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Domingo primero de Adviento, Ciclo A




Si tomamos el ciclo del año litúrgico como un todo, vemos que el círculo abre (Adviento) donde mismo cierra (Cristo Rey), con el tema de la Segunda Venida. 
En realidad eso es lo que vino a Jesús a anunciar desde un comienzo. Esa es la Buena Nueva: el Reino de Dios ya está con nosotros: "Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos." (Mateo 3,2)

La primera lectura para este domingo está tomada del libro del profeta Isaías 2,5ss.
En este pasaje el profeta anuncia los tiempos en que el reino de Israel será restaurado y Jerusalén llegará a ser la señora de las naciones. 
Esto sucederá al fin de los tiempos. «La Casa del Señor,» nos dice, «será afianzada sobre la cumbre de las montañas.» 
  • Desde tiempos remotos hubo la idea de que los dioses habitaban en lo alto de los montes.
    Los montes de Israel
     Los griegos ubicaban a sus dioses en lo alto del monte Olimpo, por ejemplo. 
    • A través de todo el Antiguo Testamento las divinidades habitaban en las montañas. 
      • Moisés se encontró la zarza ardiendo en la falda del monte Horeb, «la montaña de Dios» (Éxodo 3,2). 
        • El monte Horeb, por cierto, es hasta donde se llegó Elías huyendo de la reina Jezabel en I Reyes 19,8 –"Se levantó, comió y bebió, y con la fuerza de aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, el Horeb."
      • En el salmo 121 (120) encontramos: 

        Alzo mis ojos a los montes:
        ¿de dónde vendrá mi auxilio?
        121,2:
        Mi auxilio me viene de Yahveh,
        que hizo el cielo y la tierra.
    • Abrahán fue llamado a sacrificar a su hijo Isaac sobre un monte, también. Así sucesivamente. 
    • La «casa del Señor» será entonces el templo en Jerusalén, sobre el monte Sión, que será el más alto. Es otro modo de decir que Dios será soberano sobre todos los demás dioses. 
  • En el 720 aC (antes de Cristo) los asirios invadieron el territorio del Reino del Norte (el reino original de Israel) y lo borraron para siempre, lo sacaron de la Historia. 
    • Los israelitas que no perecieron salieron corriendo. Esto fue un gran golpe a la psiquis nacional. Era como tener que reconocer que Yahvé era un dios derrotado a manos de los dioses de los sirios. 
    • En aquel momento el reino del sur (Judá) se salvó por un pelo. 
    • Muchos sobrevivientes de la catástrofe del Reino del Norte vinieron a refugiarse en Jerusalén y sus alrededores. 
      • Cien años después de la destrucción del Reino del Norte, los babilonios conquistaron a los asirios y también a los judíos del Reino del Sur. Eso fue en el 598 aC. 
      • Sólo que en esa ocasión los judíos que entonces fueron deportados a Babilonia lograron mantener su identidad durante los años de cautiverio. 
      • De esa manera desarrollaron lo que luego será el culto de las sinagogas (a falta del templo). 
      • Y durante todo ese tiempo, como hasta el día hoy, mantuvieron la esperanza de que algún día se restauraría el templo. Así se confirmaría la grandeza y poder de Yahvé.
  • Esto es lo que expresa el profeta Isaías en esta primera lectura de hoy.
Pero el profeta dice más: «Sucederá al fin de los tiempos». Entonces será cuando se restaure el reino de Israel-Judá, la Casa del Señor. 
Pero el reinado de la Casa del Señor no será de violencia, ni una imposición indeseable. Será un reino de paz, al punto que los pueblos querrán venir a someterse al reino de Israel-Judá. «El Señor nos instruirá en sus caminos y caminaremos por sus sendas,» dice. 
Estatua frente a la ONU, donada por la Unión Soviética en 1959.
En ese momento la ley de Yahvé significará que ya no habrán guerras, ni será necesario que la juventud se prepare para la guerra. «Con sus espadas forjarán arados y [harán] podaderas con sus lanzas.» Y entonces termina, «Ven, casa de Jacob, y caminemos a la luz del Señor!».

El salmo responsorial corresponde al salmo 122 (121),1ss. Con estos versículos reaccionamos a la primera lectura. «¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la Casa del Señor!», cantamos.

