En el evangelio de hoy Jesús habla de cómo proceder con el hermano que ofende y de cómo él está con nosotros cada vez que nos reunimos en su nombre.
La primera lectura es del profeta Ezequiel 33,7-9. Dios dice al profeta, «A ti, hijo de hombre, te he puesto de centinela en la casa de Israel». Ezequiel debe denunciar los pecados para buscar que el malvado se arrepienta. Si no le advierte al pecador, el profeta deberá responder también por la conducta del malvado, pero si efectivamente le llama la atención al pecador y el pecador no se arrepiente, el malvado se condenará, pero Ezequiel habrá salvado la vida.
(1) Pareciera que el fin de los malvados será la desaparición en la nada, mientras que los justos alcanzarán la vida eterna. Si amonestamos a los malvados ellos puede que se pierdan, pero también habrán tenido la oportunidad de salvar sus vidas.
(2) El profeta Ezequiel en esta lectura se refiere a sí mismo como «hijo de hombre». Pudiera ser una fórmula solemne para referirse a una persona distinguida por Dios. Igual, puede subrayar la distancia entre Dios y los humanos algo así como si un marciano nos dijera «terrícola (hijo de hombre, nacido de hombre, humano), a ti te hablo y te hago responsable». El título aparece mayormente en el libro de Ezequiel, más que en los otros libros de las Escrituras. Pero no parece tener la misma connotación mesiánica de la figura que luego vemos en el libro de Daniel 8,17.10,15-19 y Apocalipsis 1,17 por ejemplo, como indica la nota al calce de la Biblia de Jerusalén a Ezequiel 2,1. Valga notar que en los evangelios Jesús siempre habla del «Hijo del hombre», que no es exactamente lo mismo y que parece tener un sentido mesiánico, fuera de toda duda.
(3) Podemos conjeturar que el arrepentimiento al que llama Dios por boca de Ezequiel es el abandono de la idolatría y la conversión de vida en el sentido de respeto a la justicia. El respeto a la justicia equivale al respeto de los derechos del prójimo y ser persona decente, de buena voluntad. En el contexto histórico implicaba la adhesión al culto del templo como representativo de la unidad y la identidad nacional frente a los impíos malvados, es decir, los extranjeros o paganos.
Respondemos a la primera lectura con versos del salmo 95(94): «Aclamemos al Señor…Ojalá escuchen hoy su voz: no endurezcan el corazón como en Meribá…cuando sus padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras».
La segunda lectura continúa con la carta a los Romanos 13,8-10. «El que ama ha cumplido la Ley,» dice san Pablo. «El amor no hace mal a su prójimo; por eso la plenitud de la ley es el amor.»
Esto es algo que le resulta difícil a los tradicionalistas católicos y evangélicos, para quienes eso de hablar de amor a los demás es algo "woke" o cosa de afeminados, ya que ellos son muy masculinos, son "duros" y de "santa intransigencia". Como los fariseos quieren imponer leyes y reglamentos de conducta y entonces condenar con entusiasmo vengativo, como en la lucha por imponer leyes en torno al tema del aborto, sin conmiseración alguna con las mujeres, los médicos y las enfermeras que se debaten al modo con que la adúltera se debatía en su mundo cuando fue traída ante Jesús para que la juzgara. Y Jesús habló de que a ella se le perdonó mucho y por eso amó mucho. Si Jesús no vino a condenar, no somos nosotros los que vamos a condenar como los fariseos. Dios en Cristo reconcilió el mundo consigo y nos toca a nosotros promover esa reconciliación. Cómo vamos nosotros ahora pretender poner obstáculos a esa reconciliación.
El evangelio es de Mateo 18,15-20. «Si tu hermano peca contra ti…» comienza Jesús. Primero hemos de reprenderlo en privado; si no se arrepiente, buscar par de testigos, y si todavía fuere necesario, llevarlo ante la comunidad. Si aun así no se arrepiente, «considéralo como un pagano o un publicano». A esto Mateo añade otros dichos sueltos de Jesús que circulaban entre los discípulos y los primeros cristianos: «Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo. También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos».
(1) Notar que está hablando de que el hermano «peca contra ti». El consenso entre los estudiosos es que esta frase es añadida al original, porque el contexto es el de una falta pública, un pecado que no es solamente «contra ti». Más adelante Pedro le preguntará a Jesús si de veras hay que perdonar al hermano y Jesús le dirá que hay que perdonar totalmente y sin reservas al hermano, como lo veremos el domingo que viene.
