípulos, "Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entra­rá en él."

Los lectores pueden ver a mis apuntes del 2018, para este domingo -- aquí. Van a más detalles.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Domingo 28 del Tiempo Ordinario Ciclo A

  En el evangelio de hoy Jesús presenta la parábola de los convidados a una boda. La primera lectura es de Isaías 25,6-10. El profeta anuncia los tiempos mesiánicos cuando Dios ofrecerá un gran festín sobre el monte Sión, para todos los pueblos. Dios «aniquilará la muerte para siempre. El señor enjugará las lágrimas de todos los rostros». En aquellos tiempos felices todos los pueblos conocerán la salvación. Esta imagen del banquete mesiánico es la que usará Jesús en la parábola del evangelio de hoy. Respondemos a la primera lectura con versos del salmo 23(22), el salmo del Buen Pastor. «El Señor es mi pastor, nada me falta…». Más adelante: «Preparas una mesa ante mí…me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa». Es una imagen de la felicidad futura, «…y habitaré en la casa del Señor por años sin término». La segunda lectura continúa con Filipenses 4,12-14.19-20. San Pablo agradece las ayudas y el apoyo que recibió de los filipenses. Dice que sabe vivir lo mismo cuando hay, que ...

El ayuno de Jesús en el desierto

El Espíritu llevó a Jesús al desierto, "para ser tentado" (Mateo 4:1). Allí Jesús ayunó durante cuarenta días. En conmemoración de esos cuarenta días nosotros observamos la cuaresma. Jesús no necesitaba ayunar. Tampoco necesitaba ser bautizado en el Jordán. Se nos dice que esto fue así para nuestra edificación, para enseñarnos el camino. En los relatos del bautismo de Jesús en el Jordán (Marcos 1:9; Mateo 3:13; Lucas 3:21) siempre se deja sentir la presencia del Espíritu. Inmediatamente después del bautismo, Jesús es conducido al desierto por ese Espíritu. Si ayunó, fue por la inspiración del Espíritu. Si no tenía pecado, su ayuno no tenía un carácter penitencial o punitivo, como para pagar por sus pecados. Tampoco nuestro ayuno tiene que tener carácter penitencial, como si con nuestros actos pudiésemos agradar a Dios para conseguir el perdón de nuestros pecados. Cuando Jesús perdona en los evangelios, tampoco exige penitencia o castigo. Para que Dios exigiera castigo te...

Domingo 6 del Tiempo Ordinario Ciclo A

En el evangelio de hoy Jesús confirma que no ha venido a abolir la Ley, sino que vino a aclarar la manera de cumplir la Ley. Jesús no vino a juzgar, ni a condenar. Vino a enseñarnos el camino a la vida eterna. Recordemos lo que también sabemos por otros lugares de los evangelios: la ley se resume en el amor al prójimo, ese es el sentido y el meollo de la Ley. Esa es la expresión de nuestra relación con Dios, Supremo Bien. La primera lectura es de Sirac (Eclesiástico) 15,16-21. Con ella se afirma la libertad que todos tenemos para hacer el bien: «Si quieres, guardarás los mandamientos,» dice. Más adelante termina, «A nadie [Dios] obligó a ser impío». Está de nuestra parte reconocer la sabiduría de los mandamientos, la sabiduría de la Ley. Está de nuestra parte reconocer el valor de amar al prójimo, de reconocer la dignidad del otro, de ser una persona decente, respetuosa de los demás y de lo que es justo.  Sin eso de presupuesto —ser persona decente, reconocedora del valor de la Ley...