Ir al contenido principal

Domingo 24 del Tiempo Ordinario, Ciclo C



El tema de hoy es la alegría por un pecador que vuelve a Dios

Podemos imaginar el punto de vista de Dios con las lecturas de hoy. "Hay más alegría en el cielo por un pecador arrepentido, que por noventa y nueve justos," dice Jesús. Podemos pensar tanto en la alegría de Dios, como en la alegría del pecador.

En la primera lectura el pueblo se fabrica un ídolo y Dios está listo para borrarlos a todos de la faz de la tierra. 

Cuando corremos tras los ídolos como el dinero, la fama, lo mío primero, así; hacemos como los israelitas. Merecemos que Dios nos borre de la existencia. Cuán no será su alegría al ver que caemos en cuenta de nuestras idolatrías y nos volvemos a él. 

Esa actitud de arrepentimiento la encontramos en la segunda lectura tomada de San Pablo. 

En la tercera lectura, el evangelio, encontramos unas parábolas que parecen presentar ese tema: Dios nos da libertad para decidir y nos podemos "perder", alejar. Pero no importa cuán lejos estemos, Dios está dispuesto a recibirnos de nuevo, no se enchisma y se cierra a nosotros. La alegría que siente Dios por nuestra vuelta a la casa del Padre es la que encontramos en estas parábolas. 

Algo de esto encontramos en un himno en inglés, bastante trillado, pero que podemos ver que expresa esa alegría del pecador que se siente acogido por Dios: Amazing Grace, que también puede buscarse en la Internet en distintas versiones en español. Buscando así me encontré la de Jennifer Hudson en el funeral de Aretha Franklin. Fue interesante ver escrito sobre el podio "Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo". Y fue interesante ver a los pastores ("elders") sin prestar atención a lo que es verdadero culto. Puede que mi percepción está equivocada. Eso sí, todos somos Iglesia.

Invito a ver mis apuntes del 2019 (pinchar), con más detalle sobre las lecturas.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Domingo 28 del Tiempo Ordinario Ciclo A

  En el evangelio de hoy Jesús presenta la parábola de los convidados a una boda. La primera lectura es de Isaías 25,6-10. El profeta anuncia los tiempos mesiánicos cuando Dios ofrecerá un gran festín sobre el monte Sión, para todos los pueblos. Dios «aniquilará la muerte para siempre. El señor enjugará las lágrimas de todos los rostros». En aquellos tiempos felices todos los pueblos conocerán la salvación. Esta imagen del banquete mesiánico es la que usará Jesús en la parábola del evangelio de hoy. Respondemos a la primera lectura con versos del salmo 23(22), el salmo del Buen Pastor. «El Señor es mi pastor, nada me falta…». Más adelante: «Preparas una mesa ante mí…me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa». Es una imagen de la felicidad futura, «…y habitaré en la casa del Señor por años sin término». La segunda lectura continúa con Filipenses 4,12-14.19-20. San Pablo agradece las ayudas y el apoyo que recibió de los filipenses. Dice que sabe vivir lo mismo cuando hay, que ...

El ayuno de Jesús en el desierto

El Espíritu llevó a Jesús al desierto, "para ser tentado" (Mateo 4:1). Allí Jesús ayunó durante cuarenta días. En conmemoración de esos cuarenta días nosotros observamos la cuaresma. Jesús no necesitaba ayunar. Tampoco necesitaba ser bautizado en el Jordán. Se nos dice que esto fue así para nuestra edificación, para enseñarnos el camino. En los relatos del bautismo de Jesús en el Jordán (Marcos 1:9; Mateo 3:13; Lucas 3:21) siempre se deja sentir la presencia del Espíritu. Inmediatamente después del bautismo, Jesús es conducido al desierto por ese Espíritu. Si ayunó, fue por la inspiración del Espíritu. Si no tenía pecado, su ayuno no tenía un carácter penitencial o punitivo, como para pagar por sus pecados. Tampoco nuestro ayuno tiene que tener carácter penitencial, como si con nuestros actos pudiésemos agradar a Dios para conseguir el perdón de nuestros pecados. Cuando Jesús perdona en los evangelios, tampoco exige penitencia o castigo. Para que Dios exigiera castigo te...

Domingo 6 del Tiempo Ordinario Ciclo A

En el evangelio de hoy Jesús confirma que no ha venido a abolir la Ley, sino que vino a aclarar la manera de cumplir la Ley. Jesús no vino a juzgar, ni a condenar. Vino a enseñarnos el camino a la vida eterna. Recordemos lo que también sabemos por otros lugares de los evangelios: la ley se resume en el amor al prójimo, ese es el sentido y el meollo de la Ley. Esa es la expresión de nuestra relación con Dios, Supremo Bien. La primera lectura es de Sirac (Eclesiástico) 15,16-21. Con ella se afirma la libertad que todos tenemos para hacer el bien: «Si quieres, guardarás los mandamientos,» dice. Más adelante termina, «A nadie [Dios] obligó a ser impío». Está de nuestra parte reconocer la sabiduría de los mandamientos, la sabiduría de la Ley. Está de nuestra parte reconocer el valor de amar al prójimo, de reconocer la dignidad del otro, de ser una persona decente, respetuosa de los demás y de lo que es justo.  Sin eso de presupuesto —ser persona decente, reconocedora del valor de la Ley...