Los apuntes a continuación no son verdades terminadas, sino puntos de reflexión en conversación con el lector.
El 1° de julio se repitió la historia de 1988, cuando la Sociedad San Pío X ordenó cuatro obispos en desafío a la autoridad de Roma.
No es la primera vez que hay cismas en el seno del cristianismo. Esto recuerda el chiste siguiente.
En el comité del partido:
--¿Qué es un traidor?
--El que abandona nuestro partido para afiliarse a otro partido.
--¿Entonces, es traidor el que abandona otro partido y viene con nosotros?
--No, ese es un convertido.
Esto también recuerda el cisma de la Iglesia veterocatólica de Utrecht, Holanda, en 1870. El cisma de 1870 se dio al rechazar la doctrina de la infalibilidad papal del Concilio Vaticano I. Pero de hecho, la «Antigua Iglesia Católica» holandesa ya existía desde décadas anteriores a esa fecha, producto de una serie de desavenencias entre católicos holandeses y la curia romana. Posteriormente esa iglesia consiguió reclutar otros grupos disidentes a lo largo del siglo 20, según diversas ocasiones. Un caso que fue famoso fue el del padre Jacinto Loyson, que en su momento llamó mucho la atención. El padre Jacinto fue un predicador francés muy reconocido en París. Pero ante los excesos narcisistas del papa Pío IX (Pío Nono) protestó con la misma vehemencia de su estilo de predicador y fue sancionado por el Vaticano. Pío IX fue el que dijo, «La Iglesia soy yo», lo que provocó que Lord Acton lo usara de referente al decir, «El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente».
En 1870 el padre Jacinto se alió a la iglesia de Utrecht para denunciar él también los manejos en el Concilio Vaticano I con tal de lograr proclamar el dogma de la inhabilidad papal. Como era de esperarse, terminó excomulgado. El lector puede buscar información sobre él. Un índice de su prestigio lo vemos en el hecho de que fue enterrado en el cementerio del Père Lachaise en París. Supe de él porque Unamuno lo menciona en sus ensayos.
Si vamos a la historia de la iglesia de Utrecht (que el lector también puede constatar por su cuenta) veremos que logró reclutar muchos grupos disidentes del catolicismo romano que no necesariamente querían dejar el catolicismo, como en la década de 1920 en Austria, Yugoslavia y Checoslovaquia. Podría suceder lo mismo con la Sociedad SSPX.
En tiempos más recientes, en la década de 1970, la iglesia de Utrecht a su vez se dividió ella también con grupos disidentes (cismáticos de su comunión cismática) en torno a la ordenación de mujeres. Es lo mismo que también hemos visto en otras denominaciones como los Bautistas, los Metodistas, así. Las controversias continúan hasta nuestros días. Así fue como Mita fundó su congregación en Barrio Obrero, cuando los adventistas no la dejaban predicar invocando a san Pablo que prohibió que las mujeres predicaran.
¿Es que esos cismas invalidan la fe cristiana o católica de esos grupos? Podemos visualizar nuestra fe en términos pluralistas. En el cristianismo podría haber espacio para una gran diversidad de grupos según las convicciones religiosas de cada grupo. No es que los episcopales o anglicanos son menos católicos que los católicos romanos; no es que los bautistas son menos o más cristianos que los metodistas, así.
Hay sociedades (en África y Asia) en que el homosexualismo es impensable y la monogamia es algo bien extraño. Será natural que allí las iglesias cristianas reflejen las convicciones que prevalecen en esas sociedades en que no es tan fácil tolerar la homosexualidad y la monogamia es algo excepcional o hasta insólito. En tales sociedades, ¿habría espacio para la inculturación, para un cristianismo que admitiese la poligamia? Igual, habría que respetar su intolerancia para con los homosexuales, que es cosa de la mentalidad occidental. ¿No es de cristianos respetarnos en la diversidad de convicciones? Las contestaciones y las soluciones no son fáciles, ni son tan evidentes.
