En el evangelio de hoy Jesús aclara que su Reino no es de este mundo y esto confunde a Pedro.
La primera lectura es del profeta Jeremías 20,7-9. A Jeremías le tocó anunciar las calamidades que vendrían con el triunfo de los babilonios, la destrucción del templo y el Cautiverio al que serían llevados los judíos. Lo hizo en el momento en que los judíos se veían amenazados pero todavía no se había dado la catástrofe. Los líderes del pueblo esperaban poder evitarla y las profecías de Jeremías desmoralizaban al pueblo, de manera que el profeta era un problema político. De ahí que lo arrestaron, le dieron una paliza y lo metieron en un calabozo. La lectura de hoy corresponde a ese momento en que Jeremías se siente agobiado, porque ha respondido al llamado de Yahvé de anunciar la desgracia como castigo a las infidelidades del pueblo. Así protesta ante Dios por tener que cumplir ese papel tan ingrato en aquella historia. «Me sedujiste, Señor y me dejé seducir…he sido el hazmerreír…la palabra del Señor me ha servido de oprobio y desprecio». La queja de Jeremías recuerda a Job 3,3 que Jeremías repite unos versículos después del pasaje de esta primera lectura, «Maldito el día en que nací». Jeremías sintió que tenía que serle fiel a Dios y lo dice en la lectura de hoy, «había en mis entrañas como fuego…yo intentaba sofocarlo y no podía». Debía profetizar y lo hizo y entonces se vio atacado por los poderes establecidos.
Notar que Jeremías, igual que Job, se mantienen en su fidelidad a Dios, pero eso no quita que expresen su desespero o su estado de ánimo. Prefiguran los sufrimientos de Jesús, también a manos de las autoridades, por anunciar la verdad y revelar los designios de Dios. Es lo que veremos en el evangelio de hoy cuando Jesús le aclare a los discípulos que el anuncio del Reino también conllevará ser proscritos por las autoridades y por la incomprensión de la gente.
Los ultra derechistas evangélicos y católicos a veces se ven a sí mismos en estos términos, algo así como unos mártires por su testimonio de verdades que son eternas y que no cambian. Pero hay una diferencia entre ellos y Jeremías y Jesús.
Los ultra derechistas tienen unas agendas políticas y ni Jeremías, ni Jesús tenían agendas políticas y si su anuncio fue interpretado en términos políticos eso no tuvo que ver, ni con su intención, ni con la realidad.
Las verdades pueden ser eternas, pero se concretizan de modos específicos según los escenarios sociales e históricos. El cristianismo se concretizó en la Edad Media de un modo distinto al de los primeros tiempos (como en la primera comunidad de Jerusalén y las primeras comunidades de la diáspora judía). De la misma manera hay que leer los signos de los tiempos hoy día para conservar las verdades eternas del evangelio según el escenario de nuestro tiempo. Esto es lo que vemos en el Concilio Vaticano II bajo la inspiración del Espíritu Santo que ultra tradicionalistas como los de la Sociedad San Pío X no ven. No es lo mismo sufrir rechazo en defensa de presupuestos y conceptos románticos medievales que sufrir rechazo por anunciar el amor incondicional al prójimo como en la defensa de los migrantes. La «santa intransigencia» de los tradicionalistas no es santa, en realidad, ni es cristiana.
Respondemos a la primera lectura con el salmo 63(62): «Oh, Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti…Toda mi vida te bendeciré». Como Jeremías encontramos en Dios la plenitud de vida y por eso le alabamos a pesar de todos los problemas que esto pueda ocasionar.
La segunda lectura es de Romanos 12,1-2. San Pablo nos exhorta a hacer de nuestros cuerpos un sacrificio vivo y santo para Dios, sin amoldarnos a este mundo, sino transformándonos en nuestro espíritu —«en la renovación de la mente»— para vivir según la voluntad de Dios. Para eso hay que discernir esa voluntad divina, como dice también san Pablo para saber «lo que es bueno, lo que agrada, lo perfecto».
