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Domingo 2 del Tiempo Ordinario, Ciclo A




El evangelio de hoy presenta de nuevo el escenario del bautismo del Señor como en la semana pasada, ahora en la versión de san Juan, como para invitarnos a seguir contemplando a Jesús, Palabra del Padre para nuestra salvación.

La primera lectura es de Isaías 49,3.5-6. «Tú eres mi siervo, Israel, por medio de ti me glorificaré», dice el Señor. Más adelante termina, «Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra». 

Probablemente esta profecía del Siervo de Yahvé que traería la salvación a la humanidad es lo que tenían presente los que aclamaron a Jesús como Mesías, como el enviado de Dios, el Hijo, el Predilecto, el Elegido, el Siervo de Dios, el Emanuel (Dios con nosotros). De la misma manera que Dios no se olvidó del pueblo de Israel en el Exilio, así tampoco se olvida de nosotros en nuestras necesidades cuando nos vemos arrinconados por la miseria y las contrariedades, tentados a perder toda esperanza. 

Los estudiosos señalan que la palabra griega pais puede traducirse lo mismo como «Siervo» que como «Hijo». Así, cuando Juan Bautista reconoce a Jesús (en el griego del evangelio) como el Enviado del Padre, lo reconocerá como Siervo y también como Hijo. 

El salmo responsorial canta versos del salmo 39, con los que expresamos nuestra ansiedad a la espera de la salvación. Y también expresamos los pensamientos de Jesús obediente a la voluntad del Padre (como el campeón que profetizó Isaías): «no pides holocaustos, ni sacrificios expiatorios; entonces yo digo, ‘Aquí estoy’…para hacer tu voluntad». Esa fue la misión de Jesús, anunciar la infinita misericordia del Padre que nos ofrece la salvación, no por nuestros méritos, sino por su infinita bondad. 

La segunda lectura es de 1 Corintios 1,1-3. Se trata del comienzo de la lectura de esta epístola que seguiremos leyendo en los domingos siguientes. Como parte de su saludo, Pablo desea gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Es la paz que Jesús anuncia al comenzar a revelarse como el Siervo de Yahvé en su bautismo en el Jordán.

El evangelio está tomado de Juan 1,29-34. Juan Bautista ve venir a Jesús y de inmediato lo reconoce. «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». Luego más adelante: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo". Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».

Cuando el Bautista reconoce a Jesús como el Cordero de Dios también lo reconoce como el Siervo de Dios que viene a quitar el pecado, lo que nos separa de Dios. 


Hay varios lugares en los evangelios en que Jesús es reconocido como Hijo de Dios. Veamos algunos de estos pasajes.

Está el caso de cuando Jesús ayuna en el desierto y el diablo viene a tentarlo y le dice, «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.»… 6y le dice: "Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: 'A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra alguna». (Mateo 4,3.6)

Los demonios en general también reconocerán a Jesús como Hijo de Dios, como en Marcos 3,11 y 5,7 y Lucas 4,41. 

En Mateo 17,5 y con ocasión de la Transfiguración también se oye una voz del cielo, igual que en el bautismo en el Jordán: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco». 

Que Jesús se presentó en su predicación como el Enviado de Dios se nota por la pregunta del Sumo Sacerdote cuando fue cuestionado ante el Sanedrín la víspera de su crucifixión y muerte, cuando le dice, «Yo te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios»; a lo que Jesús contestó, «Dícele Jesús: "Sí, tú lo has dicho. Y yo os declaro que a partir de ahora veréis 'al hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo."'""» (Mateo 26,63-64). Luego, al morir en la cruz el centurión reconoció que verdaderamente era el Hijo de Dios (Marcos 15,39). 

Jesús dio testimonio de sí mismo también en otros pasajes. En Mateo 21,37 Jesús se identifica como el hijo enviado por el padre de la parábola. En Mateo 11,27 lo declara explícitamente, que tiene una relación íntima con el Padre, lo mismo que en Juan 1,18 y otros pasajes en Juan como al decirle a Felipe en la última cena, «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"?"» (Juan 14,9). 

Invito al lector a cotejar la nota al calce de la Biblia de Jerusalén a Mateo 4,3. 

 Al meditar un día como hoy sobre Jesús, manifestación del Padre, podemos podemos ver que no predicamos un qué, unas ideas, una doctrina. Predicamos un quién, una experiencia de fe. Más de un predicador olvida esto. Peor aun, si se dedica a manipular a su auditorio. No nos predicamos a nosotros mismos, ni la doctrina oficial de una institución o un conglomerado multinacional. Predicamos a Jesús, manifestación del Padre. 

Recordemos también que la experiencia de fe ha de darse en el seno de una comunidad orante. No se trata algo puramente subjetivo, porque la subjetividad puede terminar en fantasías de locos desquiciados. La comunidad cristiana es el lugar de la fe, el sacramento de nuestra experiencia de Dios. 

Al meditar esto vemos el sentido de hablar de la «Iglesia» al modo ecuménico. La «Iglesia» es el conjunto de todas las iglesias cristianas, de todos los que nos adherimos a la predicación del evangelio, de Jesús como Enviado del Padre. Si Dios es amor, nuestra fe tiene su expresión en el amor al prójimo. Con cuánta razón entonces no debemos trabajar por la unidad entre los cristianos. No tiene sentido andar cegados por doctrinas y por temas como el aborto, o la indignación por las injusticias, si no vivimos el amor al prójimo de manera incondicional. Saber vivir es un arte y no hay una receta matemática para vivir al modo cristiano. Pero está claro que sin el amor al prójimo no podemos pensar el cristianismo.



Invito a ver mis apuntes para este domingo, del 2023 y del 2020 (oprimir).


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