(2) Notar entonces que se trata de cómo proceder con un hermano que públicamente peca, o se desvía de la norma de la comunidad de hermanos en la fe. Si a fin de cuentas no está dispuesto a reconocer su error, entonces se le expulsará del grupo o de la comunidad y se le considerará impuro, como impuros eran los paganos y los publicanos.
No obstante recordemos que Jesús comía con publicanos y en más de una ocasión encontró más fe entre paganos y publicanos, que entre los mismos hijos de Israel. Entonces, lo que Jesús nos dice es que debemos salir a buscar las ovejas descarriadas (como el que dejó las 99 para buscar la oveja perdida) e intentar traerlas de nuevo al redil. Pero si la oveja se empeña en no querer volver al redil, es por su propia responsabilidad que se queda fuera del redil. Notar bien esto: es el pecador que por su propia decisión queda fuera de la comunidad, no porque Jesús quiera rechazarlo. La misma actitud de Jesús es la que debemos tener nosotros.
Es que en tiempos en que era más importante ser católico o protestante que ser cristiano y por una gran confusión mental, a más de un hereje lo quemaron vivo, tanto católicos como protestantes. Hoy vemos que la fidelidad al evangelio implica darle más importancia a ser cristianos, por encima del fetichismo o la idolatría de ser católicos o protestantes.
Al reflexionar sobre esto vemos que no tiene sentido concebir la Iglesia en guerra contra el mundo como lo ven algunos tradicionalistas que se piensan «anti modernistas» como una manera de ser virtuosos. El buen cristiano no está en guerra contra los pecadores y no deriva satisfacción alguna por la condenación del pecador.
Dios ama al diablo también y si el diablo un día respondiera al llamado a la conversión a la que Dios constantemente le invita, Dios lo perdonaría. Al menos así me parece a la luz del perdón que anuncia Jesús.
(3) Notar que Mateo pone otra vez en boca de Jesús el pronunciamiento, «Lo que ataren en la tierra será atado en el cielo» y así, autoridad que antes le adjudicó a Pedro. Vemos que esa autoridad también se la extiende a los discípulos. Probablemente Mateo (esto es una idea mía) lo pone aquí como para señalar la autoridad de la comunidad cuando decide colectivamente la exclusión de uno de sus miembros. Pero notar también que se trata de una exclusión, nada más; no habla de torturar o quemar viva a la persona.
Al notar que Jesús también le da autoridad de atar y desatar a los discípulos trae a la mente el concepto de la sinodalidad, en que todos los bautizados junto a la jerarquía deliberamos y decidimos sobre los asuntos de la comunidad (particularmente en términos de la pastoral). En la sinodalidad nada puede decidirse sin la jerarquía, y nada puede decidirse sin el concurso de los fieles. Esto es lo que quiere decir el poder de atar y desatar de la comunidad de los discípulos, porque todos los bautizados somos discípulos. La jerarquía no gobierna excepto como un ministerio de servicio a nombre de la comunidad; según el concepto de la sinodalidad. Y claro, como dijo papa Francisco, nada puede darse tampoco sin el Espíritu Santo. De ahí la importancia del papel de la oración en las deliberaciones.
(4) Finalmente Mateo intercala en el pasaje del evangelio de hoy el pronunciamiento de Jesús que también circulaba oralmente entre los primeros cristianos: «Donde hayan dos o tres reunidos en mi nombre allí estaré yo presente con ustedes». Como apuntado tantas veces en estas reflexiones de cristiano, más de uno sólo reconoce a Jesús en la presencia en el pan eucarístico y en la adoración del Santísimo. Pero Jesús también está presente en la comunidad reunida para la oración, sin tener que esperar a que se dé el milagro de la transubstanciación. Dios también está en las Escrituras que son tan alimento celestial como el pan eucarístico. Cada cristiano también es templo del Espíritu Santo. Hemos de caer en cuenta de que Dios está más cerca de nosotros de lo que pensamos. «Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él.» (Juan 14,23)
El que a Dios tiene, no puede permanecer insensible al sufrimiento de los demás, aunque sean malvados que se perdieron por su maldad.
Invito a ver mis apuntes de años anteriores (oprimir sobre el año):

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