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Solemnidad de Todos los Santos, año 2026

 


Gustave Doré, Paraíso


En el evangelio de hoy Jesús anuncia la llegada del Reino de Dios con la predicación sobre las bienaventuranzas.

La primera lectura es del Apocalipsis 7,2-4.9-14. Juan ve en visión a un ángel que da instrucciones: no se tocará la tierra hasta que no queden sellados los que van a ser sellados como siervos de Dios. A continuación tiene otra visión, de una gran muchedumbre de todos los pueblos, razas, naciones, vestidos de blanco y con palmas en las manos y alabando y adorando a Dios. Uno de los ancianos que está junto al trono de Dios le explica a Juan: «Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero». En la continuación de la primera lectura, en Apocalipsis 7,17 el anciano le dice a Juan de los bienaventurados que están frente al Cordero: «Dios enjugará toda lágrima de sus ojos.» 
Lo que Juan vio fue la muchedumbre de todos los santos, salvados por la sangre redentora de Jesús en la que blanquearon sus vestiduras para llegar a ser felices en el cielo. 
Todos nosotros somos santos, en virtud del bautismo y como apuntado, gracias a la sangre redentora de Jesús. Pero también hemos de trabajar nuestra santidad en el curso de nuestra vida en este mundo, porque «Obras son amores y no buenas razones». No basta con tener fe, que también hay que demostrarla en el camino. Como es natural, todos tropezamos (pecamos), pero lo importante es nuestra actitud de vida, nuestra orientación de vida caracterizada por nuestra fe.

Respondemos con versos del salmo 24(23) con los que alabamos nosotros también a Dios, Señor del universo. «Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes,» cantamos. Luego, «¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos». Y finalizamos: «Esta es la generación que busca al Señor, que busca tu rostro, Dios de Jacob». 
Para llegar a ser parte de la multitud de los santos hemos de ser de manos inocentes (personas de buena voluntad) y no confiar en los ídolos, no esclavizarnos a otro que no sea Dios nuestro señor. 

La segunda lectura es de la primera carta de san Juan, 1 Juan 3,1-3. «Miren qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios,» nos dice. Sabemos que cuando Dios vuelva para el Juicio Final lo veremos porque seremos semejantes a él, es decir, espirituales. «Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro», nos dice. Esto es, que hemos de atender a lo espiritual, antes que a lo material. 
Lo que dice san Juan puede tomarse en sentido platónico, pero también puede tomarse en sentido humano. Si lo tomamos en sentido platónico, buscaremos ser ángeles, angelicales. Si lo tomamos en sentido humano, lo tomaremos en el sentido del salmo responsorial, como el de no esclavizarnos a ídolos y buscar a Dios en todas las cosas de este mundo. 

El evangelio de hoy es de Mateo 5,1-12a. Jesús predica el llamado «Sermón de la montaña» o sermón de las bienaventuranzas, con que anuncia la llegada del reino de Dios. 
Dios no es rey en sentido militante y en guerra contra «el mundo». Dios es rey y soberano del universo, sí; pero su reino es del amor. En ese contexto podemos ver las bienaventuranzas en que Jesús anuncia la felicidad que caracteriza a los que descubren la perla preciosa del amor a Dios y al prójimo.
«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos», dice Jesús. Cuando uno tiene el encuentro de la fe en Jesús, uno deja atrás el orgullo y la malicia y se convierte en uno que no tiene tanta necesidad de las vanidades que esclavizan. Es como el que se enamora, que vive sólo pensando en su amor y todo lo demás pasa a segundo plano. Esos son los pobres de espíritu, para los que todo ha pasado a segundo plano comparado con la preocupación por el amor a Dios y al prójimo, en que todo se da por ese amor a los demás.
También están los que son pobres materiales, los marginados de la sociedad. Pero no por ser materialmente pobre uno es pobre de espíritu. Con todo, sabemos de muchos pobres que primero piensan en los demás, antes que en ellos mismos. Su pobreza material no les ha envenenado su alma. De igual manera hay ricos que no se les ha envenenado el alma con su riqueza. Esos son los pobres de espíritu.
«Bienaventurados los mansos», continúa Jesús. Ser pobre de espíritu es también ser mansos. «Bienaventurados los que lloran», dice. Se trata del llanto ante las injusticias y las atrocidades de este mundo; no tanto del llanto inmaduro del caprichoso. Porque se trata del deseo honesto de la justicia, de que las cosas anden como deben ser. De ahí, «Bienaventurados los que tienen hambre de justicia». Y se trata de un hambre de justicia que no tiene nada que ver con la indignación o el rencor o el deseo de reprender y castigar.
Igual, «Bienaventurados los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los perseguidos…»
«Bienaventurados ustedes cuando les insulten y los persigan y los calumnien de cualquier modo por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en el cielo».

La indignación y el rencor contra las injusticias no es lo que Jesús predica. Eso es lo que predican los ultra conservadores cristianos y católicos en los tiempos modernos y no se dan cuenta que eso es cosa del Maligno. El rencor y resentimiento e indignación contra las injusticias es algo emparentado con el deseo de venganza, el deseo de reprender y castigar. Eso está emparentado con el deseo de la violencia y de mandar a la gente a las pailas del infierno. Pero Dios no es un dios de venganza que condena, dice Jesús. Dios es amor y donde hay amor allí está Dios. Jesús anuncia que pertenecer al Reino es ser pobre de espíritu, ser manso y humilde como lo fue Jesús, amar incondicionalmente. Dios ama al diablo y desea su conversión. Si el diablo prefiere las injusticias, él mismo se hace su propio infierno. Dios nos ama y quiere lo mejor para nosotros. Toca a nosotros responder con la conversión. 

Invito a ver mis apuntes para esta Solemnidad, del año 2020 (oprimir). 
Invito a ver una letanía para el día de Todos los Santos (en inglés) que me parece interesante:  http://www.missionstclare.com/english/people/nov1.html (oprimir).

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