Ir al contenido principal

Domingo 22 del Tiempo Ordinario, Ciclo B

El tema de este domingo es el cumplimiento de la Ley

«No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento», dice Jesús en Mateo 5,17. Jesús vino a enseñarnos lo que es cumplir, dar cumplimiento a la Ley.

Para comenzar, la Nueva Alianza de Dios con nosotros es la de la Ley inscrita en los corazones, como anunció Jeremías 31,31. Nuestro corazón espontáneamente se inclina al bien, reconoce el bien. Si uno no reconoce lo correcto, es por la confusión que podamos tener. Sintiéndose perdidos o desorientados, muchos prefieren asumir la posición farisaica de observar la Ley de Moisés al pie de la letra.

Jesús le recuerda a los fariseos que la Ley de Moisés ha dado paso a la Nueva Alianza de la Ley del corazón, en que es más importante hacer el bien a consciencia antes que cumplir por cumplir con los requisitos externos de la Ley. 

El problema con el cumplimiento de la Ley es que la realidad desborda nuestros conceptos, nuestras ideas y nuestros principios. Había que descansar en sábado, por ejemplo. Pero es inevitable que hay que hacer muchas cosas en sábado, como cocinar, caminar hasta la casa de otros familiares y así. ¿Cuán lejos puede uno caminar en sábado, cuántos pasos se pueden dar antes de violar la ley del descanso sabatino? ¿Cuánto tiempo y cuánto trabajo se puede permitir para cocinar el alimento? Este era el tipo de asunto que discutían los fariseos. 

Había que lavarse las manos antes de comer. ¿Qué significa tener las manos limpias? Este es el tipo de problema que tienen los obsesivos compulsivos y que tenían los fariseos. 

Jesús les recuerda: en nuestro corazón sabemos qué es lo verdaderamente importante, qué es lo que realmente cuenta. Lo importante es amar a Dios y al prójimo como a tí mismo. Del resto, confía en tu intuición, confía en tu buena voluntad y busca ser justo con tu hermano. La Ley no es un fin, ni un objeto de idolatría. La Ley es un referente para orientarnos que no debe tiranizar nuestras vidas. Ya lo propuso Cicerón en el contexto de derecho romano: súmmum ius, súmmum iniuria; el exceso de la legalidad termina en la injusticia. 

Esto lo podemos aplicar al aborto, por ejemplo, en que no hay que obsesionarse con la condena del acto de abortar en sí, sino ver cada caso de manera holística, en un contexto humano. No es el aborto sólo y de por sí lo que es malo, sino que debemos tener en cuenta el contexto específico en que una persona pueda considerar el aborto como justificado. De la misma manera uno puede entender cómo un homicidio no tiene que ser asesinato, sólo por ser homicidio.

Aparte de lo anterior, no tiene sentido definir al buen cristiano por su oposición al aborto. Esa no es la manera con que Cristo definió lo que es un buen cristiano. ¿De qué vale observar la Ley si en tu corazón no amas a tu hermano? ¿De qué vale decir que amas a Dios si no amas a tu hermano?

Los actos en sí son buenos, o son malos. Pero también hay que tener en cuenta la intención del corazón. Del corazón es que sale la bondad y la maldad. Nuestra intención es un ingrediente que colorea lo que hacemos. Cómo lo hacemos es un ingrediente constitutivo del sentido de lo que está bien hecho, o no. 

Podemos hacer algo bueno (como dar limosna) pero con mala intención. Podemos hacer algo malo (como matar) pero de manera justificada. Es del interior del ser humano que sale la maldad, y la bondad. 


Invito a ver mis apuntes (un tanto extensos) de años anteriores: 2018, 2021 (pulsar sobre el año).

 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Domingo 14 del Tiempo Ordinario, Ciclo C

  El evangelio de hoy narra el envío que Jesús hizo de setenta y dos discípulos, a los que envió de dos en dos,  para que fueran a llevar la buena noticia de la llegada del Reino por toda Galilea. Jesús designó setenta y dos discípulos para que salieran a todas partes en Galilea para anunciar la llegada del Reino de Dios. Salieron a expulsar demonios y a curar enfermos a nombre del Señor Jesús. A la vuelta le cuentan a Jesús, maravillados, cómo efectivamente cumplieron su misión. Jesús les dice, «Vi a Satanás caer del cielo como un rayo». Es como decirles que no se sorprendan porque ha llegado el fin del poder de Satanás en este mundo.  En Apocalipsis 20,10 se dice que el Diablo fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde están también la Bestia y el falso profeta, para ser atormentados día y noche por los siglos de los siglos. No es verdad que «el diablo anda suelto», porque fue expulsado de este mundo. Y aun si estuviera por ahí, los cristianos tenemos poder sobre él ...

Domingo 15 del Tiempo Ordinario, Ciclo C

  En el evangelio de hoy vemos la parábola del buen samaritano La primera lectura está tomada del libro del Deuteronomio 30,10-14. La Ley de Dios ya está en nuestros corazones, nos dice. «El mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca, para que lo cumplas.» Con el salmo responsorial de hoy (Sal 68,14.17.30-31.33-34.36ab.37) cantamos, «Buscad al Señor y revivirá vuestro corazón».  La segunda lectura está tomada de la carta de san Pablo, Colosenses 1,15-20. Cristo es la imagen de Dios. Dios es invisible y es una inmensidad como la del mar, algo infinito con profundidades que no podemos abarcar. Pero Dios se manifestó en Jesús, el Hijo de Dios por quien todo fue hecho («todo fue creado por él y para él…y todo se mantiene en él»). Él es la cabeza del cuerpo de la Iglesia (el conjunto del nuevo Pueblo de Dios, que incluye a todos los cristianos, no sólo a los católicos romanos). Por Cristo Dios quiso reconciliar a todos con todos, todas las cosas, «haciendo la paz ...

Domingo 17 del Tiempo Ordinario, Ciclo C

  En el evangelio de hoy Jesús le enseña el Padrenuestro a sus discípulos En la primera lectura (Génesis 18,20-32) Dios habla con Abrahán. Le dice que tiene la intención de destruir las ciudades de Sodoma y Gomorra. Abrahán entonces suplica a Dios que no lo haga y al final Dios accede a no destruir a Sodoma si al menos aparecen diez hombres justos (inocentes). En esta primera lectura vemos el tema de la oración como nuestro dialogar con Dios y nuestro presentarle nuestras peticiones a Dios. Dios escucha nuestras súplicas.  En el canto responsorial (salmo 137) agradecemos a Dios que nos escucha y lo alabamos por su bondad y misericordia. En la segunda lectura continuamos la lectura de la carta de san Pablo, Colosenses 2,12-14. Dios canceló nuestras culpas y de pecadores que éramos nos aceptó al clavar nuestras deudas sobre la cruz para darnos vida, vida eterna con él en la resurrección. El evangelio continúa la lectura del evangelio de Lucas 11,1-13. Estando Jesús en oración lo...