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Domingo 20, Tiempo Ordinario, Ciclo A

 

Anónimo, comienzos del siglo 17


La primera lectura de hoy está tomada del profeta Isaías 56,1.6-7. Anuncia los tiempos mesiánicos: «mi salvación está para llegar, y se va a revelar mi victoria.» Por eso, porque la salvación de Dios ya llega, «Guardad el derecho, practicad la justicia». El día de la llegada del Señor será motivo de lamento para los malos, pero será motivo de alegría para los buenos. La salvación de Dios no es sólo para los judíos, sino que es para todos los pueblos. Los extranjeros que se han dado al Señor también, a ellos Dios los traerá a Jerusalén sobre su monte santo, el monte Sión, para servirle. «…los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa de oración, aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos.»

En su intención original, es una especulación mía, el pasaje posiblemente se refiere al sometimiento de los pueblos extranjeros al reino futuro de David. Recordemos que la redacción es una mezcla de proposiciones que se dieron como anuncios proféticos relacionados al Exilio babilonio. Esto es lo que sugiere la línea que dice, «A los extranjeros que se han dado al Señor, para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores, que guardan el sábado sin profanarlo y perseveran en mi alianza…».

Pero ese sometimiento significará alegría, porque el reino de Yahvé, a diferencia de los otros reinos, no es un régimen de arbitrariedades y de injusticias. En el conjunto de los anuncios mesiánicos está claro que el reino de Dios será uno de justicia. Someterse al reino no es una obligación, sino una ilusión. 

Quizás de esa manera fue que se invitó a la conversión al judaísmo, a los sirvientes de los judíos en la Diáspora (la Dispersión por todos los pueblos del mundo). Hasta el día de hoy esa invitación está ahí y más de uno de los gentiles (de los goyim) se circuncida como señal de conversión. 

Así fue que al momento de la primera predicación de los apóstoles ya había gentiles («paganos») conversos al judaísmo, que se pasaron entonces al cristianismo.

En torno a eso fue que también se dio la controversia entre los judaizantes y San Pablo en Hechos de los apóstoles. Pablo les insistió que el bautismo es la nueva circuncisión; que por lo tanto no hay que circuncidarse, ni seguir las reglas dietéticas. «Que el Reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo.» –dirá San Pablo en Romanos 14,17.

En ese ambiente es que podemos leer la anécdota del pasaje de la narración del evangelio de hoy. Una mujer no judía demuestra una gran fe en Jesús.



El salmo responsorial responde a la primera lectura con versículos del salmo  66,2-3.5.6.8. «Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra.»


La segunda lectura de hoy continúa la lectura de la carta de San Pablo a los Romanos en el capítulo 11,13-15.29-32. Pablo continúa en su discusión con los judaizantes. En los versículos anteriores les dice que Dios permitió que Israel se descarrilara y cita Deuteronomio 29,3: «Pero hasta el día de hoy no os había dado Yahveh corazón para entender, ojos para ver, ni oídos para oír.» 

Pero ese embotamiento y ceguera de espíritu es hasta el día de hoy. Porque ahora ha llegado la revelación de Jesús como palabra del Padre, la que se anunció por los profetas. A pesar de eso, muchos judíos y helenistas judaizantes siguen con el espíritu embotado.

Dios reprueba de ellos y por eso envió su salvación. Jesús vino para aclarar y orientar y enseñar el verdadero camino. Por eso Pablo dice, «Si su reprobación es reconciliación del mundo, ¿qué será su reinte­gración sino un volver de la muerte a la vida?» 

Esto es, si Dios reprueba la infidelidad y equivocaciones de Israel, entonces eso es lo que motiva a Dios para venir a nuestro rescate. Por eso es que su reprobación, la reprobación de Israel, equivale a la reconciliación que Dios ofrece, ahora para el mundo entero. Para los judíos y judaizantes incorporarse a esa reconciliación es reintegrarse al pueblo de Dios, una resurrección, un volver de la muerte a la vida.

Por eso los judíos y judaizantes que ahora son rebeldes, ellos también alcanzarán misericordia. 


El evangelio de hoy continúa la lectura de San Mateo, en el capítulo 15,21-28. Jesús se retira al país de Tiro y Sidón, lo que es hoy día el Líbano. Entonces una mujer cananea se acerca para suplicarle que la ayude, porque su hija está poseída de un demonio muy malo. Jesús le contesta con el silencio. Parece que sigue caminando, porque los discípulos le dicen, «Atiéndela, que viene detrás gritando.»

Es posible que ella venía acercándose desde lejos, porque el evangelista dice, «Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió de rodillas». Jesús le había dicho a los discípulos que él sólo había llegado para atender a las ovejas descarriadas de Israel, que por eso no quería atenderla. 

Jesús le habló duramente a la mujer. «No está bien echar a los perros el pan de los hijos,» le dijo. Pero la mujer le insistió: «también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos». Admirado, Jesús entonces le dijo, «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija».


Comentario

  • La mujer era cananea. Era como si una mujer palestina se acercara a un rabino judío hoy día. En toda la historia de Israel los cananeos eran los habitantes nativos de la región, a los que había que matar, marginar, sacar de allí. Eran los que tentaban a los israelitas para que adoraran a los baales y se prostituyeran con sus dioses, por no decir que también con sus mujeres. Recordemos el caso del rey Ajab sometido a los «embrujos» de su mujer Jezabel, cananea, que lo llevó a adorar a los baales.
  • La mujer representa también…
    • …la humildad y la insistencia con que tenemos que acercarnos a Dios en nuestras necesidades. 
    • …la fe que caracterizó a aquella mujer; su fe en Jesús, la solución para su vida; nos podemos preguntar hasta qué punto vemos a Jesús de la misma manera.
    • …la conversión de los cananeos y con ellos, los gentiles, los paganos.
  • Y una vez más: el Reino de Dios, que es el equivalente al pueblo de Israel. 
    • Al Reino ingresamos por la fe, igual que la mujer cananea.


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