El hecho es que gracias a los cismas hemos llegado a ver cómo es posible un catolicismo y un cristianismo que admite la ordenación de mujeres a los ministerios sagrados y lo mismo reconoce la validez de la opción homosexual de vida. Hay sociedades en que el celibato es un absurdo, también. Pero eso no quita que pueda haber un cristianismo que reconozca la vocación a la virginidad. Mi propuesta es que visualicemos un cristianismo pluralista en que se admita una diversidad de expresiones, mientras se conserva la base fundamental, la base común de la fe: Jesús anunciado en los evangelios, anterior a las demás interpretaciones. Esa base común también descansa sobre los dos mandamientos fundamentales: amor a Dios y al prójimo, en una gama amplia de interpretaciones.
Es legítimo cuestionar, pero el modo cristiano de hacerlo es con sinceridad y con buena fe, que no es lo que han hecho los de la SSPX. Si van a ser cismáticos, que lo sean, ya. Pero ellos —quizás por la ceguera juvenil de los neocismáticos— pretenden imponer su verdad a todos los demás. Como adolescentes, ellos se sienten incomprendidos y a la vez pretenden ser los que saben frente a lo establecido. Quizás por eso logran reclutar más entre adolescentes.
Para ellos, por ejemplo, el ecumenismo es una abominación, porque ellos creen que la verdad católica tradicionalista (la del antimodernismo de Pío Nono y Pío X, así) es tan «verdadera» que sentarse a dialogar con las otras iglesias es conceder que ellas también pueden tener verdad. Para los de la SSPX la verdad es la platónica, algo así como el ser de Plotino, que no admite otra realidad que la del ser único. No ven, lo que subrayó Aristóteles, que el ser se predica de muchas maneras; que hay un solo verde en la mente, por ejemplo, pero que en la realidad que conocemos hay una multiplicidad de tonos de verde. La verdad católica se desdobla en una multiplicidad de grupos católicos o de «tonos» católicos. Por eso tan católicos son los luteranos como los metodistas y los bautistas y así. Otra cosa es el catolicismo romano en particular. Y al volverse cismáticos ya la Fraternidad San Pío X ha asumido otro «tono» adicional y aparte de catolicismo.
Ciertamente la Fraternidad de SSPX no ha demostrado entender lo que significa Vaticano II hoy por hoy. Esto es de suma importancia, porque entre tanto han sembrado confusión entre muchos católicos romanos de buena fe que tampoco están enterados del todo de lo que representa el Concilio Vaticano II. Es lo que también ha sucedido con las transmisiones de la estación EWTN de la madre Angélica que el papa Francisco llegó a calificar de diabólicas. Es algo como Medjugorje, que el Vaticano se rehusó a reconocer como apariciones legítimas (en un primer momento, no sé si posteriormente las habrán reconocido) cuando supuestamente la Virgen se puso a criticar al obispo de la localidad. No tiene sentido que la Virgen se le aparezca a alguien para hablar mal del obispo.
Uno no se dedica a atacar con todos los cañones al Vaticano y a la misma vez va a pretender que uno es católico romano bona fide. Y si el lector busca las manifestaciones de la SSPX desde su inicios en la década de 1970 encontrará muchos cañonazos contra los diferentes papas, tildándolos de herejes y así.
No es posible entrar en todos los detalles sobre este tema de lo que representa el Concilio Vaticano II en nuestros días, pero podemos ver algunos de los puntos más sobresalientes en que los de la SSPX no han entendido bien de qué se trata. Es deplorable la influencia que han ejercido sobre los demás católicos bona fide, inclusive entre luteranos y anglicanos, al menos en mi propia experiencia.
