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La Epifanía


No hay que esperar a ver a Jesús en la cruz. Ya se nos revela como nuestro Salvador en su nacimiento, en la encarnación. Este misterio de la encarnación redentora de Dios es celebrado de manera triple, desde tiempos antiguos: en la Adoración de los Magos, el Bautismo en el Jordán, y la transformación del agua en vino en las bodas de Caná.

•   Por el Bautismo en el Jordán, Jesús se le revela a los judíos;

•   por el milagro de las Bodas de Caná, Jesús se le revela a los discípulos;

•   con la Adoración de los Magos, el Mesías se revela a todos nosotros.
(Ver esta  idea en el comentario para el día de la Epifanía, 2008, en
http://www.evangeliodeldia.org/)

 

Dios, que de muchas maneras se nos había revelado, finalmente se nos reveló en la persona de Jesús. Hubo que esperar a la resurrección en su cuerpo glorioso para confirmar nuestra fe. Pero ya desde esos primeros acontecimientos – el Bautismo, Caná y los Magos – se estuvo haciendo presente. Luego, en todos los milagros dejó saber quién era. Cuando Juan desde la cárcel manda a preguntar si era el Mesías Jesús le mandó decir: “los cojos caminan, los ciegos ven; los leprosos son limpiados y los muertos son resucitados y a los pobres es anunciado el evangelio y bienaventurados todos los que reciben la Palabra de Dios y que no se escandalicen por mí”. (Mateo 11:5s)

Así, la vida toda de Jesús reveló el mensaje del Padre, de la llegada del consuelo para los enfermos y los pecadores y el anuncio para todo el que esté dispuesto a creer y esperar, de un mundo mejor, en el Reino llegado desde los cielos. Imagen de ese Reino es la purificación en las aguas del Jordán, que son como las aguas bautismales santificadas por la inmersión de Jesús y que nos limpian de nuestros pecados y limitaciones. Imagen de ese Reino son también las bodas de Caná, como anticipo del banquete o la celebración eterna más allá de la resurrección, atestiguada por el mismo Jesús en sus apariciones pascuales.

Los Magos somos nosotros, que viendo ese recién nacido tan humano y tan débil, sin embargo tenemos fe y creemos que Dios verdaderamente vino a estar con nosotros revestido de un organismo corporal como el nuestro.

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