Para discernir lo que es bueno hay que ser humildes, que es lo que no son los intransigentes de las verdades eternas (los tradicionalistas). Al ser humildes dejamos a un lado la vanidad y el orgullo y vivimos la fe con temor y temblor, porque nadie es perfecto y nadie tiene un conocimiento perfecto como para juzgar perfectamente. «No juzguéis», nos dijo Jesús (Marcos 6,36-37).
Hacer de nuestros cuerpos un sacrificio vivo y santo para Dios es hacer lo mismo que Jeremías y Jesús, estar dispuestos a ir a la cárcel y sufrir vejaciones y burlas y hasta torturas y martirios al dar testimonio de la verdad, que no es una verdad filosófica medieval, sino Jesús, camino, verdad, vida; porque la verdad es dar la vida por los demás; porque Dios es amor y no hay verdad ni mandamiento más grande que dar la vida por amor al prójimo (Juan 15,13).
El evangelio de hoy continúa la lectura del evangelio del domingo pasado, en Mateo 16,21-27. Recordemos que los discípulos hablaban de cómo sería el Reino y qué papel le tocaría a cada uno en el Reino y de cómo Jesús le dice a Pedro que será el mayordomo real por haberle reconocido como el Mesías. Ahora en la continuación de aquella conversación Jesús les aclara que él, el Mesías, tendría que ser denunciado a los escribas y fariseos y tendría que sufrir y morir ejecutado. Entonces los discípulos se sentirán confundidos, como los de Emaús, que no podían concebir el martirio y muerte del Mesías como preludio a la llegada del Reino. Pedro una vez más es elocuente en su protesta de que eso no podía ser y Jesús lo increpa, lo regaña y entonces el evangelista pone en este lugar un dicho de Jesús que otros evangelistas ubican en otra ocasión: ««Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará». Y al final termina, «¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.».
De esa manera Mateo integra la anécdota de la confusión de los apóstoles ante el anuncio que hizo Jesús de su pasión y muerte y la aclaración post pascual de que Jesús resucitó y todavía volverá para el Juicio Final.
Notar que Mateo recuerda de Jesús el haber dicho que se le dará a cada uno según su conducta. Esto recuerda la otra cita de las palabras de Jesús según Mateo 7,21, «No todo el que me diga: "Señor, Señor", entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial». Alguien dirá si no es por la fe que nos salvamos. Correcto, nos salvamos por la fe, pero esa fe no ha de ser boca, sino por obras y según la verdad (1 Juan 3,18). Invito al lector a leer ese capítulo 7 de Mateo con esto en mente. Igual, ver Mateo 25 en que nos presenta el criterio de las obras al momento del Juicio Final.
No son sólo los tradicionalistas; a través de la historia para más de uno ser católico puede haber sido más importante que ser cristiano, o ser persona decente. Más de un católico tiene ceguera para ver lo que es ser un buen cristiano. El mismo Jesús según Mateo lo advierte en el capítulo 7,24 mencionado: «Muchos me dirán aquel Día: "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?" Y entonces les declararé: "¡Jamás os conocí; 'apartaos de mí, agentes de iniquidad!"' "Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca».
La misma dificultad que tuvieron los discípulos para visualizar la llegada del Reino —reino de amor y de justicia— y como Jeremías ver que esto también conlleva fuertes sacrificios es la que tiene más de un cristiano hoy (también en las iglesias separadas).
No es lo mismo decir que hay que cargar con la cruz para seguir a Jesús al modo de los fariseos, sintiéndose superiores sobre los demás, que decirlo de manera llana, sabiéndose uno mismo tan débil como el peor. No es lo mismo decirlo al modo fariseo, que al modo de Jesús.
Invito a ver mis apuntes de años anteriores (oprimir sobre el año):

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