Ir al contenido principal

Domingo 17 del Tiempo Ordinario, Ciclo C

 

William H. Hunt, El vecino impertinente

El tema de este domingo es la oración.

En el evangelio de hoy Jesús nos anima a pedir en nuestra oración, al punto de ser impertinentes. Dios conoce nuestras necesidades y sabe lo que nos conviene. Pero eso no quita que insistamos en pedir lo que sentimos que necesitamos cuando parece que Dios no se acuerda de nosotros. 

En la primera lectura de hoy Abrahán regatea con Dios como un árabe que regatea el precio de las aceitunas en el mercado. Dios es nuestro padre y nuestro amigo y hermano. Podemos regatear con él en confianza.

Los favores que Dios nos concede, no nos lo merecemos porque somos unos granujas, en el fondo. Todos hemos sido malos y todos decimos una cosa y pensamos otra, o dentro de un rato pensamos otra cosa. Años atrás el presidente Jimmy Carter (cristiano de los buenos) le confesó a los periodistas que él también había mirado mujeres con malicia y hubo un escándalo de veinticuatro horas. Igual que los fariseos, los periodistas y muchos otros se escandalizaron. Para juzgar a otros hay que sentirse santo y como eso es falso, de ahí que hayan fariseos.

Dios evoca en nosotros el amor y la oración confiada. Nos puede dejar abandonados en un momento dado porque no nos debe nada. Dejó abandonado a Jesús en su pasión y muerte. Así nos enseñó que al vernos abandonados no tenemos derecho a quejarnos. Pero sí podemos tener la fe y la esperanza firme de que Dios vendrá a nuestra rescate, de la misma manera que resucitó a Jesús. 

Por eso podemos insistir en nuestra oración. No nos merecemos el rescate, pero tenemos la fe y la esperanza de que Dios no se olvida de nosotros, y lo sabemos porque él nos lo dejó saber en Jesús. 

El testimonio de nuestra fe es el amor al prójimo y la vida en la comunidad cristiana. "Si Dios no existe, todo está permitido", dijo un autor. Si Dios no existe qué más da, no hay para qué considerar al otro, a los demás. Pero si tenemos fe, entonces tiene sentido considerar a los demás y ver en el otro (al necesitado, igual que uno) el rostro de Jesús. Las buenas obras no nos justifican, pero sí son la evidencia de nuestra fe y nuestra esperanza. A Dios no lo vemos, como dijo San Juan (1Juan 4,20), pero al prójimo sí lo vemos. Para eso vino Jesús, para mostrarnos el camino. 


Invito a ver mis apuntes de años anteriores: los del 2019, más breves; los del 2016, más detallados.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

El ayuno de Jesús en el desierto

El Espíritu llevó a Jesús al desierto, "para ser tentado" (Mateo 4:1). Allí Jesús ayunó durante cuarenta días. En conmemoración de esos cuarenta días nosotros observamos la cuaresma. Jesús no necesitaba ayunar. Tampoco necesitaba ser bautizado en el Jordán. Se nos dice que esto fue así para nuestra edificación, para enseñarnos el camino. En los relatos del bautismo de Jesús en el Jordán (Marcos 1:9; Mateo 3:13; Lucas 3:21) siempre se deja sentir la presencia del Espíritu. Inmediatamente después del bautismo, Jesús es conducido al desierto por ese Espíritu. Si ayunó, fue por la inspiración del Espíritu. Si no tenía pecado, su ayuno no tenía un carácter penitencial o punitivo, como para pagar por sus pecados. Tampoco nuestro ayuno tiene que tener carácter penitencial, como si con nuestros actos pudiésemos agradar a Dios para conseguir el perdón de nuestros pecados. Cuando Jesús perdona en los evangelios, tampoco exige penitencia o castigo. Para que Dios exigiera castigo te...

Domingo 27 del Tiempo Ordinario, Ciclo C

  En el evangelio de hoy vemos el papel de la fe en nuestras vidas La primera lectura de hoy está tomada el profeta Habacuc (1,2-.2,2-4). El profeta está agobiado por los crímenes a su alrededor, por las contiendas entre su pueblo que llevan a la violencia. «Hasta cuándo Señor, pediré auxilio sin que me oigas», dice. El Señor responde: «El altanero no triunfará; pero el justo por su fe vivirá».  Este luego se convirtió en el lema de la Reforma protestante: el justo vivirá por su fe. Los estudiosos nos dicen (sigo las notas al calce de la Biblia de Jerusalén) que «altanero» también puede traducirse por «el que tiene el alma hinchada», que a su vez se entiende como «el que no tiene buena intención»; «que no tiene el alma recta», el engreído, el que está poseído de un orgullo excesivo. Los griegos hablaban del que padece hubris , el orgullo desmedido que lleva a la perdición. Son los que no son como el justo, que tiene el alma recta, que sólo piensa en Dios y el prójimo, como nos...

Domingo 28 del Tiempo Ordinario, Ciclo C

  En el evangelio de hoy vemos la curación de diez leprosos La primera lectura está tomada de 2 Reyes 5,14-17. Naamán, general del ejército arameo, padecía de lepra. Una muchachita al servicio de la señora de Naamán le sugirió que fuera a consultar con el profeta Eliseo para ver si se curaba. El profeta le mandó a decir que debía bañarse siete veces en el río Jordán y quedaría limpio. Y así fue; Naamán fue y se bañó siete veces y quedó curado. La primera lectura de hoy presenta su agradecimiento y su reconocimiento de Yahvé como verdadero Dios. Naamán entonces reconoce que no hay en toda la tierra otro dios más poderoso que el Dios de Israel. Entonces decide llevarse tierra para con ella hacerle un altar a Yahvé allá en su patria. Con el salmo 97 reaccionamos: Dios ha hecho maravillas, los confines de la tierra han contemplado la salvación que viene de Dios. Dios no es sólo el dios de Israel, sino que es Dios para toda la humanidad, para toda la tierra y así es como se ha revelado ...