La cuaresma es tiempo de oración, ayuno, limosna, conversión de vida. No es que uno sólo reza en cuaresma; ciertamente oramos todo el año, lo mismo que continuamente practicamos la limosna y la conversión de vida. Esto es algo así como el aseo, que continuamente lo hacemos. Es como limpiar la casa, que hay momentos del año en que lo hacemos de manera más completa. En tiempos medievales la cuaresma adquirió un carácter penitencial, de acusar a los pecadores y traerlos a pedir perdón a Dios. Sigue siendo así, pero en nuestros días es preferible recordar lo que dijo Jesús, que no vino a condenar ni acusar, sino a invitar a la conversión (Juan 3,17). El ayuno y las prácticas penitenciales no tienen sentido si no se dan en el contexto de la conversión. Y en estos últimos años (con papa Francisco) la conversión significa traducir la fe a las actividades en que los feligreses salen al encuentro de los marginados, de manera que la iglesia no es el círculo de los santos, sino...
Carlos Ramos Mattei