En el evangelio de hoy Jesús anima e instruye a sus discípulos al salir en misión. La primera lectura es del profeta Jeremías 20,10-13. Le tocó a este profeta denunciar la infidelidad (y la inmoralidad orgullosa) de Judá que llevaría a la ruina nacional con la invasión y deportación al exilio a manos de los babilonios. Sus profecías y sus denuncias provocaron gran hostilidad de los gobernantes y los poderosos, lo mismo que de una parte del pueblo. Así, el profeta dice, «Mis amigos acechaban mi traspié: «A ver si, engañado, lo sometemos y podemos vengarnos de él». Pero el Señor es mi fuerte defensor». Los impíos orgullosos no temen a Dios y persiguen al profeta y Jeremías invoca la ira de Dios sobre ellos, confiado en que Dios salvará al justo. La lectura termina diciendo, «Cantad al Señor, alabad al Señor, que libera la vida del pobre de las manos de gente perversa». Notar ese último versículo, que habla del «pobre», el anawim, el desamparado a quien Yahvé dis...
Carlos Ramos Mattei