Ir al contenido principal

Domingo 33 del Tiempo Ordinario, Ciclo C


En el evangelio de hoy Jesús anuncia la destrucción del Templo

Ya llegando al final del año litúrgico, encontramos el tema de los últimos tiempos. Sólo que este tema se presenta de manera indirecta. La destrucción del templo sería un preludio a la conflagración final. 

Invito a ver mis apuntes sobre las lecturas de este domingo, del 2016 (pinchar sobre el año). 

Un ejemplo de la tergiversación del sentido cristiano en la iglesia católica franquista española lo vi en la prensa católica local cuando esta semana se habló de "la Obra" como algo que todos los lectores entenderían. Es como si el catolicismo fuese solamente para los iniciados.
Aparte de destacar "la Obra", fue sintomático de una confusión entre las apariencias y la sustancia (el hábito no hace al monje). 
También fue sintomático de la presencia de "la Obra" en Puerto Rico. Esto que apunto no lo propongo en sentido de adversario, sino en sentido de diálogo encaminado a dejar que el Espíritu nos muestre el camino de la pastoral en nuestros días, una pastoral liberada del clericalismo (igual puede decirse del clericalismo en las iglesias separadas). 
Un síntoma de que hay una resistencia agresiva a las propuestas de una renovación pastoral se nota en el hecho de que la iglesia católica local no ha asumido la responsabilidad del camino sinodal propuesto por el papa Francisco. 

Dios guíe nuestros pasos.

Mis apuntes del 2019 con motivo de este domingo propone (en ánimo de diálogo, sin pretender que yo tenga la verdad agarrada por el rabo) un cristianismo -un catolicismo- más a tono con lo que requiere la pastoral de nuestro tiempo. 

 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Domingo 28 del Tiempo Ordinario Ciclo A

  En el evangelio de hoy Jesús presenta la parábola de los convidados a una boda. La primera lectura es de Isaías 25,6-10. El profeta anuncia los tiempos mesiánicos cuando Dios ofrecerá un gran festín sobre el monte Sión, para todos los pueblos. Dios «aniquilará la muerte para siempre. El señor enjugará las lágrimas de todos los rostros». En aquellos tiempos felices todos los pueblos conocerán la salvación. Esta imagen del banquete mesiánico es la que usará Jesús en la parábola del evangelio de hoy. Respondemos a la primera lectura con versos del salmo 23(22), el salmo del Buen Pastor. «El Señor es mi pastor, nada me falta…». Más adelante: «Preparas una mesa ante mí…me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa». Es una imagen de la felicidad futura, «…y habitaré en la casa del Señor por años sin término». La segunda lectura continúa con Filipenses 4,12-14.19-20. San Pablo agradece las ayudas y el apoyo que recibió de los filipenses. Dice que sabe vivir lo mismo cuando hay, que ...

El ayuno de Jesús en el desierto

El Espíritu llevó a Jesús al desierto, "para ser tentado" (Mateo 4:1). Allí Jesús ayunó durante cuarenta días. En conmemoración de esos cuarenta días nosotros observamos la cuaresma. Jesús no necesitaba ayunar. Tampoco necesitaba ser bautizado en el Jordán. Se nos dice que esto fue así para nuestra edificación, para enseñarnos el camino. En los relatos del bautismo de Jesús en el Jordán (Marcos 1:9; Mateo 3:13; Lucas 3:21) siempre se deja sentir la presencia del Espíritu. Inmediatamente después del bautismo, Jesús es conducido al desierto por ese Espíritu. Si ayunó, fue por la inspiración del Espíritu. Si no tenía pecado, su ayuno no tenía un carácter penitencial o punitivo, como para pagar por sus pecados. Tampoco nuestro ayuno tiene que tener carácter penitencial, como si con nuestros actos pudiésemos agradar a Dios para conseguir el perdón de nuestros pecados. Cuando Jesús perdona en los evangelios, tampoco exige penitencia o castigo. Para que Dios exigiera castigo te...

Domingo 6 del Tiempo Ordinario Ciclo A

En el evangelio de hoy Jesús confirma que no ha venido a abolir la Ley, sino que vino a aclarar la manera de cumplir la Ley. Jesús no vino a juzgar, ni a condenar. Vino a enseñarnos el camino a la vida eterna. Recordemos lo que también sabemos por otros lugares de los evangelios: la ley se resume en el amor al prójimo, ese es el sentido y el meollo de la Ley. Esa es la expresión de nuestra relación con Dios, Supremo Bien. La primera lectura es de Sirac (Eclesiástico) 15,16-21. Con ella se afirma la libertad que todos tenemos para hacer el bien: «Si quieres, guardarás los mandamientos,» dice. Más adelante termina, «A nadie [Dios] obligó a ser impío». Está de nuestra parte reconocer la sabiduría de los mandamientos, la sabiduría de la Ley. Está de nuestra parte reconocer el valor de amar al prójimo, de reconocer la dignidad del otro, de ser una persona decente, respetuosa de los demás y de lo que es justo.  Sin eso de presupuesto —ser persona decente, reconocedora del valor de la Ley...