—El diálogo entre cristianos y el diálogo ínter religioso. De la misma manera que todos los cristianos compartimos el mismo evangelio y el mismo Jesús así también compartimos la misma tradición abrahámica con los judíos y los musulmanes. Y de la misma manera que creemos y adoramos un sólo Dios creador del cielo y la tierra, así también lo adoran otros de otras religiones con los que podemos compartir. Y ese Dios único y misterioso es el que también reconocen los tibetanos y los budistas, con los que podemos compartir al modo de personas de buena voluntad. ¿Por qué no? Esto es algo que los de la Fraternidad SSPX son incapaces de reconocer. Ellos no quieren medias tintas y prefieren tomar la fe al modo de verdades que hay que reconocer en blanco y negro. No ven que la fe no es asunto de verdades, sino de experiencias humanas y las experiencias humanas siempre son ambiguas. Recordemos el evangelio de este domingo cuando Jesús nos exhorta a ser como él, «manso y humilde de corazón» (Mateo 11,28).
No hay que incurrir en la vanidad y el placer morboso de «yo tengo la verdad y tú no». No es de cristianos asumir ánimo de polémica y guerra. Eran los fariseos los que gustaban de condenar e imponer obligaciones religiosas. Los fariseos eran los que confundían el hábito con el monje, como si las usanzas y estilos del cristianismo medieval fuesen de por sí señal de santidad. Eso en realidad es un fetichismo. El absurdo más grande es empuñar una espada o un rifle a nombre de la religión, o concebir la religión como una santa cruzada.
—El clericalismo, o la idea de que la iglesia pertenece a los clérigos. En algunas diócesis en Puerto Rico se están resucitando las órdenes menores de acólitos y lectores, que es una forma más de ese clericalismo. Esto también se está dando en otras iglesias, en que se piensa más en el aspecto institucional de la fe que en el aspecto existencial. Se dividen los cristianos entre los privilegiados y los no privilegiados; entre numerarios y supernumerarios; entre los de primera clase y los de segunda clase; los que están asociados a los círculos de poder y los que no. Eso no es de cristianos. Todos somos iguales en virtud del bautismo y no es que unos son sacramentalmente superiores a otros; no es que unos son más dignos que otros por su vocación religiosa. Para colmo noté en la foto de una de esas ceremonias de comisionar lectores y acólitos a algunos con roquetes y albas de encajes. Me recordó cuando papa Francisco echó a un lado la muceta papal y otros distintivos diciendo, «Se acabó el carnaval». Los encajes, que no se veían desde finales de la década de 1960, lo mismo que la casulla de guitarra, se dejaron de lado, precisamente por ser cosa que no responde a la sensibilidad artística de nuestro tiempo, qué no se diga del hecho que es un fetichismo que a su vez puede derivar de una frivolidad reprobable. Cuando papa Francisco también dijo en otra ocasión «Basta de mariconerías», se refería eso, a la frivolidad. La homosexualidad no es reprobable de por sí, pero la mariconería sí; la mariconería es una forma de frivolidad. La casulla de guitarra por su parte es en realidad una caricatura barroca de la original medieval, que fue la que se restauró en la década de 1960. Eso nos lleva al próximo tema, la liturgia.
—La reforma de la liturgia es algo que los tradicionalistas tampoco entienden. La liturgia todavía vigente en 1962 (que se transformó en 1965 y con razón) era una herencia de los tiempos medievales en que se deformó la liturgia original de los primeros tiempos, de manera que había que necesariamente hacer cambios. Fue algo así como corregir la caricatura de la casulla de guitarra. En las liturgias originales de las iglesias orientales y en la misma Roma occidental todos entendían la oración común de la ceremonia pública. En Roma, por cierto, la liturgia en griego precedió a la liturgia en latín, porque la comunidad cristiana romana original era… helenística y los mismos romanos consideraban el griego un idioma superior al latín. Una vez que se adoptó el latín, todos entendían, también. Pero a medida que pasaron décadas y siglos el latín cayó en desuso y nadie entendía latín, salvo los clérigos que estudiaban el idioma. Así fue que se reforzó eso de cristianos de primera clase (los clérigos que sabían latín y que podían leer y escribir) y cristianos de segunda clase (los seglares, tanto aristócratas como plebeyos) que tenían que dejarse llevar por los clérigos. Así fue como los rituales se convirtieron en espectáculos y dejaron de ser celebraciones comunitarias. Hasta el matrimonio, en que la pareja es la que celebra el sacramento, se entendió como algo que el sacerdote o presbítero autorizado hace para beneficio de los contrayentes. Todavía se tiene esa idea equivocada. Si el pueblo no entendía el ritual, por eso el ritual se convirtió en algo supersticioso.