La segunda lectura corresponde a la Carta de San Pablo a los Romanos 13,11-14. Siempre dentro del tema de hoy (el fin de los tiempos) San Pablo le recuerda a sus oyentes (las cartas eran para ser escuchadas) que el momento final está cada vez más cerca. 
Esto es como decir, ya el tren está a punto de partir. No es momento de andar perdidos por el andén, ni para estar pendiente de ir a comer, o de satisfacer «los deseos de la carne». En cualquier momento el tren se va, hay que estar listos, en posición de montarse en cuanto el tren empiece a moverse.
Es normal tener hambre y es legítimo y válido tratar de satisfacer el hambre. Sólo que eso hay que posponerlo, porque en cualquier momento hay que montarse en el tren, que se va. Algo así dice San Pablo. 

El evangelio está tomado de San Mateo 24,37-44. Jesús compara el fin del mundo con los días que precedieron el diluvio, en tiempos de Noé. 
«En los días que precedieron al diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta que Noé entró en el arca; y no sospechaban nada, hasta que llegó el diluvio y los arrastró a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre.»

En este caso la llegada del Hijo del Hombre sobre las nubes no parece ser el anuncio de la era mesiánica que escuchamos con la primera lectura del libro de Isaías. Aquí aparece asociada al diluvio universal de los tiempos de Noé. Allí estaba el arca, pero muy pocos se enteraron. Al no refugiarse en el arca, fueron arrastrados con la corriente del desastre.

Aquí hay un contraste con el anuncio del Reino al comienzo de Mateo (el evangelio que estaremos leyendo en este ciclo A), cuando Jesús sale a predicar por Galilea. Al comienzo de su predicación, Jesús anuncia la llegada del Reino como un anuncio de alegría. Copio la cita de Mateo 4,13ss directamente de la Biblia de Jerusalén, gracias al sitio del Testigo Fiel.


Y dejando Nazará, vino a residir en Cafarnaúm junto al mar, en el término de Zabulón y Neftalí;
º  
4,
14:
para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías:
º  
4,
15:
'¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, allende el Jordán, Galilea de los gentiles!'
º  
4,
16:
'El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en paraje de sombras de muerte una luz les ha amanecido.'
º  
4,
17:
Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: "Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado."
Hacia el final del evangelio de Mateo cambia el tono. Es lo que vemos en la lectura del evangelio de hoy. La llegada del Reino ya no es motivo de alegría, sino que está asociada al juicio contra los malvados. El Hijo del Hombre (Jesús) llegará para separar a los cabros de las ovejas. 
Esa es la separación que habrá: dos en el campo estarán laborando y uno será arrebatado y el otro se quedará. Es que uno estará preparado y el otro no. 
De ahí la predicación de la conversión de vida. De ahí la idea de prepararse, estar listo para la llegada del Hijo del Hombre. 
En ese contexto se puede leer la parábola de la higuera en Mateo 21,18:
Al amanecer, cuando volvía a la ciudad, sintió hambre;
º  
21,
19:
y viendo una higuera junto al camino, se acercó a ella, pero no encontró en ella más que hojas. Entonces le dice: "¡Que nunca jamás brote fruto de ti!" Y al momento se secó la higuera.


Las higueras pueden hundir sus raíces muy profundo.
En Lucas 13,6ss encontramos esta otra parábola que podría ser una versión de la anterior (no soy experto, es una opinión):
Les dijo esta parábola: "Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró.
º  
13,
7:
Dijo entonces al viñador: "Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?"
º  
13,
8:
Pero él le respondió: "Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono,
º  
13,
9:
por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas.""
Si fuere cierto que Lucas es posterior a Mateo, podríamos conjeturar que la parábola de la higuera a la que se concede un año para dar fruto correspondería al atrase de la Segunda Venida, de la vuelta de Jesús por la que rogaban los cristianos con el ¡Maranatá!, el ¡Ven Señor Jesús!
Como a la higuera, se nos concede todavía un tiempo para dar frutos. 
Uno puede preguntarse, ¿qué culpa tengo yo, si no doy frutos? Es que no nos toca a nosotros eso de asegurarse de dar frutos. Toca al Espíritu esa tarea. A nosotros nos toca ser dóciles y dejarnos llevar. Nos toca dejar que el hortelano cave y echo abono a nuestro alrededor. Con ese abono –esa fuerza del Espíritu– podemos dar frutos. Pero el logro es de Dios. 
Cuando veamos al Hijo del Hombre venir sobre las nubes, los cristianos no sentiremos miedo. Llega un cielo nuevo y una tierra nueva.

El lector puede ver también mis apuntes del 2014 sobre el tema de la conversión: Volver a convertirse
Ver también, del 2012, Otra vez Adviento.
También están mis apuntes del 2011, Adviento, preparación para la Navidad.
Luego, del 2009, Reflexión del primer domingo de Adviento.

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