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Domingo 18 del Tiempo Ordinario, Ciclo C



En las lecturas de hoy encontramos el tema de las riquezas y de la avaricia.
San Pablo dirá que la avaricia es una forma de idolatría (Segunda Lectura de hoy).
"Todo es vanidad," dirá el Eclesiastés en la Primera Lectura.
Y Jesús en el evangelio denuncia la necesidad de querer acumular riquezas.

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Las riquezas son como el ron y el whisky. Están asociadas a la maldad, pero no necesariamente es así. Es como decir, "Todos los ponceños son puertorriqueños; entonces, todos los puertorriqueños son ponceños". También: "Fulano bebía en exceso y terminó matando a su hermano en una trifulca en el bar; por tanto, hay que prohibir la bebida". Igual: "Muchos empiezan con marihuana y terminan drogadictos; entonces hay que prohibir la marihuana".

Aparte de lo anterior está el tema de la idolatría. Uno puede comenzar idolatrando a los ídolos de Hollywood y terminar como ellos, divorciados, adictos, muertos en accidentes de autos.

Habría que reflexionar sobre cómo el dinero puede ser una idolatría. Está el caso de aquel ingeniero de la AEE que se robó cuando pudo. Fue de los primeros casos que se dieron a conocer allá por la década de 1970-80. Era un prominente PNP, hay que decirlo. Murió y la esposa (quizás alentada por su confesor) fue a la legislatura a devolver el dinero. Así fue que se supo. Ya no hay esposas como aquella. Eran millones de dólares. Las habladurías aseguraban que en su casa los grifos del baño eran de oro. Eso es idolatría, pienso, entregar el alma por tener grifos de oro.

Pero la idolatría y la corrupción pueden tener otros modos de aparecer.

Un alcalde fue denunciado por una empleada del municipio por conducta sexual indebida. No tuvo más remedio que declararse culpable y pagar una multa. Eso fue un tiempo atrás. Después se siguió postulando para la reelección y el pueblo siguió votando por él. Todavía está ahí, en la alcaldía. La persona que lo denunció…sería interesante saber qué pasó. (Ver el parte de prensa del 1º de enero del 2019.)

La corrupción no es sólo asunto de dinero.

Es asunto del alma torcida, por no decir podrida.

Pero la mayoría de nosotros no somos gente de alma torcida.

No es lo mismo cuando vamos solos por la calle, que cuando vamos en grupo. Por eso el llamar "manada" al comportamiento de un grupo es apto.

Esa es una razón para que gente muy tranquila se vuelvan agresivos detrás del volante.

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La corrupción es como el polvo en la casa. Siempre habrá polvo y por eso hay que limpiar todas las semanas.

Dejas de limpiar, y la casa se vuelve un caos.

Hay estudios que demuestran que la gente se comporta según el escenario.

Hay veteranos que en Vietnam eran drogadictos. Cuando volvieron a sus casa dejaron la droga sin problemas. En los caseríos de Nueva York la criminalidad bajó dramáticamente cuando limpiaron, pintaron, arreglaron los ascensores. Durante el día pintaban grafitos y por la noche venían las brigadas y pintaban y los eliminaban. No eran grafitos artísticos; eran simples mensajes crípticos entre gangas de maleantes. Fue una especie de guerra. Al final ganó el alcalde. Luego se habló de "la política de las ventanas rotas". Con tan solo reparar las ventanas, el municipio se ahorró millones en gastos de policías, medidas de seguridad, muertos y heridos que atender en las salas de urgencia, y así sucesivamente.

Algo que llamó la atención fue que también se pudo demostrar una correlación probable entre la baja de la criminalidad y el aumento en la tasa de abortos facilitados por el municipio. Al bajar la cantidad de madres solteras, descendió la población criminal al no haber tantos niños desatendidos en unos años de infancia que llevan a la disfunción social. El dinero invertido en facilitar los abortos resultó también en ahorros para el sistema de salubridad y para el sistema carcelario al bajar la población de los presos.

Personalmente creo que en la perspectiva cristiana se hubiese podido lograr lo mismo mediante la distribución de condones, sin necesidad de abortos. De hecho, el programa de condones gratuitos continúa hasta hoy.

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Ahora habría que reconocer que hay otros escenarios que llevan al crimen, aparte de los del caserío. Está el escenario de las grandes empresas, de los grandes consorcios y sus allegados. Está el escenario de los compañeros del cole que hasta pueden pertenecer a alguna cofradía religiosa.

Es que la lógica del escenario y las reglas del juego se imponen sobre los criterios personales.

Hay grupos y hay grupos. Están los del caserío. Están los de las altas esferas sociales.

Como individuos pueden ser gente buena, responsable. Como Tony Soprano y sus primos. Como Hitler cuando acariciaba su perro y sonreía junto a su compañera.

En ese sentido los cristianos no son de este mundo, sin ser maniqueos.

El lector puede ver mis apuntes del 2016 sobre este domingo.

También puede ver mi entrada del 2015, Cuando los monjes viven mejor que los pobres.

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