Ir al contenido principal

Domingo de Pentecostés, Año 2021



Toda la obra de la salvación, desde la creación del mundo hasta el fin de los tiempos, es obra del Espíritu Santo. 

Tradicionalmente se asume que Pentecostés se dio sobre los doce apóstoles. La devoción popular añadió a la Virgen junto a ellos. Pero en realidad, la narración de Lucas no especifica; sólo dice que los discípulos estaban reunidos. Los discípulos de Jesús eran muchos, muchísimos. Pero eso es un detalle que no es para inquietarnos, si Pentecostés fue sobre los apóstoles solamente, o si incluyó a otros junto a ellos. 

Lo importante es el bautismo del Espíritu que se confirma en nuestra fe. 

****

El Espíritu Santo en nosotros: detengámonos un momento a contemplar este hecho de nuestra fe. Dirá San Pablo en su segunda carta a Timoteo 1,13-14: «Ten por norma las palabras sanas que oíste de mí en la fe y en la caridad de Cristo Jesús. Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros.»

Jesús caminó entre nosotros, en este mundo, como nos lo dice Lucas 4,1 —«Jesús, lleno de Espíritu Santo». Por eso le comunicó a sus discípulos ese Espíritu que habitó en él, como en Juan 20,22 — «sopló sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo"». 

De la misma manera que los discípulos también nosotros recibimos el Espíritu Santo. Está el ejemplo que encontramos en Hechos de los apóstoles 8,15-17 — «Al enterarse los apóstoles que estaban en Jerusalén de que Samaría había aceptado la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. Estos bajaron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo; pues todavía no había descendido sobre ninguno de ellos; únicamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo».

Ahí vemos el bautismo del Espíritu, que el Bautista anunció, como en Marcos 1,8 — «Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo». 

Es lo que nosotros conocemos como el sacramento de la Confirmación.

****

Vemos que Dios actúa sin trabas humanas. A veces los clérigos hablan y han hablado desde hace siglos, como si ellos tuvieran el poder de evitar que Dios envíe su Espíritu. Esto se ve cuando dicen, «Fuera de la Iglesia no hay salvación», y cosas parecidas. Es la misma porfía que libró el Vaticano en otro tiempo como para demostrar que las órdenes anglicanas no eran «válidas». Como si para poder conferir —o imponer las manos invocando al Espíritu Santo— bautismos y órdenes sagradas se necesitase una genealogía eclesiástica que demostrase una línea ininterrumpida de San Pedro y los apóstoles hasta los obispos de hoy día. 

En el libro de los Hechos de los apóstoles encontramos más de un caso en que los cristianos reciben el Espíritu Santo sin que algún eclesiástico le sirva de intermediario. Vemos el caso, por ejemplo de los que expulsan demonios en nombre de Jesucristo, sin ser sus discípulos directos, como en Marcos 9,38. 

*****

Esto es algo como decir, «Todos los ponceños son puertorriqueños»; pero no es cierto que «Todos los puertorriqueños son ponceños». 

De la misma manera es cierto que «El Espíritu Santo desciende de manera sacramental en la Iglesia». Pero no es cierto que «La única manera en que el Espíritu Santo desciende es de la manera sacramental de la Iglesia». 

Encontramos el Espíritu Santo ya mencionado en el Antiguo Testamento. Así por ejemplo, en Sabiduría 1,5 y en ese mismo libro, Sabiduría 9,17. Lo encontramos también en Isaías 63,10-11. 

****

El Espíritu sopla a voluntad. «El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu». (Juan 3,8)

Este es el Espíritu que nos ha sido dado como un don. Como dice San Pablo, «Que el Reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo». (Romanos 14,17)

****

Invito al lector a ver mis apuntes para este domingo en años anteriores:

2011;

2014 (La comunidad parroquial y Pentecostés);

2016;

2018 ("El bautismo en el Espíritu");

2019.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Domingo 28 del Tiempo Ordinario Ciclo A

  En el evangelio de hoy Jesús presenta la parábola de los convidados a una boda. La primera lectura es de Isaías 25,6-10. El profeta anuncia los tiempos mesiánicos cuando Dios ofrecerá un gran festín sobre el monte Sión, para todos los pueblos. Dios «aniquilará la muerte para siempre. El señor enjugará las lágrimas de todos los rostros». En aquellos tiempos felices todos los pueblos conocerán la salvación. Esta imagen del banquete mesiánico es la que usará Jesús en la parábola del evangelio de hoy. Respondemos a la primera lectura con versos del salmo 23(22), el salmo del Buen Pastor. «El Señor es mi pastor, nada me falta…». Más adelante: «Preparas una mesa ante mí…me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa». Es una imagen de la felicidad futura, «…y habitaré en la casa del Señor por años sin término». La segunda lectura continúa con Filipenses 4,12-14.19-20. San Pablo agradece las ayudas y el apoyo que recibió de los filipenses. Dice que sabe vivir lo mismo cuando hay, que ...

El ayuno de Jesús en el desierto

El Espíritu llevó a Jesús al desierto, "para ser tentado" (Mateo 4:1). Allí Jesús ayunó durante cuarenta días. En conmemoración de esos cuarenta días nosotros observamos la cuaresma. Jesús no necesitaba ayunar. Tampoco necesitaba ser bautizado en el Jordán. Se nos dice que esto fue así para nuestra edificación, para enseñarnos el camino. En los relatos del bautismo de Jesús en el Jordán (Marcos 1:9; Mateo 3:13; Lucas 3:21) siempre se deja sentir la presencia del Espíritu. Inmediatamente después del bautismo, Jesús es conducido al desierto por ese Espíritu. Si ayunó, fue por la inspiración del Espíritu. Si no tenía pecado, su ayuno no tenía un carácter penitencial o punitivo, como para pagar por sus pecados. Tampoco nuestro ayuno tiene que tener carácter penitencial, como si con nuestros actos pudiésemos agradar a Dios para conseguir el perdón de nuestros pecados. Cuando Jesús perdona en los evangelios, tampoco exige penitencia o castigo. Para que Dios exigiera castigo te...

Domingo 6 del Tiempo Ordinario Ciclo A

En el evangelio de hoy Jesús confirma que no ha venido a abolir la Ley, sino que vino a aclarar la manera de cumplir la Ley. Jesús no vino a juzgar, ni a condenar. Vino a enseñarnos el camino a la vida eterna. Recordemos lo que también sabemos por otros lugares de los evangelios: la ley se resume en el amor al prójimo, ese es el sentido y el meollo de la Ley. Esa es la expresión de nuestra relación con Dios, Supremo Bien. La primera lectura es de Sirac (Eclesiástico) 15,16-21. Con ella se afirma la libertad que todos tenemos para hacer el bien: «Si quieres, guardarás los mandamientos,» dice. Más adelante termina, «A nadie [Dios] obligó a ser impío». Está de nuestra parte reconocer la sabiduría de los mandamientos, la sabiduría de la Ley. Está de nuestra parte reconocer el valor de amar al prójimo, de reconocer la dignidad del otro, de ser una persona decente, respetuosa de los demás y de lo que es justo.  Sin eso de presupuesto —ser persona decente, reconocedora del valor de la Ley...