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Domingo 16 del Tiempo Ordinario, Ciclo B




La primera lectura para este domingo está tomada del Libro de Jeremías 23,1-6. Al comienzo de este pasaje el profeta Jeremías se lamenta de los pastores que han permitido que las ovejas se dispersen. Es una imagen de Dios quejándose por la mala administración de los reyes y los sacerdotes que permitieron que el pueblo se desviara de sus tradiciones. La culpa de la infidelidad del pueblo la tienen los pastores. 
Por tanto, la culpa del desastre nacional (la desaparición de Israel y de Judá) y de la dispersión del pueblo no es del pueblo. Es de los pastores que no fueron administradores. Por eso, dice ahora Dios, “Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas, de todos los países adonde las había expulsado, y las haré volver a sus praderas, donde serán fecundas y se multiplicarán”.
Dios mismo volverá a ser el pastor de Israel. Traerá a todos los de la Dispersión a la Tierra Prometida otra vez. Dios mismo hará que aparezcan nuevos pastores que los llevarán por los caminos correctos. También hará que aparezca un retoño del linaje del rey David, “él reinará como rey y será prudente, practicará la justicia y el derecho en el país”. Todos alabarán a Dios reconociendo que “El Señor es nuestra justicia”.
Así, la primera lectura anuncia los tiempos mesiánicos. También anuncia la tercera lectura, el evangelio, a Jesús en la tarea, con sus discípulos, reuniendo a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Recordemos que a Galilea se le llamaba “Galilea de los gentiles”, es decir, “la tierra de Israel que ahora es territorio de paganos”.

El salmo responsorial canta los versículos del Salmo 23(22),1-3a.3b-4.5.6. Con estos versículos respondemos a la primera lectura, con el salmo del Buen Pastor: “El Señor es mi pastor, nada me puede faltar…”. Nosotros somos también animales perdidos en el monte. Pero Dios viene a buscarnos y nos trae a la seguridad de su justicia.

La segunda lectura continúa con la Carta de San Pablo a los Efesios 2,13-18 que hacemos en lectura continua durante estos domingos. Este pasaje por casualidad coincide con el tema que estamos viendo como hilo conductor para este domingo. Trata sobre la reunión de judíos y gentiles en un solo pueblo: “Pero ahora…”
Dios en Cristo decidió que al pueblo hebreo se pudiesen incorporar todos. Toda la humanidad puede unirse a su rebaño y en Cristo nos estableció a todos como pueblo santo en la fe. “Porque Cristo es nuestra paz; él ha unido a los dos pueblos en uno solo, derribando el muro de enemistad que los separaba, y aboliendo en su propia carne la Ley con sus mandamientos y prescripciones. Así creó con los dos pueblos un solo Hombre nuevo en su propia persona…”

El evangelio de hoy continúa la lectura de San Marcos en el capítulo 6,30-34. En la lectura del domingo pasado los apóstoles salieron enviados por Jesús. Ahora vuelven y le cuentan lo que habían hecho y enseñado. El les dice que vengan con él a un lugar apartado, donde no haya tanta gente. Parecería que la gente les sigue por todas partes y les importuna continuamente pidiendo ayuda, socorro, al punto que ellos no tienen tiempo ni para comer. 
Se montan en una barca y se retiran a un lugar apartado. Pero la gente nota en qué dirección van y se mueven para recibirlos al otro lado, cuando desembarquen. Jesús desembarca y no puede menos que compadecerse, “porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato”.
Comentario breve
Jesús llega para rescatar y reunir a las ovejas perdidas del pueblo hebreo, del pueblo de Israel. Da por sentado que es un pueblo en necesidad de conversión, que se ha prostituido como siempre lo hizo en antaño, con las costumbres, creencias y prácticas de los extranjeros. Han olvidado su propia identidad de pueblo, que se expresa en sus propias costumbres, creencias y prácticas. 
Por eso son ovejas perdidas, por haber errado el camino y andar por lo montes desperdigadas y confundidas. A ellas les llamó el Bautista y ahora Jesús y sus discípulos. Pareciera que el mensaje del Bautista fue a nivel individual, de preparase cada uno para el final. Ya pronto llegan los ángeles de Dios a separar el trigo de la cizaña para hacer una gran hoguera con la yerba mala. 
Jesús por su parte anuncia que el Reino ya ha llegado. La conversión de vida es ya entrar en el Reino y en concreto, esto se expresa en la fe como puerta a los milagros y la expulsión de los demonios. Planteo esto como aficionado, no como experto.
Los que han ingresado al Reino ya no son judíos impíos. Respetan a Dios, a la ley, pero con sensatez. El pasaje del evangelio de hoy puede ser antiguo, y todavía no incluye el elemento de pertenecer a la comunidad, también como una imagen de vivir ya en el Reino. 
Pero en pasaje de hoy sí encontramos que hay un grupo de escogidos, los discípulos y los Doce, que se encargan de seguir transmitiendo este anuncio de la llegada del Reino, a todo el que llega. Y Jesús mismo, al final del pasaje de hoy, él mismo anuncia el mensaje a los que vienen a escuchar. 



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