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DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCION -- María Magdalena, primer testimonio de la resurrección





La resurrección es parte integral del Misterio pascual.

Durante la Edad Media la celebración del Misterio pascual se truncó.




La Pasión y la Resurrección, una va con la otra en el Misterio pascual.

Quedarse en el calvario no nos lleva a entrar en el misterio pascual. 

Baste pensar en el énfasis que se le ha dado al bautismo después del Concilio Vaticano Segundo. Eso fue resultado de la vuelta a las fuentes, a los orígenes de nuestra fe.

Reflexionar antes de seguir.


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¿Esperaría María Magdalena la resurrección?



Visualicemos el desenlace final. 
Cornelius Schift, Descendimiento, escuela de Rubens

Meditemos un momento en la escena completa: Cristo siendo descolgado de la cruz la tarde del Viernes Santo. 


Deposición de la cruz, Caravaggio



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María Magdalena había sido liberada de siete demonios, por Jesús. (Lucas 8:2) 





Quizás se trató de los siete pecados capitales como siete demonios que acosan nuestra voluntad: soberbia (sobre todo, eso, el orgullo), avaricia (la vanidad de sentirse rico y poderoso, la idolatría del dinero), lujuria, ira, gula, envidia, pereza.

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Podemos ensayar la idea de que ni ella, ni los discípulos, esperaban la resurrección. 



Giotto, colocación en el sepulcro



Para los efectos, Jesús era otro profeta fracasado más. 

Es como si en una película el héroe perdiera y los villanos se salieran con la suya. 

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Pero su muerte no invalida lo que él dijo, pensarían. Su predicación no queda descalificada porque lo hayan condenado a muerte. Él no hablaba de un reino político, hablaba del Reino.

Pensarían: mañana nos levantamos a predicar la necesidad de convertirnos de una vida alejada de Dios. Y los primeros que necesitan convertirse son los fariseos.

Los antiguos seguidores del Bautista dirían: mañana seguiremos bautizando en el Jordán. Ya perdimos a Juan cuando le cortaron la cabeza. Ahora perdimos a Jesús. Pero Dios no se olvida de su pueblo.

Dios no se olvida de su pueblo.

Y el fin está cerca.

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Pero había que esperar las veinticuatro horas de la Pascua; o, quizás, las veinticuatro horas del sábado. En sábado no se podía uno mover. Los fariseos calculaban hasta el número de pasos que era permitido dar. 

Y el primer día de la semana, lo que sería el lunes para nosotros, se fue la Magdalena a sacar afuera el cuerpo para poder embalsamarlo, como se pudiera. Es el tipo de cosa que puede hacer una mujer, que no razona como los hombres.

Pedro le hubiese dicho, “Eso de ir a hacerle una embalsamación a tu manera es un disparate. A quién se le ocurre. No quedará bien hecho y eso de estar bregando con el cuerpo de un hombre con esas heridas, que ya deben estar con gusanos.”

“Esto se acabó. Hay que mirar al frente y dejar atrás lo que quedó atrás,” añadiría.


Pero una mujer no piensa así. Puede que se dé de bruces con la realidad, pero entre tanto ella se empeña en su idea. Y va de madrugada a donde enterraron a Jesús.



Rubens, Resurrección


Y María Magdalena horas más tarde llega diciendo que el cuerpo no está en la tumba y que, además, se encontró a Jesús caminando por allí, que lo confundió con el jardinero.

La reacción pudo ser, “Por favor, esta mujer está loca, está delirando”.

Algo hubo en lo que dijo que hizo que Pedro y los discípulos creyeran.

Y de ahí para abajo siguieron sumándose otros que también creyeron. Hasta el día de hoy.
Rembrandt, Cristo resucitado y la Magdalena
Rembrandt, Cristo Resucitado se acerca a María Magdalena en la madrugada del 1er día.



Que María Magdalena haya sido la primera en anunciar la resurrección le da veracidad al relato. 

Si hubiese sido un cuento inventado, no hubiesen puesto a una mujer al centro del asunto.

Es lo que uno puede pensar.

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La resurrección de Jesús confirma que ya estamos en los tiempos mesiánicos.

No hay que esperar más. Jesús vive, con su cuerpo glorificado, igual que la Virgen y los apóstoles y el Buen Ladrón. 

Ellos van adelante, al frente del pueblo de Dios en marcha.


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