Ir al contenido principal

Domingo 21 del Tiempo Ordinario, Ciclo B

 


El evangelio de hoy continúa la lectura del evangelio de san Juan con el tema de Jesús, pan bajado del cielo. 

La lectura de hoy continúa el pasaje del domingo pasado. “Yo soy el pan bajado del cielo,” había dicho Jesús, “Quien come de este pan vivirá hasta la vida eterna”. Al comienzo del pasaje del evangelio de hoy muchos discípulos encuentran que sus palabras son duras o difíciles de entender o de aceptar.

En la primera lectura de hoy Josué le propone a los israelitas seguir a Yahvé libremente o seguir con los ídolos que habían tenido antes y los israelitas aceptan libremente seguir a Yahvé. De la misma manera ahora Jesús le dice a los que le escuchan que están en libertad de aceptar o rechazar lo que él les dice.

¿Qué deben aceptar o rechazar? No es la doctrina de comer su carne y beber su sangre. Lo que resulta difícil de aceptar para ellos —y puede ser difícil de aceptar para alguien hoy— es que Jesús está diciendo que él es el Hijo de Dios, el Hijo del Hombre, la Palabra del Padre. Por eso él es el pan de vida. Notar lo que les dice, «El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida». 

Para los judíos y para los fariseos la Escritura es alimento (como para nosotros también) y ahora Jesús dice que sus palabras son tan alimento como las de las Escrituras.

Es como si alguien nos dijera, «Yo soy Dios, pero no se lo digas a nadie»; «Mis palabras son tan mensaje de Dios como las palabras de la Escritura»; «Mis palabras son pan bajado del cielo; como la palabra de la Escritura es pan bajado del cielo, así mis palabras son palabra de Dios». 

Eso es lo que resultó difícil de aceptar. Eso es lo que puede resultar difícil de aceptar hoy por hoy.


Entre tanto es de lamentar que en la ceguera de la polémica entre católicos y protestantes a los católicos se les prohibió el acceso a la Escritura. Hasta se dio el caso de que los mismos seminaristas tenían que tener un permiso especial para leer la Biblia, todavía en el siglo 20. Todavía hoy los católicos no tienen este sentido de la Palabra de Dios como «Dios con nosotros» que presupone una lectura como la del evangelio de hoy. 


Recordemos que para los judíos estaba prohibido beber sangre, como en Levítico 17,10-14; 19,26. Por eso algunos grupos cristianos como los Adventistas rechazan comer morcillas. 

Vemos en Deuteronomio 8,3 que «no sólo de pan vive el hombre, sino que el hombre vive de todo lo que sale de la boca de Yahveh». La Palabra de Dios, la Escritura, es alimento.

La Palabra de Dios llegaba por medio de los profetas. Todo lo que sale de la boca de Yahvé nos llega por medio de los profetas y lo que encontramos en los otros libros sagrados. 

En Juan 4,34, «Les dice Jesús: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra”». Así la Escritura es alimento y hacer la voluntad del Padre es alimento para el cristiano.

Pero en el evangelio del domingo pasado que el de hoy continúa, Jesús no se dice ser profeta, sino «el pan bajado del cielo». Jesús dice que él mismo es el alimento que es la Palabra del Padre; que verlo a él, es ver al Padre. 

«Vosotros investigáis las escrituras, ya que creéis tener en ellas vida eterna; ellas son las que dan testimonio de mí», le dice Jesús a los fariseos en Juan 5,39 y más adelante (Juan 5,46) añade, «Porque, si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque él escribió de mí». 

Ese es entonces el sentido de «Yo soy el pan bajado del cielo»: así como la Escritura es alimento y hacer la voluntad del Padre es alimento, así también reconocer a Jesús es alimento para la vida eterna; es reconocer la voluntad del Padre y entrar en comunión con Jesús. 

Invito a ver mis apuntes del año 2018, sobre las lecturas de este domingo. 


Comentarios

Entradas más populares de este blog

El ayuno de Jesús en el desierto

El Espíritu llevó a Jesús al desierto, "para ser tentado" (Mateo 4:1). Allí Jesús ayunó durante cuarenta días. En conmemoración de esos cuarenta días nosotros observamos la cuaresma. Jesús no necesitaba ayunar. Tampoco necesitaba ser bautizado en el Jordán. Se nos dice que esto fue así para nuestra edificación, para enseñarnos el camino. En los relatos del bautismo de Jesús en el Jordán (Marcos 1:9; Mateo 3:13; Lucas 3:21) siempre se deja sentir la presencia del Espíritu. Inmediatamente después del bautismo, Jesús es conducido al desierto por ese Espíritu. Si ayunó, fue por la inspiración del Espíritu. Si no tenía pecado, su ayuno no tenía un carácter penitencial o punitivo, como para pagar por sus pecados. Tampoco nuestro ayuno tiene que tener carácter penitencial, como si con nuestros actos pudiésemos agradar a Dios para conseguir el perdón de nuestros pecados. Cuando Jesús perdona en los evangelios, tampoco exige penitencia o castigo. Para que Dios exigiera castigo te...

Domingo 27 del Tiempo Ordinario, Ciclo C

  En el evangelio de hoy vemos el papel de la fe en nuestras vidas La primera lectura de hoy está tomada el profeta Habacuc (1,2-.2,2-4). El profeta está agobiado por los crímenes a su alrededor, por las contiendas entre su pueblo que llevan a la violencia. «Hasta cuándo Señor, pediré auxilio sin que me oigas», dice. El Señor responde: «El altanero no triunfará; pero el justo por su fe vivirá».  Este luego se convirtió en el lema de la Reforma protestante: el justo vivirá por su fe. Los estudiosos nos dicen (sigo las notas al calce de la Biblia de Jerusalén) que «altanero» también puede traducirse por «el que tiene el alma hinchada», que a su vez se entiende como «el que no tiene buena intención»; «que no tiene el alma recta», el engreído, el que está poseído de un orgullo excesivo. Los griegos hablaban del que padece hubris , el orgullo desmedido que lleva a la perdición. Son los que no son como el justo, que tiene el alma recta, que sólo piensa en Dios y el prójimo, como nos...

Domingo 28 del Tiempo Ordinario, Ciclo C

  En el evangelio de hoy vemos la curación de diez leprosos La primera lectura está tomada de 2 Reyes 5,14-17. Naamán, general del ejército arameo, padecía de lepra. Una muchachita al servicio de la señora de Naamán le sugirió que fuera a consultar con el profeta Eliseo para ver si se curaba. El profeta le mandó a decir que debía bañarse siete veces en el río Jordán y quedaría limpio. Y así fue; Naamán fue y se bañó siete veces y quedó curado. La primera lectura de hoy presenta su agradecimiento y su reconocimiento de Yahvé como verdadero Dios. Naamán entonces reconoce que no hay en toda la tierra otro dios más poderoso que el Dios de Israel. Entonces decide llevarse tierra para con ella hacerle un altar a Yahvé allá en su patria. Con el salmo 97 reaccionamos: Dios ha hecho maravillas, los confines de la tierra han contemplado la salvación que viene de Dios. Dios no es sólo el dios de Israel, sino que es Dios para toda la humanidad, para toda la tierra y así es como se ha revelado ...