Eso fue lo que Vaticano II buscó corregir: que la liturgia pudiese volver a ser celebración de la comunidad y dejara de ser un ritual supersticioso incomprendido por el grueso del pueblo. Todavía en 1960 se veía la misa como una oración devocional del sacerdote a la que los laicos asistían como espectadores. El cura salía a «decir» misa y los feligreses escuchaban el latín que no entendían. En 1965 se abrió el espacio para que toda la comunidad participara activamente en la celebración.
Todavía no hemos llegado al punto de entender los sacramentos y la liturgia como celebraciones comunitarias porque todavía pensamos que la iglesia es de los curas y los pastores, mientras los laicos somos clientes de los curas.
Con todo, es natural que haya quien sienta necesidad de un culto al modo de la intimidad personal con Dios, un culto en que se enfatice el aspecto devocional. Igual, es natural que alguien sienta que se necesitan vestimentas y adornos —y encajes, quizás— que reflejen o expresen la devoción o la solemnidad de la oración. Hay quien necesita de beaterías por la nostalgia de los tiempos de su niñez. Las iglesias están llamadas a responder también a esas necesidades, tanto de los que todavía tienen una fe frágil, infantil, como de los que han llegado al nivel de una fe adulta.
Quién sabe, en las parroquias podrían darse celebraciones litúrgicas en latín o que enfaticen el aspecto devocional para responder a las necesidades pastorales de los que necesiten ese tipo de espectáculo para rezar. No debería haber problema con eso, mientras también a otras horas podrían darse otras misas más a tono con los que tienen una fe más robusta.
«Para los gustos se hicieron los colores» como dice el refrán popular. De la misma manera que podemos admitir una pluralidad ecuménica en el cristianismo, también podríamos reconocer una pluralidad de modos de celebrar el culto, siempre que no se pierda el aspecto comunitario de la oración pública de los cristianos. Lo mismo podemos decir de la celebración de los sacramentos.
Claro, algo así intentó el Vaticano en sus relaciones con la SSPX, lo mismo que con los anglicanos; igual con grupos como los del Opus Dei. Aun dentro de la Iglesia romana puede haber una gama de grupos, desde los tradicionalistas hasta los progresistas, por así decir. Pero es difícil dialogar con los que no están dialogando realmente, sino que se ven a sí mismos como en pugna, como en un forcejeo entre ellos, que tienen la verdad frente al Vaticano, que para ellos está equivocado. Así no se puede dialogar. El diálogo requiere escuchar. Requiere que uno esté abierto a verse y entenderse desde la perspectiva del otro. Baste ver el historial del diálogo con la SSPX durante décadas. A fin de cuentas ellos permanecieron firmes en su convicción de invalidar las propuestas del Concilio. En cierto modo les falta fe para reconocer que el Espíritu sopla de manera inesperada para nosotros. El lector puede buscar en la Internet ejemplos que confirman la especie de mala fe o de falta de lógica en los alegatos de la SSPX.
Personalmente podemos pensar y analizar e interpretar como lo hacemos en estos párrafos. Pero a nivel histórico el Espíritu también está presente en la Iglesia y se manifiesta en los consensos comunes como se dio y se da en los concilios. Invito al lector a buscar sobre el movimiento conciliarista de los siglos 14, 15, 16, cuando se reconoció la autoridad de los concilios, aun sobre la figura del papa.
Aparte de todo eso, como decimos en Puerto Rico, el mayor error es creernos que tenemos la verdad agarrada por el rabo.

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